Cuando Elio Toffana era pequeño, había un nombre que se repetía en los barrios del sur de Madrid: el Niño SAE. Su firma aparecía en paredes y trenes, mientras en los parques y los bares circulaban historias sobre alunizajes, atracos, persecuciones y golpes que parecían hacerse más grandes cada vez que alguien volvía a contarlos. Muchos de los amigos mayores de Toffana lo conocían o habían coincidido con personas de su entorno. Para quienes crecieron escuchando aquellas historias, SAE parecía más un personaje de ficción que una persona real. Antes de convertirse en un rostro habitual de la crónica negra, su apodo ya formaba parte de la cultura callejera madrileña.
Detrás de la leyenda estaba Francisco Javier Martín Sáez, uno de los delincuentes más conocidos de Madrid, especializado en alunizajes, butrones, robos de vehículos de alta gama y apertura de cajas fuertes. El cuarto capítulo de Panteón Sur, el proyecto audiovisual de ElPlural, Elio Toffana y Bronson Entertainment, reconstruye su trayectoria, su relación con el grafiti y las circunstancias de su asesinato en 2017.
De Puerta del Ángel a los trenes de Madrid
Francisco Javier Martín Sáez nació el 4 de diciembre de 1980 en Madrid y creció en la zona de Puerta del Ángel. Estudió en el colegio Santa Cristina y comenzó a cometer pequeños hurtos siendo menor de edad. En aquellos primeros años, sin embargo, su nombre también empezó a ser conocido dentro del grafiti. Firmaba como SAE y su apodo quedó vinculado a los muros, las cocheras y los trenes pintados de Madrid, en un momento en el que el rap y el grafiti se habían convertido en elementos importantes de la identidad de numerosos barrios.
“Para muchos chavales, SAE era primero una firma y una leyenda urbana antes que un nombre que aparecía en los periódicos”, explica Elio Toffana. Aquella primera notoriedad dentro de la calle terminó mezclándose con los relatos sobre sus delitos, hasta hacer difícil separar los hechos de las historias que circulaban sobre él.
El método del alunizaje
Con el paso de los años, el Niño SAE se especializó en el alunizaje, un método que consiste en utilizar un vehículo para romper el escaparate o la entrada de un establecimiento y acceder rápidamente a su interior. Los objetivos solían ser joyerías, tiendas de telefonía o comercios con productos de lujo que pudieran venderse después en el mercado negro.
También practicaba el butrón, asaltaba camiones, robaba coches de alta gama y utilizaba lanzas térmicas para abrir cajas fuertes. Según fuentes policiales citadas tras su muerte, dominaba prácticamente todas las modalidades de robo con fuerza.
Desde comienzos de la década de los 2000 fue relacionado con una organización que operaba en distintos puntos de España. En 2005 fue detenido durante la denominada Operación Bravo, desarrollada contra una banda dedicada a los alunizajes, los asaltos a camiones y el robo de vehículos.
Los investigadores atribuyeron al grupo propiedades, inversiones y dinero en efectivo cuyo valor superaba los 50 millones de euros. Entre sus bienes figuraban inmuebles, vehículos de alta gama y acciones bursátiles, registrados en algunos casos a nombre de terceras personas. La Policía lo consideraba responsable de una banda especializada en cajas fuertes y coches de lujo.
Alrededor de 40 detenciones y decenas de delitos
El Niño SAE fue detenido alrededor de 40 veces por la Policía Nacional y la Guardia Civil. Sus antecedentes estaban relacionados principalmente con delitos contra el patrimonio, aunque durante la última etapa de su trayectoria también fue vinculado con el robo de droga a narcotraficantes, una práctica conocida como “vuelco”.
Uno de los golpes más conocidos con los que fue relacionado tuvo lugar en noviembre de 2011, cuando desaparecieron alrededor de 170 kilos de droga del depósito judicial de Málaga, entre ellos unos 120 kilos de cocaína, además de heroína y pastillas. El robo se realizó después de acceder al edificio y abrir una cámara acorazada. La operación fue considerada uno de los mayores asaltos a un depósito judicial registrados en España. Años después, los acusados fueron absueltos por falta de pruebas suficientes; el Niño SAE ya había muerto cuando se conoció la resolución.
También fue detenido en Ibiza por el robo de varias botellas de oxígeno líquido del Hospital Can Misses. Los investigadores sospechaban que las bombonas iban a ser utilizadas en equipos de oxicorte para abrir cajas fuertes. La prensa bautizó al grupo como la “banda del Oxicorte”.
