La pasada semana bajaba por Sol después de terminar de trabajar y veía a un grupo de personas afincadas entre sillas de playa y sombrillas. Tenían un campamento montado. Les rodeaban planteos que había pegado al suelo y un altavoz reproducía gritos de bebé a los que les acompañaban varios muñecos de niños pequeños dorados en el suelo. Se sucedía la Concentración Permanente de las Escuelas Infantiles de la Comunidad de Madrid. Yo venía del trabajo de camarero en un hotel de cinco estrellas en Gran Vía. Veinticinco horas a la semana. Cobro más que una educadora infantil que se pasa treinta y ocho horas semanales cuidando, estimulando y educando a bebés y niños de entre cero y tres años. Es una locura, ¿no?
Os cuento datos: desde el 7 de abril, las educadoras del sector 0-3 años mantienen una huelga indefinida en toda la Comunidad de Madrid. El pasado 7 de septiembre, coincidiendo con el inicio del curso escolar y con el quinto mes de huelga, la Plataforma Laboral de Escuelas Infantiles (PLEI) y el sindicato CGT convocaron una concentración permanente con pernocta en la Puerta del Sol. Tres noches durmiendo en la calle, con esterillas y sillas plegables, para pedir algo que llevan cinco meses solicitando sin respuesta: que la Consejería de Educación y el Ayuntamiento se sienten a negociar.
Sus reivindicaciones no son un capricho: mejoras salariales, reducción de las ratios por aula y la implantación de la "pareja educativa", es decir, dos profesionales por clase en lugar de una. Hay educadores que están solos frente a veinte niños. Digamos que dos manos para cuarenta minimanos de minihumanos. No sé cómo erais vosotros de pequeños, pero a mí, mis padres me dicen que era un tormento al que no se le podía perder de vista. Imaginaos. En la Comunidad de Madrid, la ratio ordinaria es de una educadora por cada ocho bebés, y de una por cada catorce niños de uno a dos años. Cualquiera que haya estado a solas con un bebé sabe lo que significa multiplicar eso por ocho.
Más datitos con los que yo flipo: El salario base recogido en las tablas de las nuevas licitaciones públicas es de 1.245 euros mensuales en 2026 y subirá a 1.275 euros en 2027. Pero varias trabajadoras que llevan meses en huelga aseguran cobrar bastante menos: una de ellas, presente en la concentración de Sol, cifraba su sueldo actual en 1.080 euros al mes. Sea cual sea la cifra exacta, hablamos de sueldos que rondan el salario mínimo interprofesional a cambio de una jornada larga y de una responsabilidad enorme. ¡Están cuidando vidas! ¿Soy alarmista? Por supuesto, pero ¿por qué si a mí me dan válidos porque se me baja la tensión y solo estoy llevando bandejas, no quiero entenderme si, además, estoy escuchando gritos e intentando que doce infantes no se ahoguen con una pieza de Lego?
Por esto hacía la comparación en el primer párrafo, que no es una queja personal, sino una forma de medir la distancia: por menos horas, en un trabajo de atención al cliente en un hotel de lujo, se puede llegar a ingresar una cantidad similar a la de quien pasa el día entero sosteniendo el desarrollo de un bebé. Eso no dice nada malo de la hostelería. Dice mucho de cómo se está valorando el cuidado de la infancia.
Dicen las malas lenguas, que no serían tan malas, que nuestra capacidad cerebral se desarrolla en su mayoría en nuestros primeros años de vida y que este desarrollo tiene ligado muy íntimamente la calidad de las interacciones que tenemos y la calidad del entorno que nos rodea. De hecho, he buscado artículos por la World Wide Web; coincidiendo con este mismo inicio de curso, la Asociación Española de Pediatría y la Sociedad Española de Pediatría Social han pedido formalmente que se bajen las ratios en las escuelas infantiles, señalando que grupos más reducidos favorecen el neurodesarrollo, el bienestar emocional y el aprendizaje temprano de los más pequeños. Vamos, que lo que estas trabajadoras llevan cinco meses reclamando no es un capricho del gremio, es lo que la propia comunidad médica recomienda para el bienestar de la infancia.
Las educadoras lo dicen de forma más directa: sin un periodo de acogida bien acompañado, sin vínculo estable entre criatura y educadora, es difícil que ni las familias ni los niños se sientan seguros, además de con una plantilla desbordada, mal pagada y con rotación constante no se puede sostener ese vínculo.
Espero que, como muchos, yo siempre he pensado y compartido que la educación es uno de los trabajos más importantes que existen hoy en día. Lo digo desde mi propia experiencia: he tenido profesores lastimeros, con un trato que a veces me quitaba las ganas de volver al colegio al día siguiente, aunque fueran buenos en su materia. ¡No basta con saber una asignatura! Cuidar las mentes del futuro implica también el respeto y el cuidado con el que se nos trata cuando somos pequeños o adolescentes y estamos formándonos. Eso no se aprende en ningún temario, pero marca tanto o más que cualquier contenido y, por eso, creo que estas profesionales deberían estar valoradas al máximo, y sobre todo recompensadas económicamente a final de mes, de manera que puedan vivir tranquilas de su trabajo y que puedan levantarse e ir a trabajar pensando "esto me compensa", sin que sea solo vocación, sino también un sustento con el que se pueda vivir, y vivir a gusto.
Para ir cortando un poco, os doy unos últimos datillos: pese a que la petición de negociación se remonta a abril, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha respondido a las educadoras que no tiene "hueco" en su agenda para atenderlas. Cinco meses de huelga, tres noches durmiendo al raso en el centro de la capital, y la respuesta institucional se resume en esa palabra: hueco.
Es difícil no leer ahí una prioridad de fondo: se encuentra financiación, tiempo y atención mediática para determinados proyectos, y no se encuentra ni una mesa de negociación para quienes sostienen, literalmente con sus manos, el futuro de la región. Como anécdota, y solo como anécdota: al mismo tiempo que la concentración se sucedía en la Puerta del Sol, las pruebas de sonido de un espectáculo de bienvenida a la Fórmula 1 y al nuevo circuito Madring compartían el espacio. No hace falta sacar conclusiones grandilocuentes de esa coincidencia. Basta con dejarla ahí, al lado de los 1.080 euros al mes, para que cada cual decida qué le parece más importante cuidar.
Termino diciendo a todos los/las/les profes que todo el apoyo desde este artículo. Y, como no, a mis queridos amigues que os dedicáis a esto: ¡Solo siento orgullo de vosotros! OQM pico tres.
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