El 30 de septiembre de 1993 se estrenaba en cines Jurassic Park dejando a la crítica y a los espectadores con el culo pegado al asiento. En muy pocos minutos de metraje la narrativa de la película te envuelve y tú compras muy rápido la idea de que sí, es posible crear dinosaurios a raíz del ADN encontrado en un mosquito prehistórico. ¿Por qué no?
Le peli funciona a la perfección porque desde el segundo uno ya sabes que toda esa ilusión de un parque tipo safari de dinosaurios no va a salir bien. Y eso provoca que estés alerta incluso antes de que en verdad los personajes estén en peligro.
Esto nos lleva a hablar de Allan Grant (Sam Neill) y Ellie Sattler (Laura Dern), los protagonistas de esta historia que te hacen conectar con ese lado humano y racional de una trama bastante irreal de por sí. Él es un arqueólogo malhumorado y ella una arqueóloga bastante más positiva y optimista. Y aunque su relación de pareja no es realmente importante para la trama, por alguna razón, los dos funcionan a las mil maravillas. Eso sí, la entrada en escena Ian Malcolm (Jeff Goldblum) con su carácter ácido y divertido aporta el ingrediente perfecto para que ese dúo termine de funcionar por completo en pantalla, transformándose así en el trío perfecto. Por supuesto, añadir niños a la ecuación siempre hace subir el nivel del peligro, pero también de emoción. Por eso los nietos de John Hammond (Richard Attenborough), Lex (Ariana Richards) y Tim (Joseph Mazzello) son también una pieza fundamental para vivir con intensidad toda esta emocionante carreara de pura supervivencia.
Y aunque los fans de Parque Jurásico adoramos el conjunto de esas tres películas de los noventa (bueno, la segunda no tanto…), lo cierto es que Spielberg concibió la primera para que fuese una única película. A día de hoy estamos muy acostumbrados a ver grandes franquicias de películas (Marvel tiene un poco la culpa), pero por aquel entonces no era tan habitual. De hecho, la novela original (sí, Jurassi Park viene de un libro), escrita por Michael Crichton, termina de una forma cerrada sin dar mucho pie a una posible continuación. Pero el éxito incontrolable de la primera parte hizo que fuese inevitable decidir explotando a estos dinosaurios ficticios un poquito más.
Fue por la presión de los fans y del propio Steven Spielber que Michael Crichton acabó escribiendo una secuela llamada El mundo perdido (1995) y que inspiró al director para la segunda película Jurassic Park II (1997). Eso sí, para Jurassic Park III (2001) ya no había más libros en los que inspirarse y Universal se lanzó al vacío llegando a cambiar el guion en contadas ocasiones y comenzando a filmar sin tener un claro final en mente.
Sea como fuere, Jurassic Park llegó para quedarse y el T-Rex se convirtió, tal y como presagiaba la película, en una gran estrella.
En este nuevo episodio de Solas en casa, Alba Pino y Lidia Fernández Galiana hablan de la trilogía original de Jurassic Park rememorando lo mejor de cada una de las películas y contándonos curiosidades sobre las mismas. ¡No te lo puedes perder!