En 2013 volvió a ser arrestado después de que la Policía frustrara un asalto a una joyería de Madrid. A esas alturas, su nombre llevaba más de una década apareciendo en operaciones policiales y páginas de sucesos.
Elio Toffana: “Parecía un personaje de una película”
“Cuando yo era pequeño, en el sur de Madrid había un nombre que sonaba por encima de todos los demás: el Niño SAE”, recuerda Elio Toffana. “Veíamos sus firmas en las paredes, escuchábamos historias en los parques y en los bares, y muchos chavales crecimos oyendo hablar de él como si fuera un personaje de una película”.
El paso del tiempo convirtió algunos de aquellos relatos en titulares de prensa, aunque alrededor de su figura continuó existiendo una mitología alimentada por quienes lo habían conocido, por las dimensiones de sus golpes y por su capacidad para reaparecer después de cada detención. Toffana se detiene también en las habilidades que, a su juicio, había detrás de muchas de aquellas operaciones. “Lo que siempre me ha llamado la atención no es solo lo que hizo, sino lo que podría haber llegado a hacer. Detrás de muchos de aquellos golpes había una capacidad de planificación, una inteligencia práctica y una audacia fuera de lo común”, señala.
La pregunta que plantea el capítulo pertenece a la mirada personal de Elio: qué habría ocurrido si esas capacidades hubieran encontrado otra salida. “Quizá esa misma energía que le llevó a convertirse en un referente del grafiti y esa misma mente capaz de organizar operaciones tan complejas podrían haber destacado en el arte, en los negocios, en el cine o en la ingeniería”, reflexiona.
El asesinato del Niño SAE a plena luz del día
El 14 de mayo de 2017, alrededor de las 11.30 horas, Francisco Javier Martín Sáez caminaba por la calle Laín Calvo, cerca del paseo de Extremadura, cuando un hombre se aproximó y le disparó varias veces. A pesar de estar herido, logró avanzar hasta el número 24 de la calle Juan Tornero, donde cayó al suelo. Los sanitarios del Samur trataron de reanimarlo durante aproximadamente media hora, pero solo pudieron confirmar su muerte. Tenía 36 años.
La forma en la que se produjo el crimen llevó a los investigadores a considerar que se trataba de un asesinato planificado. La Policía trabajó con la hipótesis de un posible ajuste de cuentas relacionado con el narcotráfico y con los robos de droga a otros delincuentes, aunque esa explicación se presentó entonces como una línea de investigación y no como un hecho probado. Las pesquisas se centraron en los contactos que mantenía con personas vinculadas al tráfico de drogas.
Su muerte puso fin a la historia de alguien que, durante años, había construido una reputación de delincuente difícil de detener. “Así terminó la historia de alguien que durante mucho tiempo pareció invencible”, resume Toffana.
Entre los hechos y la leyenda del barrio
La figura del Niño SAE reúne dos historias que terminaron mezclándose. Por un lado, la del escritor de grafiti cuyo nombre recorría paredes y trenes. Por otro, la del delincuente que acumuló decenas de detenciones y fue relacionado con algunos de los robos más llamativos de su época. Su trayectoria forma parte del imaginario de una etapa concreta del sur de Madrid, cuando los relatos de la calle circulaban antes de que las redes sociales permitieran grabarlo y difundirlo todo. Muchas de aquellas historias se transmitían de persona a persona y aumentaban con cada nueva versión.
El cuarto capítulo de Panteón Sur no presenta sus delitos como una hazaña ni trata de convertir su vida en un modelo. Elio Toffana parte de los recuerdos de su infancia para examinar cómo se construyó aquella leyenda y plantear una pregunta que todavía le acompaña: “¿Qué habría sido del Niño SAE si toda aquella inteligencia hubiera encontrado otro destino?”.
Panteón Sur, ocho vidas para contar el sur de Madrid
Panteón Sur es un proyecto audiovisual de ElPlural, Elio Toffana y Bronson Entertainment que recupera las historias de ocho figuras vinculadas al imaginario cultural, político y callejero del sur de Madrid. La serie recorre diferentes momentos de la historia reciente de la capital a través de la música, el cine, el grafiti, la política, la delincuencia y los movimientos sociales.
Cada volumen combina imágenes de archivo y los recuerdos personales de Elio Toffana para reconstruir la trayectoria de su protagonista y el contexto en el que vivió. Después de dedicar sus primeros capítulos al grafitero LOSE, a la estudiante y militante Yolanda González y al músico Ray Heredia, Panteón Sur aborda ahora la historia del Niño SAE, una firma del grafiti que terminó convertida en uno de los nombres más conocidos de la crónica negra madrileña.
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