Mayte Magdalena (Madrid, 1961) vuelve a las librerías con ‘Vientos de ira’ (NdeNovela) en la que retoma la historia de algunos de los personajes de su anterior novela ‘Zapatos de lluvia’, con la que se convirtió en un fenómeno de ventas. Si la primera estaba inspirada en la vida de su abuela y esas mujeres que nacieron a principios de siglo que tuvieron que enfrentarse a una guerra, ahora es la siguiente generación, la de su padre, la que focaliza el nuevo relato, el de los hombres y, sobre todo, de las mujeres que vivieron la posguerra.

“En mis libros hay mujeres de andar por casa, mujeres corrientes, anónimas, que eran auténticas heroínas de las que se habla muy poco. En la posguerra fueron el sostén de las familias, salieron adelante rodeadas de ausencias, ya que muchos maridos, padres o hijos jamás volvieron de la guerra. Tuvieron una capacidad de resiliencia impresionante”, nos explica la autora en una entrevista.

A lo largo de nuestro encuentro insiste en que no ha querido entrar en polarizaciones, solo contar lo que supone una guerra y una posguerra para la gente de a pie, algo que las nuevas generaciones no han vivido, afortunadamente, pero ve muy necesario que conozcan. “En España se ha vivido durante muchísimos años con rencor, unos por unas cosas y otros por otras, los vencedores tuvieron la posibilidad de hacer las cosas bien y las hicieron mal. Es una estupidez porque el rencor de los vencidos se amplifica” nos comenta.

Cuando le preguntamos por la idealización del franquismo entre los jóvenes, un fenómeno que va en ascenso según diversos estudios, contesta rotunda: “Eso se llama moda”. En cualquier caso, recuerda que en aquella época el modelo de mujer era el ideario de Pilar Primo de Rivera, que había una ley de vagos y maleantes y que nuestras abuelas no podían trabajar sin permiso o abrirse una cuenta bancaria.

Portada Vientos de ira, de Mayte Magdalena

Mayte Magdalena, licenciada en Pedagogía e Historia del Arte y Diplomada en Magisterio, se ha dedicado toda su vida profesional a la docencia. Nos confiesa que siempre ha escrito, pero lo hacía para ella. Tras su jubilación vivió un “año horribilis” y la escritura la salvó. Se recluyó en su tierra de adopción, Pilar de la Horadada, en Alicante, y de aquel encierro salió su ópera prima. Nunca pensó en publicarla, pero unas navidades su pareja le hizo el regalo más inesperado que ha cambiado su vida. Ella pensó que era un “roñoso” porque solo le había regalado un libro, pero escondía un sobre para la autopublicación de ‘Zapatos de lluvia’. Ahí empezó una nueva vida para ella.

Entrevista con Mayte Magdalena: "Quiero que mis nietos sepan lo que ocurrió en la guerra y la posguerra"

P.- ¿Cuándo empezaste a escribir?
R.- He escrito desde siempre: sentimientos, historias inventadas a partir de cosas que veo, pero nunca con intención de que se publicara. Pasé un año horribilis, como yo digo, cuando todos los astros se conjuran para que todo salga mal, entre otras cosas, la muerte de mi madre. Me encerré en mi casa de Alicante y pasé el duelo escribiendo. De ahí salió mi primera novela, un relato sobre mi abuela. No fue una persona ni cercana ni cariñosa, tampoco con mi madre. Descubrí todo un mundo de mujeres nacidas a principios de siglo con unas vidas marcadas por circunstancias que ni les iban ni les venían. Conseguí reconciliarme con esa figura.

En Navidad mi pareja me regaló un libro y pensé que era una roñería, pero tenía un sobre para la autopublicación

P.- Al final la autopublicaste, ¿cómo fue ese proceso?
R.- Fue muy gracioso. Yo no tenía más aspiraciones que escribir y guardar mis novelas en mi ordenador. Entonces mi hija se va de viaje y dice: 'Mamá, ¿tienes algo para leer?' Le dije de broma que leyera lo que yo había escrito, hice fotocopias le puse un canutillo y se lo llevó. Me llamó y me dijo: 'Es una obra de arte. A mí me ha encantado. Esto tienes que publicarlo'. En Navidad Manolo, mi pareja, me regaló un libro de la saga de las siete hermanas de Lucinda Riley, ni siquiera el primero, y pensé que era una roñería, pero tenía un sobre dentro con los detalles para la autopublicación.

