Netflix acaba de incorporar a su catálogo una de esas series pensadas para quienes prefieren una historia cerrada antes que embarcarse en temporadas interminables. El problema final tiene únicamente cuatro capítulos y recupera una de las fórmulas más reconocibles de la literatura de misterio. Un grupo de desconocidos atrapados en un lugar del que no pueden escapar, una muerte aparentemente inexplicable y un asesino que necesariamente se encuentra entre ellos.
La miniserie, disponible desde el 25 de septiembre, adapta la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte y coloca a José Coronado en un papel especialmente peculiar. Su personaje no es Sherlock Holmes, aunque durante buena parte de su vida fingió serlo. Benjamin Basil es un actor retirado que alcanzó la fama interpretando al detective creado por Arthur Conan Doyle en el cine y que ahora tendrá que utilizar fuera de la pantalla algunas de las habilidades que tantas veces representó delante de una cámara.
Un crimen en un hotel del que nadie puede salir
La historia traslada al espectador hasta la primavera de 1959. Trece personas quedan aisladas por un temporal en un pequeño hotel situado en un islote próximo a Mallorca. La situación, inicialmente incómoda pero poco más, cambia por completo cuando Elisa Mander, una turista británica, aparece muerta.
Todo apunta en un primer momento a un suicidio. Sin embargo, empiezan a surgir elementos que ponen en duda esa explicación y la posibilidad de que haya ocurrido un asesinato convierte al hotel en una suerte de tablero cerrado. Nadie puede llegar hasta el lugar y, sobre todo, nadie puede abandonarlo. El responsable tiene que estar allí.
Es entonces cuando entra en juego Basil. El personaje interpretado por Coronado se encuentra lejos de la gloria que conoció en otro tiempo y viaja a Mallorca intentando reactivar su carrera como actor. La muerte de una huésped termina empujándolo hacia una investigación para la que, aparentemente, solo está preparado por haber interpretado durante años a uno de los investigadores más famosos de la ficción.
El punto de partida juega así deliberadamente con la figura de Sherlock Holmes. Basil conoce sus métodos, su forma de observar y la lógica deductiva que utilizaba su personaje, pero no es realmente un detective. La serie convierte esa frontera entre interpretación y realidad en una de las particularidades de su protagonista.
Cuatro capítulos que no llegan a las tres horas
Uno de los principales reclamos de El problema final está también en su duración. Netflix la presenta como una miniserie cerrada de cuatro episodios, con capítulos de 57, 35, 42 y 48 minutos respectivamente. En total, la historia puede verse en algo más de tres horas, una extensión mucho más cercana a una película larga que a las temporadas habituales de muchas producciones televisivas.
El primer episodio introduce a Benjamin Basil y el viaje que le lleva hasta Mallorca. La investigación irá estrechando posteriormente el círculo alrededor de los huéspedes mientras aparecen nuevas pistas y las sospechas se desplazan entre los distintos personajes.
La serie apuesta por lo que suele denominarse un misterio de habitación cerrada, aunque en este caso esa habitación es prácticamente una isla entera. El aislamiento elimina la posibilidad de un culpable exterior y obliga tanto a los personajes como al espectador a mirar una y otra vez hacia el mismo grupo de sospechosos.
El esquema conecta inevitablemente con la tradición de Agatha Christie y con películas en las que una localización reducida funciona como escenario para enfrentar a personajes que ocultan algo. La propia adaptación busca, además, reproducir visualmente el ambiente de determinados clásicos del cine de misterio y del Hollywood de mediados del siglo XX.
Un reparto lleno de rostros conocidos
Coronado no está solo al frente del misterio. María Valverde interpreta a Adela Figueroa, una joven huésped que llega al hotel acompañada de una amiga, mientras que Martiño Rivas da vida a Foxá, un escritor de novelas de suspense que termina participando en la investigación.
Maribel Verdú interpreta a la señora Ausländer, responsable del hotel donde sucede el crimen. El reparto se completa con Gonzalo de Castro, Cristina Kovani, José Condessa y Pepón Nieto, entre otros intérpretes.
La dirección corre a cargo de Félix Viscarret, mientras que Alberto Macías, Carlos Molinero y Marisol Farré firman los guiones. Detrás de la producción se encuentra Mod Producciones y Fernando Bovaira figura como productor.
De Pérez-Reverte a Netflix
La serie parte de El problema final, la novela que Pérez-Reverte publicó en 2023 y en la que el escritor recuperaba conscientemente los mecanismos del relato detectivesco tradicional.
Netflix encuadra la producción dentro del thriller, el misterio y el drama de época. Más allá de averiguar quién cometió el crimen, la historia se apoya en los secretos que esconden las personas atrapadas en el hotel y en el progresivo deterioro de la confianza entre ellas.
Eso permite a El problema final alejarse de la estructura habitual de algunas series criminales contemporáneas. Aquí no hay grandes investigaciones policiales, laboratorios forenses ni persecuciones. Hay un hotel, trece personas que no pueden marcharse y una pregunta que empieza a recorrer sus pasillos: si nadie ha podido entrar ni salir, ¿quién de ellos ha matado a Elisa Mander?
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