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Coctelera

El trap no es cosa de viejos

La nueva serie de Filmin Segunda temporada nos cuenta qué pasa cuando un trapero empieza a dar asco

Los actores Berta Prieto y Adam Domínguez protagonizan Segunda Temporada.

Los actores Berta Prieto y Adam Domínguez protagonizan Segunda Temporada.

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Hace varios años tuve la oportunidad de entrevistar al argentino Khea y hacerle una pregunta que sé que le incomodó: ¿dónde se vería dentro de quince o veinte años, cuando su piel colgara ya de los brazos y los tatuajes se le volvieran grises?; ¿cómo se ganaría un trapero la vida en sus cuarenta, quizá cincuenta, cuando el género estuviera pasado de moda y una nueva ola de impulsivos chavales redujera su discurso de joven a estrella millonaria a canto atrofiado de viejo con más pasado que futuro?

Me respondió con mucha inteligencia, augurando que no solo él, sino todos los artistas de su cuerda, dejarían el trap cuando los pulsos vitales lo exigieran para cambiar el egotrip por la introspección, las mujeres por el amor, el hambre de éxito y las drogas de diseño por la cálida nostalgia, y recorrer la pasarela musical hacia un género mucho más lírico y cercano al rap; me respondió, quizá sin saberlo, con una fecha de caducidad sobre la tapa de la música urbana. 

Este asunto, como joven obsesionado con la adultez, siempre me ha llamado la atención: no es por ser edadista – o quizá sí: aplíquenme barrocos métodos de castigo por pensar que la edad no solo es un número, qué sé yo –, pero creo que los tiempos son sagrados y que hay un momento donde las canas se empadronan en tu cabeza y no puedes seguir comportándote como un adolescente chiflado y enganchado al lean; hay códigos que son propios de la juventud, que no funcionan en otro contexto, que solo se entienden cuando la carne aún turge al morderse y la ingenuidad es mucho más poderosa que el resabio; solo se puede cantar de fiestas eternas y ambiciones materiales cuando la edad no te ha corrompido: si sigues haciéndolo a partir de ciertos años, siento tener que decírtelo yo, pero eres un ridículo. 

Un poco sobre esta idea pivota la nueva serie de Filmin Segunda temporada, una ficción de siete episodios a la que me acerqué con ciertos prejuicios por estar protagonizada por una de las niñatas de Autodefensa, pero que, sorpresa para mí y bañito de realidad a mis sesgos, me está fascinando. Va sobre una escritora, Paula, que tras vender mogollón de copias de su primer libro de juventud cree estar pasada de moda y no tener nada que contar, y ahora, que sobrevive escribiendo como negra para otros famosetes del insípido mundo digital, conoce a Lil Rogelio, un desfasadísimo trapero de la Barcelona de 2015 al que, diez años después de su eclosión, la editorial quiere hacer una biografía. 

Lo que la serie nos cuenta – o yo entiendo, jo – es que quien realmente está agotado es el trapero y no la autora, un imbécil integral con el cerebro empanado en farlopa que tras salir de la cárcel se da cuenta de que es un memo funcional con más vergüenza ajena que fans que ya no hace gracia a nadie, aunque sí dé pena; la seria habla de uno de nuestros temas favoritos: la decadencia.

¿Qué pasa cuando has sido el amo de la noche y ahora no te coge el teléfono ni Dios?; ¿qué sucede cuando has sido el puto amo, el más gamberro y el más drogata y el más macarra del barrio, pero al pintarte unas desfasadas mechas rosas te das cuenta de que ya tienes el pelo más blanco que moreno? Pues tienes dos opciones: aceptar la realidad y actuar como un adulto, o cabalgar la vergüenza ajena hasta estallar, con todas las consecuencias que esto último tiene, sobre todo, en la soledad que te regurgita el espejo al mirarlo a solas. Buena alegoría la de Segunda temporada, sí. 

Etiquetas Maraña De Tripas

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