Las pinturas negras de Goya nacieron desde el desencanto, la oscuridad y la necesidad de expresarse lejos de cualquier mirada pública. A Sule B le ocurrió algo parecido con Pinturas Negras. El rapero madrileño construye junto a Mumbai Moon un disco atravesado por la intimidad, el desgaste personal, la familia, la muerte y una mirada crítica hacia la industria musical actual. Desde el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, ambos desgranan el proceso detrás de uno de los trabajos más personales de su carrera, un álbum en el que el piano, los relojes, la amistad y las heridas acumuladas durante años terminan formando parte de una misma atmósfera.
Pregunta: ¿Por qué las Pinturas Negras de Goya?
Respuesta: En la parte final del proceso de construcción del disco, cuando ya tenía el conjunto de canciones bastante definido, me di cuenta de que existía cierto paralelismo entre el disco y las pinturas negras de Goya. Ese paralelismo aparece en varios aspectos. El primero es la oscuridad. Pero además hay otro punto importante: muchas de estas canciones nacieron sin un objetivo concreto. Las hice para disfrutarlas yo, sin pensar en que formasen parte de un disco ni en que terminaran expuestas al público. Ahí es donde encuentro otra conexión con las pinturas negras de Goya. Eran obras creadas desde un lugar muy íntimo, sin una intención clara de exhibición. Y con estas canciones me pasó algo parecido.
P: Hace una década, lanzaste Neo Noir, otro álbum en el que la oscuridad juega un papel fundamental.
R: Precisamente, otro de los paralelismos tiene que ver con el final de un ciclo que empezó con Neo Noir. Fue el comienzo a la hora de dibujar un universo muy centrado en elementos como el cine, la pintura o el arte en general. Con el tiempo, todo eso me fue llevando por un camino que también sentía que, en algún momento, tenía que cerrarse. Ahí veo una relación directa con la etapa en la que Goya pintó sus pinturas negras. Era un momento de mucho desencanto, de hastío con la sociedad y con la situación del país. Además, venía de atravesar procesos muy duros, incluida la enfermedad que terminó provocándole la sordera. Yo, por suerte, no he pasado por nada así a nivel físico, pero sí he vivido momentos complicados relacionados con mi carrera musical. Y creo que existe cierta similitud entre esa etapa final de Goya y el momento en el que he hecho este disco. Los dos parten de un lugar oscuro, de desgaste y de necesidad de cerrar una etapa artística y personal. Tampoco quiero que esto se entienda de una manera pretenciosa. Evidentemente, yo no soy Goya ni estoy en ese lugar de figura consagrada. Sigo en pleno proceso y mi arte es mucho más terrenal, más cercano a la calle y a un público concreto. Mientras que Goya trabajaba para la élite de su época, yo siento que mi posición dentro de ese universo está mucho más cerca de algo accesible y cotidiano. El otro día pensaba en la colaboración entre Audemars Piguet y Swatch y me hizo gracia verlo así: Goya sería Audemars Piguet y yo soy más bien Swatch. Al final, se trata de acercar ciertas referencias artísticas a un lugar más cercano y popular.
P: En el disco hay también mucha crítica a la industria musical.
R: La industria, tal y como la veo ahora, ha perdido parte de la esencia que tenía cuando empecé. También han cambiado mucho las pretensiones de la gente joven que empieza a hacer música. Nosotros comenzamos en 2012, en el YouTube más primitivo, y lo entendíamos simplemente como una herramienta para enseñar nuestra música y llegar a más gente. Ni siquiera pensábamos en ganar dinero con ello. Hoy el panorama es completamente distinto. El hip hop, o lo que ahora llaman “urbano”, se ha vuelto algo totalmente generalista. Y desde fuera, observando un poco cómo funciona todo, tengo la sensación de que muchas inquietudes están más relacionadas con el marketing, la exposición pública o los números que con el arte en sí. A mí siempre me ha movido hacer canciones que yo quisiera escuchar. Nunca haría música pensando únicamente en funcionar. Y creo que ahí está una de las grandes diferencias. Cuando nosotros empezábamos también había interés, claro, pero era un interés artístico. Colaborábamos con gente porque nos gustaba lo que hacía o porque había una conexión real, no porque pudiera darnos más visibilidad o más números. Las prioridades eran otras. Lo importante era mejorar la obra final y rodearte de artistas con los que existiera un feeling creativo, más allá de lo económico o lo material.