Y así fue, yo misma me encargué de la promoción, me acogió muy bien la librería Bravo de Fuenlabrada, donde su librera la recomendó a mucha gente, entre ellos a Juan Tranche. A los tres meses me llamó Planeta. 

P.- ‘Vientos de ira’ también parte de una experiencia personal
R.- Parte de la historia de mi padre, algo muy trágico, pero él nunca lo contó desde ese punto de vista. Era un hombre bastante simpático, que cruzó los Pirineos al finalizar la Guerra Civil rumbo a Francia cuando apenas tenía 7 años. A partir de ahí, inventé una historia sobre el exilio.

Cuando caminaban por los Pirineos había ancianos que se tiraban por los barrancos

P.- ¿Qué tipo de cosas os contaba?
R.- Cuando éramos pequeños, sobre todo cuando nos quejábamos de la comida, nos contaba lo que él vivió cuando era un niño hambriento, pero como si estuviera viviendo una aventura. Ya de mayor, enfermo en el hospital, hablaba con más seriedad, pero nunca compadeciéndose de sí mismo. Lo peor que contó es que, cuando caminaban por los Pirineos había ancianos que se tiraban por los barrancos porque no querían ralentizar la marcha de sus familias o por pura desesperación. Es terrible. 

En mis libros hay mujeres de andar por casa, mujeres corrientes, anónimas, que eran auténticas heroínas

P.- Tus novelas están llenas de mujeres fuertes de épocas distintas,
R.- En 'Zapatos de lluvia' me interesó dar voz a mujeres que nacieron a principios del siglo XX. Con las que hablé en su momento me dijeron: 'Mira, Maite, cuando quisimos hablar no podíamos y cuando podemos hablar a nadie les interesa porque somos muy viejas'. En mis libros hay mujeres de andar por casa, mujeres corrientes, anónimas, que eran auténticas heroínas de las que se habla muy poco. En la posguerra fueron el sostén de las familias, salieron adelante rodeadas de ausencias, ya que muchos maridos, padres o hijos jamás volvieron de la guerra. Tuvieron una capacidad de resiliencia impresionante. También he querido reflejar la solidaridad entre ellas. 

Es importante tener memoria, no desde un punto de vista político ni rencoroso, ni de la guerra, sino para que no se repita

P.- ¿Ese trato edadista hacia las mujeres sigue pasando?
R.- Hay edadismo con hombres y con mujeres. Cuando vas al médico no tardan en decir: 'cosas de la edad', por ejemplo. Aunque en aquellos tiempos, en el caso concreto de las mujeres, multiplícalo por 1.000. Una vez, digamos, se estabilizó la situación en España tras la guerra, las volvieron a recluir en sus casas para ejercer el papel de madres y cuidar de su esposo. El ideario de mujer era Pilar Primo de Rivera, que diseñó la tipología de mujer. 

Creo que es importante tener memoria, no desde un punto de vista político ni rencoroso, ni de la guerra, sino para que no se repita. 

 ¿Nostalgia del franquismo entre los jóvenes? "Eso se llama moda"

P.- Sin embargo, sube la percepción de los jóvenes de ahora, que piensan que con el franquismo se vivía mejor. 
R.- Eso se llama moda. En la adolescencia la pertenencia al grupo es algo fundamental. ¿Qué ocurre? Si un influencer o el líder de mi clase dice algo, los que están alrededor se unen y lo toman como una verdad. A ese niño que llega a casa y dice: 'Con Franco se vivía mejor', no hay que gritarle, pero sí explicarle que su abuela, con Franco, no podía tener una cuenta bancaria o trabajar, que existía una ley de maleantes y vagos, etc. Cuando sepas el alcance de todo esto, ya decides tú lo que quieras. 

