La escritora mexicana Eliana Montemayor llega a la 85ª edición de la Feria del Libro de Madrid con una propuesta que escapa del manual de autoayuda tradicional. En Soltar para sanar, la autora convierte la experiencia personal en un ejercicio de reflexión colectiva sobre el cansancio emocional, la autoexigencia y las cargas invisibles que atraviesan la vida contemporánea.

La autora comparte con los lectores a modo de espejo y confrontación. En su propuesta hay un sentido crítico de la realidad. Por algo, Montemayor considera que la sociedad en su conjunto atraviesa un fuerte desgaste emocional, a lo que hace un llamado a buscar el silencio y la observación íntima en busca de respuestas particulares y colectivas.

Pregunta: - ¿Qué te llevó a escribir este libro?
Respuesta: - Lo escribí desde una necesidad muy íntima, pero también desde una observación: casi todos aprendemos a seguir adelante, pero no siempre aprendemos a dejar de cargar. Como muchas personas, he atravesado pérdidas, dudas, heridas y etapas en las que creía que estaba avanzando, cuando en realidad iba arrastrando una maleta emocional que ni siquiera recordaba haber empacado. Y, para colmo, una maleta sin rueditas. “Soltar para sanar” nació de esa búsqueda personal, pero también de mirar a mi alrededor y darme cuenta de cuántas personas viven hacia afuera con una sonrisa impecable, mientras por dentro están agotadas, confundidas o aferradas a algo que ya no les hace bien. Quise escribir un libro que acompañara sin juzgar, un libro que hablara del dolor con honestidad, pero también de la posibilidad de volver a respirar más ligero. Para mí, soltar no es borrar la historia: es dejar de permitir que la historia nos gobierne.

P: - Al leer el título pareciera que llevamos una pesada carga sobre nuestros hombros. ¿La nuestra es una sociedad cansada?
R: - Sí, creo que somos una sociedad profundamente cansada, aunque muchas veces lo disimulamos muy bien. Vivimos en una época que nos exige producir, responder rápido, estar disponibles, vernos bien, opinar de todo, sanar deprisa y, si se puede, hacerlo con buena cara. Parece que el mundo nos pide iluminación espiritual, éxito profesional y abdomen plano, todo antes del lunes. Pero más allá del humor, hay un cansancio emocional muy real. Muchas personas no descansan porque, aunque el cuerpo se acueste, la mente sigue trabajando horas extras: repasando culpas, conversaciones pendientes, miedos, expectativas y comparaciones. Creo que la sociedad está cansada porque ha confundido fortaleza con aguante. Y sanar empieza cuando entendemos que no todo lo que cargamos demuestra valentía. Soltar también es un acto enorme de fuerza.

P: - ¿Cuáles dirías que son las principales cargas del individuo de este siglo?
R: - Una de las grandes cargas es la autoexigencia: esa sensación permanente de que nunca somos suficientes, de que siempre deberíamos estar haciendo más, logrando más, siendo más exitosos, más atractivos, más serenos, más todo. También cargamos con la comparación. Vivimos mirando versiones editadas de la vida de los demás y olvidamos que todos tenemos un detrás de cámaras, solo que algunos lo iluminan mejor. A eso se suman el miedo a fracasar, la necesidad de aprobación, las culpas antiguas, las relaciones que ya no nutren, los duelos no resueltos y una desconexión profunda de nosotros mismos. El individuo de este siglo tiene mucha información, pero poco silencio. Y sin silencio interior, es muy difícil saber qué nos pesa de verdad.

P: - ¿Hay que vivir soltando?
R: - Sí, pero no en el sentido de soltarlo todo como si hiciéramos una limpieza emocional compulsiva cada martes. Soltar no significa renunciar a todo, volverse indiferente o decir “yo ya solté” mientras seguimos revisando el pasado con lupa y café en mano. Soltar es aprender a distinguir qué nos construye y qué nos consume. Hay cosas que merecen quedarse: los vínculos sanos, los sueños, la alegría, la fe, la gratitud, la esperanza. Y hay otras que necesitan irse: la culpa que no enseña, el rencor que intoxica, la relación que nos apaga, la versión de nosotros mismos que nació únicamente para sobrevivir. Vivir soltando es vivir con más conciencia. Es preguntarnos, cada cierto tiempo: “¿Esto me da paz o me está quitando vida?”.