P: Otra figura que aparece en Pinturas Negras y ayuda a la construcción de la atmósfera oscura es la muerte.
R: La muerte es algo que está muy presente en la vida de casi todo el mundo, aunque muchas veces intentemos apartarla. Forma parte de nuestro día a día y, culturalmente, la vivimos desde un lugar muy ligado a la oscuridad, al dolor y a la pena. Pero últimamente también me estoy dando cuenta de que, cuando llega ese momento, quizá es más importante celebrar lo vivido que lamentar únicamente la pérdida. Siempre he tenido sentimientos encontrados con este tema. Las muertes cercanas me han afectado muchísimo y durante una época también tuve mucho miedo a mi propia muerte. Con el tiempo he entendido que, en realidad, el miedo no debería estar tanto en lo que nos pasa a nosotros, sino en la gente que dejamos atrás. Y eso es algo que ahora siento todavía más desde que he sido padre. Si hoy le tengo miedo a la muerte, es precisamente por eso: por pensar en dejar a una hija sin su padre.
P: También hablas del diablo y la maldad.
R: La maldad está en todas partes, aunque también pienso que las personas, de base, somos buenas. Otra cosa es que existan determinadas personas con una maldad muy interiorizada o que el propio entorno y la sociedad terminen contaminándonos. Muchas veces esa maldad aparece en cosas cotidianas, en pequeños gestos o dinámicas que acabamos normalizando. Pero donde más la percibo hoy en día es en cómo los grandes poderes económicos y políticos manipulan a la gente y generan enfrentamientos entre personas que realmente no tendrían por qué estar peleadas. Eso ha existido siempre, pero creo que ahora vivimos un momento especialmente delicado por las herramientas que utilizan para reforzar esa polarización. Las redes sociales son el ejemplo más claro. Si consumes constantemente contenido que confirma tus ideas o alimenta tu rechazo hacia otros, el algoritmo te devuelve más de lo mismo y acabas entrando en un bucle que refuerza tus propios sesgos. Ahí es donde más veo esa idea del “diablo” hoy en día: en la manipulación, en cómo consiguen enfrentarnos entre nosotros cuando, en realidad, muchas veces compartimos los mismos problemas.
P: Toda esa oscuridad está atravesada por un rayo de luz: tu familia,
R: Mi familia siempre ha estado muy presente en mis discos porque, al final, son la pieza central de mi vida. Mis padres, mi hermana, mi sobrina, mi mujer y mis hijas son la base que me ha construido como persona. Es el lugar donde dejo todo lo de fuera y donde realmente soy yo mismo. En Carta a mis hijas quise dar un paso más hacia esa desnudez artística y enseñar cómo soy en mi intimidad. Abrir una pequeña ventana a lo que pasa dentro de mi casa. También creo que sin una familia detrás que te sostenga sería imposible hacer muchas de las cosas que he hecho. Sule B es, en gran parte, el resultado de todo lo que me ha dado mi familia. Voy a estar eternamente agradecido a mis padres, a mi mujer y a mis hijas porque son quienes realmente me dan equilibrio y sentido. Hay momentos felices como subir a un escenario y ver a la gente cantar tus canciones, claro, pero la felicidad permanente está en otro sitio. Está en cosas tan simples como mirar una foto de tu hija y sentir que quieres a alguien de una manera que te cambia por completo. Ser padre me ha cambiado la forma de entender la vida, de relacionarme con los demás y hasta de tratar a mi entorno más cercano. Ha sido un punto de inflexión absoluto.
El productor Mumbai Moon y su papel en Pinturas Negras
El otro 50% de Pinturas Negras es Mumbai Moon. El productor lleva años trabajando junto con Sule B y es una parte indispensable en la construcción de las atmósferas sonoras del rapero.
Pregunta: ¿Cómo ha sido el reencuentro con Sule B?
