Si vives en este planeta habrás escuchado hablar de Off Campus, la hayas visto o no. Ahora bien, tanto si eres del primer grupo como del segundo, como si te gusta la serie o como si no, hay algo que es innegable y es que Off Campus ha logrado calar en la audiencia mostrando un tipo de chico que parece imposible de encontrar en la vida real. Y no, no estamos hablando del físico, aunque alguna persona también lo pensará.

En esta serie, basada en los libros del mismo nombre, nos encontramos con algo poco habitual en las películas o series de romance adolescente o juvenil. A priori parece que va a ser una serie repleta de clichés casposos que repite fórmulas de clásicos de los 90, pero, por suerte para las nuevas generaciones, transforma esas conductas manidas y tóxicas y saca a relucir un lado distinto tanto de los personajes femeninos como masculinos que ha marcado la diferencia. Las mujeres ya no tienen que ser natas competidoras y máximas rivales, y los hombres pueden dejar de lado su egoísmo clásico egocentrista para aprender a escuchar, comunicarse si miedo, mostrando vulnerabilidad y haciéndose responsables de manera conscientes de las consecuencias de sus actos. Lo nunca visto.

Estamos viviendo un nuevo despertar de comedias románticas y se nota que el público joven (y no tan joven) se lanza de cabeza a por ellas y las devora en cuestión de días. Pero, mientras que alguna serie pasan por anecdóticas de fama efímera, otras como Off Campus marcan un antes y un después. Y lo hace, no sólo por los récords de audiencia, sino porque cambia las reglas de juego. Porque transforma lo que siempre hemos visto y nos regala otras alternativas. Unas versiones más sanas y amables de personajes ficticios que amarías encontrar en la vida real.

Aunque el romance de Hannah y Garret comienza como un pacto de conveniencia, algo que no es nuevo y ya hemos visto antes en numerosas historias, lo suyo se muestra, desde el principio, como un lugar seguro donde ninguno de los dos pretende hacer sufrir al otro. De esta manera su relación, aunque al principio no sea romántica, se acaba convirtiendo ese lugar seguro en el que ambos pueden ser ellos mismos sin miedo a resultar heridos. Todo se basa en la escucha, en la empatía y en la confianza, y, al final, es inevitable que se acabe convirtiendo en amor. Algo que llama también la atención es que hay verdadera comunicación. El principal conflicto de muchas tramas adolescentes es la falta de la misma. Pero aquí ambos conversan sin tapujos sobre todo lo que les inquieta, preocupa y afecta. Y, en el caso de Garret, descubrimos algo que solemos ver más en los personajes femeninos y no tanto en los masculinos, y es que habla y se sincera con sus amigos pidiendo consejo de una manera natural y cercana.

En cuanto la relación de amistad entre las chicas, es una delicia ver que no existe esa absurda rivalidad femenina que siempre nos han querido vender. Aquí, además de escucharse y apoyarse de verdad mutuamente, los éxitos de ambas se celebran. Su amistad está de verdad en las buenas y en las malas, con todo lo que eso implica. Y en el caso de la agresión sexual de Hannah, la reacción de Allie es la que debe ser. Alguien que la escucha y valida lo que siente y que además no la presiona, aunque sepa que siempre que hablaban de “esa amiga” a la que le ocurrió aquello, Allie sabía que se trataba de Hannah.

No es necesario que esta serie te haya gustado para celebrar lo bonito que es que los referentes de los jóvenes estén cambiando.

En este nuevo episodio de Solas en casa, Alba Pino y Lidia Fernández Galiana hablan largo y tendido sobre el fenómeno Off Campus y el cambio que ha supuesto su puesta en escena para el futuro de las series juveniles románticas. ¡No te lo pierdas!

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