1987 es un año de mucho interés para el cine americano, en una década particularmente pop en lo que a muchos otros productos culturales se refiere. Ese año, entre otras tantas películas, fue estrenada Lost Boys (traducida al castellano con el dudoso título de Jóvenes ocultos), obra que ha resistido el paso del tiempo y goza todavía de gran interés para innumerables espectadores.

Esta obra sobre jóvenes vampiros que hacen de las suyas en una ciudad imaginaria de la Costa Oeste y son finalmente neutralizados por cazadores de vampiros adolescentes es, sin duda, tanto un clásico de culto como, en términos más generales, un clásico. Por otro lado, cuenta con toda una serie de elementos subliminales del mayor interés, al tiempo que referencias implícitas a toda una serie de hitos de la cultura pop del siglo XX. En la película, dos hermanos se mudan junto a su madre a una ciudad imaginaria llamada Santa Carla, conocida como “la capital mundial del asesinato” (basada en Santa Cruz, aunque su nombre fue modificado para no perjudicar la reputación turística de la ciudad real). El mayor (Jason Patric) hace amistad con una banda de jóvenes moteros macarras, de quienes se descubre en un momento dado que son vampiros asesinos. Su hermano pequeño (Corey Haim) habrá de conspirar junto con dos cazavampiros adolescentes para lograr salvar a su hermano y acabar con la temida pandilla de “jóvenes ocultos”.

En principio, la película había de ser dirigida por Richard Donner, quien, al ser contratado como director de Arma letal (1987), el clásico del cine de acción, acabó por oficiar como productor ejecutivo de Lost Boys. Esta es la razón por la que aparece el título de la película en una cartelera de cine tras caer Mel Gibson de un edificio desde cuya azotea había logrado salvar la vida de un suicida. Lost Boys fue dirigida por Joel Schumacher y contó con Michael Chapman como director de fotografía, quien también trabajó en Taxi Driver (1976) y Toro salvaje (1980) (de ahí que la luz saturada de la película resulte particularmente cautivadora y atrayente).

Como es bien sabido, mucho del cine americano del siglo pasado estaba atravesado por referencias subliminales llenas de significado. Por poner un ejemplo, si uno ve el making of de Taxi Driver (1976), comprenderá que hasta el color de la sangre tiene un sentido concreto y cada detalle que aparece en pantalla ha sido calculado al dedillo.

En el caso de Lost Boys, las referencias a Jim Morrison (cantante de The Doors) son varias, al tiempo que este es identificado con Michael, el protagonista (interpretado por Jason Patric), en diversos momentos del relato. A pesar de haber muerto en 1971, Morrison estaba cobrando particular relevancia desde principios de los ochenta tras la publicación de No One Here Gets Out Alive (1981), la exitosa biografía de Jerry Hopkins y Danny Sugerman. Sin duda, fue un acierto de Joel Schumacher, director del film, contratar a Patric (por su parecido con Morrison) y vestirlo de modo similar al cantante de The Doors, con chaqueta de cuero y corte de pelo incluidos. Recordemos que Morrison era un intérprete y letrista particularmente oscuro, perfecto como referente subliminal de un joven vampiro (en esos años, los jóvenes americanos que representaban el target de la película eran seguidores fanáticos de Morrison, icono pop absoluto de la época). Por poner un ejemplo, en un momento dado, el rostro de Michael es superpuesto con el de Jim Morrison, cuya imagen cuelga de una de las paredes de la caverna en la que viven los vampiros.

Por otra parte, fue en esta película donde se conocieron Jason Patric y Kiefer Sutherland, que se convirtieron en mejores amigos (hasta que, en 1991, Patric se fugó a Irlanda con Julia Roberts, la prometida de Sutherland). Sutherland era hijo del prestigioso actor Donald Sutherland y Patric, de Jason Miller, ganador del premio Pulitzer por su obra de teatro This Championship Season (1972), además de actor nominado al Oscar por su papel como padre Karras en El exorcista (1973). Afortunadamente, ambos actores se reconciliaron pasados los años y han podido saborear la influencia y el poder de seducción de este clásico del cine que todavía, a día de hoy, sigue dando que hablar.

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