Confieso que tenía un plan perfecto. Sofá, aire acondicionado, algo de picoteo y muchas horas por delante para sumergirme de lleno en la tercera temporada de La Casa del Dragón. Uno de esos fines de semana diseñados para desaparecer del mundo real y reaparecer cuando los créditos finales anuncian que has terminado una temporada completa. El problema es que HBO parece haberse propuesto impedirme este tipo de placeres.

No es la primera vez que lo hace. Ya ocurrió con Euphoria, una de esas series que generaba conversaciones infinitas cada lunes porque nadie podía ver más allá del capítulo disponible. Ahora vuelve a suceder con los dragones, las conspiraciones y las guerras familiares de Poniente. Un episodio por semana. Uno. Siete días de espera. Otra vez.

Y ahí aparece el eterno dilema del espectador moderno: ¿empiezo a verla ahora y sufro la agonía semanal o espero pacientemente a que la temporada esté completa para hacer el maratón que realmente quiero?

Durante años, las plataformas nos acostumbraron a la gratificación instantánea. Netflix popularizó una nueva forma de consumir ficción; temporadas completas disponibles desde el minuto uno. De repente, era posible ver ocho, diez o incluso doce capítulos en apenas un fin de semana. Nació el famoso binge-watching, una expresión elegante para describir algo que antes llamábamos simplemente "pasarse horas viendo la televisión".

Aquello parecía el futuro definitivo. ¿Quién iba a querer esperar una semana cuando podía seguir viendo el siguiente episodio con solo pulsar un botón?

Las plataformas descubrieron que el modelo semanal tenía ventajas que iban mucho más allá de la nostalgia televisiva. No solo mantenía a los usuarios suscritos durante más tiempo. También convertía cada episodio en un acontecimiento.

Pensemos en algunos de los mayores fenómenos recientes. SuccessionThe White LotusThe Last of Us. La propia La Casa del Dragón. Todas ellas compartían una característica fundamental, obligaban al público a esperar.

Cuando una serie se estrena de golpe, las redes sociales se convierten en un campo de minas. Hay espectadores que terminan la temporada en una noche, otros tardan una semana y algunos necesitan un mes. Comentarla se vuelve complicado porque nadie va al mismo ritmo. El miedo a los spoilers se convierte en el verdadero protagonista.

Con el estreno semanal sucede justo lo contrario. Todo el mundo habla del mismo capítulo. Se analizan teorías. Se buscan pistas ocultas. Se especula sobre lo que vendrá después. Durante siete días, el episodio sigue vivo.

Y, aunque me cueste reconocerlo mientras espero el siguiente episodio de La Casa del Dragón, hay algo profundamente divertido en esa dinámica. Porque sí, el modelo semanal tiene un componente casi perverso. Te deja la miel en los labios constantemente. Cuando la historia empieza a despegar, aparecen los créditos. Cuando se revela un secreto importante, toca esperar siete días. Cuando un personaje parece estar a punto de hacer algo memorable, HBO te recuerda que el calendario existe.

Es frustrante. Pero también es eficaz. Aunque, seamos sinceros, el problema es que la paciencia nunca ha sido precisamente la virtud favorita de internet.

Por eso la duda sigue acompañándome cada vez que se estrena una nueva temporada. ¿Espero? ¿Resisto? ¿Silencio las redes sociales durante dos meses y luego me doy el atracón definitivo? ¿O acepto el juego que proponen las plataformas y disfruto de la experiencia colectiva semana a semana?

Por supuesto, seguiré protestando cada vez que HBO me obligue a esperar una semana para saber qué ocurre después. Seguiré diciendo que preferiría tener todos los episodios disponibles desde el primer día. Seguiré soñando con esos maratones imposibles que convierten una tarde cualquiera en una aventura épica.

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