Las visitas al plató de La Revuelta rara vez siguen el guion previsto. Este miércoles, Maribel Verdú y Sofía Otero acudían al teatro de la Gran Vía para presentar Bajo tus pies, el nuevo thriller de terror que ambas protagonizan y que llega a los cines este viernes. Sin embargo, lo que prometía ser una clásica ronda de promoción cinematográfica entre anécdotas de rodaje, terminó derivando en una surrealista confesión sobre los límites personales de la actriz madrileña.

El caos controlado que caracteriza al formato de TVE se topó de frente con una barrera infranqueable cuando la conversación se desvió hacia el verdadero punto débil de Verdú: las mandarinas. Lo que en un principio parecía una simple manía cotidiana no tardó en revelarse como una aversión visceral que estuvo a punto de hacerle abandonar su silla en el escenario.

Fiel a su estilo, David Broncano intentó estirar la anécdota y jugar con la incomodidad de la invitada. Pero Verdú, demostrando por qué es una de las grandes figuras de nuestro cine, no dudó en frenar en seco la dinámica del late night. Ante la insistencia del presentador y la mera posibilidad de que acercaran el temido cítrico a la mesa, la ganadora de dos premios Goya cortó de raíz cualquier intento de broma con una advertencia tajante: "Me tengo que ir, puedo vomitar". La actriz explicó que no se trata de un simple capricho, sino que el fuerte olor de esta fruta y el acto de pelar una mandarina le generan un rechazo físico incontrolable.

Pero las mandarinas no son el único tema que saca de quicio a Maribel Verdú. La actriz demostró que tiene una lista muy particular de "líneas rojas", y la moda masculina ocupa un lugar destacado en ella. Durante la entrevista, Broncano le preguntó cuál consideraba que era el mayor error estilístico que se podía cometer, y la respuesta de la madrileña no se hizo esperar: "A mí me espeluznan los hombres con esas bermudas llenas de bolsillos por aquí, que parecen todos retacos". 

La intérprete se mostró tajante en su cruzada contra los pantalones cortos masculinos, asegurando que es una prenda "tan difícil de llevar" que debería ir "siempre por encima de la rodillita". Sin embargo, el debate estilístico lo zanjó de forma magistral la joven Sofía Otero, quien, con una madurez que arrancó los aplausos del teatro, recordó: "Que cada uno, vamos, se vista como quiera". Una intervención que Verdú aplaudió, aunque sin renunciar a su derecho a que, personalmente, le sigan "espeluznando".

Una vez pasado el "susto", este peculiar encontronazo sirvió como puente para que la intérprete se relajara y compartiera otros detalles igual de llamativos sobre sus rutinas de alimentación. Lejos de los menús estrictos y llenos de verde que a menudo se asocian al mundo de la interpretación para mantenerse en forma, Verdú desmontó el mito de las dietas perfectas y confesó que su relación con esta familia de alimentos es prácticamente nula. "No como fruta, no me gusta", admitió con total naturalidad frente a las cámaras y ante la sorpresa de Sofía Otero y del propio presentador. De hecho, la protagonista de El laberinto del fauno quiso puntualizar que su rechazo es casi absoluto, revelando la única y curiosa excepción que se permite incluir en su día a día: "Uvas congeladas es lo único que tomo". Un hábito muy específico que generó tantas risas en el patio de butacas como su pánico a las mandarinas.

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