Alejandro Roemmers (Buenos Aires, Argentina, 1958) siempre quiso ser escritor. Le interesaban la filosofía, la literatura, la mística y las humanidades, disciplinas muy alejadas de las expectativas de su padre, quien aspiraba a continuar con el legado familiar. "A él no le interesaba el artista, quería a alguien que tuviera las mejores notas para después llevar las empresas de la familia", aseguró este jueves en Madrid durante la presentación de la reedición en España de su novela 'Vivir se escribe en tiempo presente' (Berenice). Aunque no es un relato autobiográfico, sí aborda conflictos universales como la relación padres-hijos. 

Esa tensión entre vocación y herencia familiar marcó buena parte de la conversación en la Universidad Pontificia de Comillas, en un acto en el que participaron el presidente de la Cátedra Iberdrola de Ética Económica y Empresarial, José Luis Fernández Fernández; el vicepresidente de la Fundación Internacional Ernesto Cardenal, Óscar de Baltodano; el director editorial de Berenice, Javier Ortega; la doctora en Lengua y Literatura Francesa Alicia Mariño; y el escritor Manuel Francisco Reina, encargado de moderar el encuentro.

Fue una decisión pragmática que resultó bien

“Tuve que decidir aprender a ganarme la vida, aprender el negocio familiar”, señaló Roemmers. Aquella elección implicó una renuncia parcial y un conflicto que, aunque no se traslada de forma literal a la novela, sí recorre su trasfondo. Durante años, compaginó ambas facetas en desequilibrio, con la empresa en primer plano y la escritura relegada a los márgenes del tiempo. "Fue una decisión pragmática que resultó bien", relata.

El proceso de 'matar al padre' no fue en su caso el de una ruptura, sino el de una evolución: con el tiempo logró integrar sus dos vocaciones y también reconciliarse con su padre, hasta el punto de convertirse en “muy amigos” en los últimos años de su vida.

En conversación con ElPlural al finalizar el acto, Roemmers explicó que ese cambio se produjo de forma inesperada durante un viaje conjunto al Monte Athos, un enclave espiritual en Grecia. “Pasamos allí unos días y se produjo una transformación muy profunda en nuestra relación. Es muy difícil que algo así ocurra después de tantos años, pero cambió en esos tres días y para siempre”, recordó.

Sería una locura pasar por este mundo sin ser nosotros mismos a pleno

Portada 'Vivir se escribe en presente', de Alejandro Roemmers

Esa experiencia personal se proyecta de forma indirecta en la novela, donde aparecen unos personajes que deben decidir quiénes son y qué vida quieren llevar, enfrentados también a hechos fortuitos que cambian en un instante sus vidas. “Sería una locura pasar por este mundo sin ser nosotros mismos a pleno”, afirmó Roemmers. La frase resume no solo el eje del libro, sino una conclusión vital que, en su caso, no fue inmediata, sino fruto de años de conciliación entre dos caminos que parecían incompatibles.

Una novela que interpela al lector

Ese trasfondo ético fue precisamente el que destacó el presidente de la Cátedra Iberdrola de Ética Económica y Empresarial, José Luis Fernández Fernández, que leyó la obra desde la filosofía moral. “Nada más leer el título, 'Vivir se escribe en presente', lo recibí como profesor de filosofía moral. Para mí, aparte de una novela, este libro es un libro de ética”, afirmó.

En su intervención, subrayó la responsabilidad individual en la construcción de la propia vida: “Somos a la vez actores, agentes y autores de nuestra vida. Pueden morir por ti, pero vivir por ti no puede nadie”. A su juicio, la novela invita a asumir esa responsabilidad en presente, sin aplazar decisiones: “Hay que aprovechar el día, no procrastinar, no dejarlo siempre para mañana”.

Por su parte, el vicepresidente de la Fundación Internacional Ernesto Cardenal, Óscar de Baltodano, incidió en la dimensión más íntima de la obra. “La literatura de Alejandro está muy marcada por su poesía. No se puede desmarcar al novelista del poeta”, señaló. En su opinión, el libro funciona como un reflejo en el que el lector puede reconocerse: “Cada uno va a leer desde su realidad personal lo que le interpela, lo que le dice el libro”.

Baltodano definió la obra como una invitación a la autenticidad: “Es una invitación a que cada uno tenga la valentía de escribir en presente esa vida que solo tenemos una”.

Una obra “extremadamente personal”

El director editorial de Berenice, Javier Ortega, reforzó esa lectura al poner el acento en la figura del autor. “Por encima de todo, es escritor”, afirmó. “Un escritor es alguien que vive la literatura desde que empieza el día hasta que anochece, que observa el mundo y trata de descifrar el alma humana”.

Ortega insistió en el carácter íntimo del libro: “Esta es una novela extremadamente personal, una novela muy sentida, donde reconoces a la persona detrás de ella”. Y advirtió de que esa dimensión no debe quedar eclipsada por otras facetas públicas de Roemmers, como su perfil empresarial o filantrópico.

En la misma línea, el moderador del acto, el escritor Manuel Francisco Reina, apuntó que se trata de una de sus obras más complejas en términos personales. A su juicio, en ella hay “mucho más de su vivencia de lo que puede parecer a simple vista” y una presencia clara de elementos filosóficos y espirituales “no como doctrina, sino como evidencia”.

Reina señaló además que la novela introduce una crítica al estilo de vida contemporáneo, marcado por “las pantallas y la vida de cara a la galería”, frente a la que propone una vuelta a lo esencial. Ese planteamiento conecta con el propio discurso del autor y con una idea que atraviesa el libro: la necesidad de no endurecerse ante la vida.

“Alejandro es un artista”

La intervención más analítica desde el punto de vista literario corrió a cargo de la doctora Alicia Mariño, que destacó tanto la estructura como el lenguaje de la obra. “Tiene una estructura perfecta, circular”, explicó, subrayando cómo el inicio y el final se relacionan entre sí.

Mariño elogió también la claridad del estilo: “El lenguaje es claro, preciso, nada rebuscado”, pero cargado de belleza tanto en los paisajes como en la construcción de los personajes. Y fue más allá en la definición del autor: “Aquí se ha dicho que Alejandro es poeta y también escritor. Yo diría algo más: Alejandro es un artista”.

Más allá de la novela, Roemmers situó su reflexión en un contexto más amplio, marcado por los conflictos globales. En conversación con ElPlural, advirtió de un desequilibrio entre progreso tecnológico y desarrollo humano: “Da la sensación de que el ser humano no ha avanzado tanto en lo espiritual como en lo tecnológico. La tecnología va por delante de la sabiduría”.

Cine, una antología poética y homenaje a San Francisco de Asís

En ese marco, el autor adelantó algunos de sus próximos proyectos, que apuntan a una diversificación de su actividad creativa. Por un lado, trabaja en el impulso de un sello cinematográfico junto a guionistas argentinos, con el que prevé desarrollar tres producciones internacionales, con rodajes previstos en España y Estados Unidos.

En paralelo, prepara la publicación de una nueva antología poética que se presentará en Madrid el próximo 19 de mayo en la Casa de América. El volumen reunirá en su mayoría textos inéditos y supondrá, según el propio autor, una evolución respecto a sus libros anteriores, con una mayor presencia del verso libre.

Junto a estos proyectos, Roemmers también impulsa iniciativas de carácter espiritual y simbólico, como la organización de un gran “abrazo al mundo” con motivo del 800 aniversario de la muerte de San Francisco de Asís, con el que busca lanzar un mensaje de fraternidad en un momento de tensión internacional. “No sé si habrá una paz absoluta, pero al menos será un gesto necesario”, apuntó.