Kathryn Stockett (Jackson, Misisipi, 1969) ha vendido más de 15 millones de ejemplares de su ópera prima, 'Criadas y señoras', que se mantuvo dos años en la lista de novelas más vendidas del New York Times y obtuvo un Oscar por la inolvidable interpretación de Octavia Spencer, la criada afroamericana dedicada a cuidar de los niños de familias blancas en un pueblo de Misisipi a principios de los años 60. La autora vuelve ahora a las librerías con 'El Club de las Indomables' (Planeta) y ha elegido España para iniciar su gira europea.
La autora ha explicado en un encuentro con la prensa que le ha costado 12 años escribir este nuevo relato, ambientado en Misisipi en los años de la Gran Depresión. Es la historia de un grupo de mujeres que tienen pocas cosas en común, pero el destino las une para luchar por su futuro. El punto de partida de esta historia es un hecho real: la esterilización forzada de mujeres por motivos raciales, económicos, de salud mental o, simplemente, por llevar una "vida promiscua". Estas leyes se aplicaron en varios estados y el éxito del programa llamó la atención de Hitler, quien invitó al director de la Sociedad de Eugenesia de California a visitar Alemania para explicarle cómo se ejecutaban este tipo de leyes.
"Me causó una enorme conmoción porque no sabía que existieran ese tipo de leyes y no había constancia de ello ni en la literatura ni en los libros de historia", asegura la autora, que vio cómo este hecho acabó con la crisis creativa que le impedía avanzar en su segunda novela.
La "apendicectomía de Mississippi"
"En 1933 era legal que un policía detuviera a una mujer si pensaba que tenía una actitud promiscua, las obligaban a realizarse pruebas para identificar enfermedades de transmisión sexual y podían retenerlas durante ese tiempo. Sobre todo detenían a mujeres pobres que no tenían medios para defenderse o a mujeres que habían tenido hijos fuera del matrimonio", asegura.
Estas leyes estuvieron vigentes hasta los años 90 y llegaron a conocerse popularmente como la "apendicectomía de Mississippi", una expresión que acuñó una luchadora por los derechos civiles apelando al engaño al que sometían a las mujeres, diciéndoles que les iban a extraer el apéndice cuando en realidad las esterilizaban sin darles información siquiera.
¿Cómo es ser mujer en la era Trump?
Le preguntamos cómo es ser mujer en la era Trump y, aunque empieza su intervención diciendo que no suele hablar de política, sorprende su sinceridad: "No tengo ningún reparo en decir que no me gusta el gobierno actual de Estados Unidos, pero es verdad que trato de no hablar de política por la enorme polarización que hay en mi país".
Estamos yendo en la dirección errónea y creo que es muy importante que, como mujeres, no demos nuestros derechos por sentados
"Las mujeres de EEUU estamos perdiendo derechos, sobre todo en materia de salud", añade en referencia a la revocación de la ley que reconoció el derecho al aborto en todo Estados Unidos, la ley Roe vs. Wade. "Claramente estamos yendo en la dirección errónea y creo que es muy importante que, como mujeres, no demos nuestros derechos por sentados", advierte.
"Y con esto, matiza, no quiero decir que estemos ahora peor que en 1933, pero sí que, sin lugar a dudas, tenemos que luchar por los derechos que tenemos, porque nos los pueden arrebatar con muchísima facilidad, algo de lo que estamos siendo testigos últimamente en EEUU".
Homosexualidad y terapias de conversión
Además del machismo y la discriminación de las mujeres, la autora aborda temas como la homosexualidad. "En los años 20 se consideraba que la homosexualidad estaba tipificada como una enfermedad por parte de la Sociedad Médica estadounidense. Era una realidad que todo el mundo conocía, de la que nadie hablaba, pero los homosexuales no podían vivir de forma abierta su sexualidad y había muy pocos sitios donde podían hacerlo. Uno de ellos, probablemente, fue Nueva Orleans, donde podían estar sin miedo a ser arrestados".
En Misisipi y otros estados, la homosexualidad era un delito y en algunos hospitales, explica la autora, se empezaron a aplicar terapias de conversión. "Se hicieron experimentos terroríficos para convertir a homosexuales en heterosexuales, no solo es terrible sino muy triste".
A pesar de todos los dramas que relata, la novela tiene un punto de humor e ironía constante. "La vida es divertida y, aparte, necesitamos reírnos para mantener nuestra salud mental", asegura. Ve la risa más necesaria que nunca en un país, como EEUU, "que se ha convertido en algo ridículo".
El peso del éxito
La autora confesó que el peso de aquel éxito condicionó profundamente el proceso creativo de su segunda novela. Recordó que 'Criadas y señoras' nació en un momento muy distinto de su vida: vivía en Nueva York y acababan de producirse los atentados del 11-S. Lejos de su familia y entorno, escribía para sí misma, como una manera de tenerlos cerca. Ahora, sus circunstancias son diferentes, vive a caballo entre Nueva York y Misisipi y ha tenido que enfrentarse a las expectativas de lectores, críticos y sus editores. Reconoce que volver a publicar después del enorme éxito de su primera novela fue, durante años, una experiencia "paralizante".

"Si tratas de escribir un libro durante 17 años y no te ríes durante el proceso, se te va la vida, ha sido súper divertido", subraya sonriente. Son exactamente los años que han transcurrido desde la publicación de su primera novela y esta. "Espero haberme convertido en mejor escritora", añade.
Le encantaría poder llevar también esta segunda historia a la gran pantalla, pero cree que, debido a la extensión de la misma, sería mejor una serie. Los derechos todavía no se han vendido, pero ya tiene previstas varias reuniones a final del verano para hablar de ello.
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