Respuesta: Muy bien, la verdad. Llevábamos casi dos años sin hacer prácticamente nada. La ultima vez fue para Benzo La Joya. Aquel disco fue un proceso bastante largo porque implicó una búsqueda diferente y un cambio importante a nivel de sonido y de estilo. Después de tomarnos un tiempo y darnos algo de espacio, volvimos a trabajar a partir de esta nueva idea que traía Sule. Y desde ahí hemos ido construyendo todo lo que ha terminado siendo el disco.
P: ¿Qué tal para entrar en el concepto de Pinturas Negras?
R: Ha sido el proceso más sencillo y fluido que hemos tenido entre todos los proyectos que hemos hecho juntos. Todo salió de una manera muy natural, sin necesidad de darle demasiadas vueltas a las cosas ni estar constantemente revisando lo anterior. Simplemente fuimos avanzando. Además, también había una forma nueva de trabajar que no habíamos probado antes. Cada disco que hacemos acaba encontrando su propia fórmula y, en este caso, sentimos que todo funcionó de una manera especialmente orgánica. Además, no he trabajado solo en este disco. También ha habido gente muy importante alrededor ayudándonos a construir este nuevo camino de Sule. Adrián, por ejemplo, ha sido una pieza clave. Es un pianista con el que hemos trabajado mucho y que ha aportado muchísimo a nivel musical y creativo. Entre los tres fuimos buscando el color que quería tener el disco, probando sonidos y trabajando especialmente alrededor del piano, que tiene mucha presencia en el proyecto. Al final, queríamos apoyarnos en un sonido tan clásico y emocional como ese para construir toda la atmósfera del álbum.
P: ¿Qué os pasa con los relojes?
R: Sule y yo compartimos muchísimo esa afición. De hecho, muchas veces hablamos más de relojes que de música. Es algo que ha estado muy presente durante todo el proceso del disco. En prácticamente cada sesión acabábamos comentando algo relacionado con ese mundo y Sule también ha dejado varias referencias dentro de las canciones. Incluso llegamos a grabar sonidos de algunos de sus relojes para integrarlos en la producción del álbum. Al final, también ha sido una manera de rendir homenaje a una afición que compartimos y que forma parte de nuestro día a día.
P: ¿Qué habéis aprendido el uno del otro?
R: Personalmente, creo que he evolucionado muchísimo desde que conocí a Sule hace ya casi ocho años. Los dos hemos crecido tanto a nivel personal como profesional y eso también se ha reflejado en nuestra amistad. Ha habido momentos mejores y peores, claro, pero siempre hemos acabado saliendo adelante y la música ha sido lo que más nos ha unido. De hecho, creo que nuestros discos reflejan muy bien la relación que tenemos. Si no existiera esa amistad real, sería imposible haber construido tantos proyectos juntos. Además, Sule siempre me ha dado un lugar muy importante dentro de sus discos. Me ha permitido estar ahí casi como un artista más y me ha dado una visibilidad que no siempre recibe la figura del productor. Llevo muchos años trabajando con él y siempre ha tenido claro que mi nombre debía estar a su lado dentro del proyecto. Y eso es algo que valoro muchísimo.
P: ¿No es habitual lo de dar el espacio que se merece al productor?
R: No es tan habitual que se reconozca así la figura del productor, así que poder vivirlo de esta manera se agradece muchísimo. Creo que todos los productores valoramos que se reconozca nuestro trabajo también desde un lugar artístico, porque al final nosotros también hacemos música y aportamos al proyecto desde otra perspectiva creativa.
P: ¿Cuál ha sido el mayor reto al que os habéis enfrentado?
R: Quizá hace tres años, con el disco anterior, sí tuvimos momentos de bloqueo. Hubo varios parones en los que no sabíamos muy bien hacia dónde tirar e incluso llegamos a plantearnos dejar el proyecto. Pero esta vez ha sido completamente distinto. El hecho de habernos dado un tiempo sin trabajar juntos, simplemente hablando y compartiendo otras cosas fuera de la música, hizo que volviéramos con otra energía. Y eso se ha notado muchísimo en el proceso. Todo ha fluido de una manera muy natural, sin atascos ni dudas constantes. Han sido ocho meses de trabajar muchísimo, pero también el disco más fluido que hemos hecho juntos. Todo salió bien: las colaboraciones, el trabajo con los técnicos y los ingenieros… También creo que ahí se nota la experiencia y la confianza que ganas después de tantos años haciendo música con la misma persona.
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