Veo El Ser Querido, nueva película de Sorogoyen, fascinado por Javier Bardem. Qué mirada, qué gestos. Nariz de noche grande en el Madison, mirada fría, pétrea. Semblante clásico, rostro rudo, medieval, sonrisa traviesa. Galán, masculino, Huevos de Oro, Jamón Jamón.

A lo largo del filme, Bardem interpreta a Esteban Martínez, un director de cine brillante y a un pésimo padre. Un hombre, quizás reformado, quizás no, acostumbrado a ejercer, sin oposición, la violencia. A lo largo de la película, plasma con naturalidad una serie de comportamientos que se interpretan como lógicos para los que hemos sido criados en otra época. Porque durante generaciones, la violencia ha estado aceptada en todo tipo de entornos. Familia, trabajo, amistades, colegio, deporte. Y lo que es peor, en entornos con niños. Todavía recuerdo los anillazos en clase de una hija de puta llamada Teresa y los golpes en el cráneo del Padre Esteban, un cura grasiento, tudesco, apestoso, salido de un cuadro Botero y del que espero que se hayan pudrido hace tiempo los gusanos que tuvieron la mala suerte de formar parte de la descomposición de su cuerpo. Gritar, golpear y amenazar eran actitudes absolutamente aceptadas. Se permitían. Te lo hacían a ti y tú se lo hacías a otros. Luego no pasaba nada, pero estaba hecho. 

En El Ser Querido hay un clímax indiscutible. La escena del rodaje de la comida en el desierto me recuerda a la sobremesa de la cena entre los protagonistas de Antidisturbios, serie de televisión dirigida también por Sorogoyen. Más allá de la maestría con la que el cineasta madrileño capta y traslada la tensión que emana de la masculinidad tóxica, uno ve a Bardem humillar a sus trabajadores y le disculpa. Que espabilen. Que no sean blandos. No pasa nada. La currela que deja el rodaje por la actitud violenta de su jefe te parece una exagerada. Hay que entender que es la tensión del trabajo, la frustración por problemas personales. Cuatro gritos, algún insulto, rictus serio y ni te muevas. Lo típico. ¿La hija? ¿Qué hace encarándose con su padre, a pesar de haber sido un completo mierdas? Si es su padre, tendrá derecho a humillarla, ¿no? Pues no. Qué sensación la de darte cuenta de que lo que pensabas hacía tan solo unos minutos era una completa estupidez. Un pensamiento retrógrado y absurdo abandona tu cuerpo. Te sientes liberado. 

La violencia es un poder que debe manifestarse en casos excepcionales. El tortazo del cara anchoa es violencia bien ejercida, por ejemplo. También es útil en la respuesta contra el bullying y la humillación. ¿Es violento el palestino que se levanta contra el sionista? ¿Es correcto ejercer la violencia contra un pederasta? Yo creo que sí, la verdad. Sin embargo, el director al que interpreta Bardem ejerce durante toda la película una violencia injustificable y que define también cómo hemos sido como país. En Esteban Martínez estamos reflejados todos los hombres educados en una sociedad hostil que te obligaba a ser duro para evitar la humillación. Y a través de ese reflejo debemos darnos cuenta lo equivocados que estábamos. 

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