P.- Según el ideario de Pilar Primo de Rivera, que has mencionado antes, todas las mujeres de hoy en día estaríamos en un centro del Patronato de Mujeres.
R.- Todas. Pero con esta historia, yo no quería entrar en polarizaciones ni en nada de ese tipo. Mi objetivo es mostrar una historia que sale de mi familia, a la que he dado forma desde mi sentimiento. Lo que tenían que contar esas mujeres es importante, son el testimonio de lo que significa una guerra y una posguerra. 

P.- Las personas que vivieron ese periodo negro de la historia de España mantuvieron silencio sobre lo que ocurrió. Mis abuelos, por ejemplo, no hablaban de ello. ¿Te costó que te contaran sus experiencias?
R.- Nadie quería volver atrás a esos recuerdos tan tristes y desagradables. Lo conseguí porque no les preguntaba directamente por la guerra. Les pedía que hablaran de su juventud y ahí ya empezaban. 

Mi madre siempre nos dijo a mi hermana y a mí: 'Jamás dependáis de un hombre. Tened vuestro trabajo'

P.- ¿Qué crees que te hubiera dicho tu padre de esta novela?

R.- Mi padre se hubiera sentido muy orgulloso. Además, yo era la niña de sus ojos. Mis padres siempre se alegraban de cualquier logro que tuviéramos. Para ellos lo más importante era que estudiáramos, mi madre, a pesar de que tenía ese sesgo machista de la época, siempre nos dijo a mi hermana y a mí: 'Jamás dependáis de un hombre. Tened vuestro trabajo'. 

P.- Al principio de la novela incluyes una cita de Nietzsche: 'La guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido'. ¿Por qué la elegiste?
R.- Cuando era pequeña, no me preguntes por qué, pensaba que mi padre iba a tener que irse a la guerra y lo pasaba fatal. En España se ha vivido durante muchísimos años con rencor, unos por unas cosas y otros por otras, los vencedores tuvieron la posibilidad de hacer las cosas bien y las hicieron mal. Es una estupidez porque el rencor de los vencidos se amplifica. Me gustó esa cita porque creo que define muy bien lo que puede ser y lo que no debería de ser.

P.- Hay otra de Balise Pascal: ‘¿Puede haber algo más ridículo que la pretensión de que un hombre tenga derecho a matarme porque habita al otro lado del agua y su príncipe tiene una querella con el mío, aunque yo no la tenga con él?’
R.- Esa cita apela a algo que siempre me ha pasado por la cabeza. ¿Qué pasaría por la cabeza de un soldado con un fusil en las manos,  que tiene enfrente a una persona que no conoce de nada y a la tiene que disparar para que no le disparen? Es una situación absurda. ¡Qué ridículos somos los seres humanos!

P.- De cara al lector, ¿qué te gustaría provocar?
R.- Me encantaría que se emocionaran y que sirva para que no se repita lo que pasó, que llegue a la gente más mayor y a los jóvenes, para que puedan hablar con sus abuelos y que les cuenten cómo fue aquello. 

Mis nietos van a saber de sus bisabuelos y de sus tatarabuelos

P.- Aunque la mayoría de las personas que vivieron aquello ya han fallecido o son muy mayores y no se acuerdan
R.- Es muy importante que hablemos. Si algo me hace feliz de haber publicado los libros es que mis nietos van a saber de sus bisabuelos y de sus tatarabuelos.

P.- ¿Alguna recomendación literaria? ¿Qué estás leyendo ahora?
R.- Acabo de terminar 'Las huérfanas', de Melba Escobar y estoy leyendo 'Con nadie', de Lorenzo Silva. También son recientes 'Los amores paralelos', de Mayte Uceda y 'Mamá está dormida', de Máximo Huerta, que me ha parecido de una gran delicadeza.

Cuando estoy escribiendo, intento leer cosas diferentes, para que no haya interferencias. Normalmente leo thriller, que es opuesto a lo que yo hago. Me encanta Víctor del Árbol. Siempre llevo un libro conmigo, soy lectora compulsiva, es como un vicio para mí.