P: - ¿Catalogas a tu libro en algún género en específico?
R: - Lo ubicaría dentro del desarrollo personal y la reflexión emocional, pero me gusta pensar que es, sobre todo, un compañero de viaje. No es un manual rígido, ni una fórmula mágica, ni pretende sustituir procesos terapéuticos cuando son necesarios. Es un libro que invita a mirar hacia dentro con honestidad, pero también con compasión. Tiene una parte espiritual, una parte psicológica y una parte muy humana. Habla de amor propio, límites, ansiedad, perdón, reinvención y gratitud desde un lenguaje cercano. Quise escribirlo desde la experiencia de alguien que también ha tenido que aprender, caerse, levantarse y, de vez en cuando, reírse de sí misma para no dramatizar más de la cuenta.

P: - ¿Tus lectores te dicen sentirse más aliviados después de leer “Soltar para sanar”?
R: - Sí, y es una de las cosas más bonitas que me ha regalado este libro. Muchas personas me han dicho que al leerlo pudieron ponerle nombre a algo que llevaban mucho tiempo sintiendo. Y ponerle nombre al dolor ya es una forma de empezar a aliviarlo. No siempre necesitamos que alguien nos resuelva la vida. En ocasiones necesitamos que alguien nos diga: “Eso que sientes tiene sentido. No estás exagerando. No estás sola. No estás loco. No estás roto”. Algunos lectores me cuentan que lloraron, otros que subrayaron páginas, otros que sintieron que el libro les hablaba directamente. Yo siempre digo que, si una sola página logra que una persona respire más hondo o se trate con un poco más de ternura, entonces el libro ya cumplió una misión.Y si además lo mancharon con lágrimas, bueno… digamos que eso cuenta como edición personalizada.

P: - ¿Y a ti, la escritura de esta obra te liberó?
R: - Sí. Escribir este libro fue una forma de liberación. No porque al terminarlo me haya convertido en una persona perfectamente iluminada, eso todavía no me lo ha confirmado nadie, sino porque escribir me permitió ordenar emociones, mirar heridas de frente y reconciliarme con partes de mi historia. La escritura tiene algo muy poderoso: convierte el caos interno en palabras. Y cuando algo tiene nombre, deja de ser una sombra tan grande. Para mí, este libro fue espejo, refugio y puente. Me ayudó a entender que sanar no siempre significa que ya no duela nada, sino que ya no vivimos prisioneros del dolor. Escribirlo me recordó que incluso de las etapas más difíciles puede nacer algo útil, bello y compartible.

P: - ¿Sabremos más de Eliana Montemayor como escritora?
R: - Sí, definitivamente. La escritura llegó a mi vida como una forma de sanar, pero se quedó como una forma de conectar con otros. Y cuando descubres que tus palabras pueden acompañar a alguien en un momento vulnerable, nace una responsabilidad muy bonita. Me interesa seguir escribiendo sobre la vida emocional, el amor propio, la reinvención, los vínculos y esa capacidad tan humana de volver a empezar.También quiero conservar siempre un tono cercano. Creo que la profundidad no está peleada con la sencillez, ni la sensibilidad con el humor. Una buena risa también es una pequeña terapia, y sin factura.

P: - Estarás firmando en la Feria del Libro de Madrid. ¿Nos puedes avanzar los detalles?
R: - Sí, me hace muchísima ilusión participar en la Feria del Libro de Madrid, que este año se celebra en el Parque de El Retiro del 29 de mayo al 14 de junio de 2026, en una edición dedicada al humor. Me parece muy bonito llegar con un libro que habla de sanar, pero también con la convicción de que la risa ayuda a llevar la vida con un poco más de ligereza. Estaré firmando ejemplares de Soltar para sanar en la caseta 309, en los siguientes horarios:

29 de mayo: de 5:00 p. m. a 7:00 p. m.

30 de mayo: de 12:00 p. m. a 2:00 p. m.

31 de mayo: de 10:30 a. m. a 12:00 p. m.

Me dará mucha alegría encontrarme con lectores, conversar, firmar ejemplares y compartir ese momento cara a cara. Los libros se escriben en soledad, pero cobran una vida muy especial cuando llegan a las manos de alguien que los necesitaba.

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