Hace un par de semanas citaba en esta misma columna la película francesa de El Odio. Comenté que una frase que aparece en ella me marcó: “Mi vida es como la historia de un hombre que cae de un edificio de cincuenta pisos. A medida que desciende sin remedio y cada vez más rápido, para tranquilizarse, se repite a sí mismo sin cesar: 'De momento todo va bien. De momento todo va bien...'.

Hoy tengo la sensación de que vamos un poco más deprisa hacia el suelo que hace catorce días y que estamos un par de pisos más abajo porque pasan cosas: los Estados Unidos de Trump han denegado el acceso al país a uno de los árbitros que la FIFA había designado para dirigir partidos en el Mundial de Fútbol. Hay una frase que se dice mucho últimamente y que voy a hacer mía: No tengo pruebas, pero tampoco dudas de de dónde sale esa decisión.

El presidente de los Estados Unidos lleva tiempo diciendo cosas como que Somalia es “un lugar sucio y asqueroso”, ha definido su comunidad en Minnesota como “basura” y ha repetido que el país africano es “un agujero de mierda”. Todo esto sin ningún rubor, ante las cámaras y a cara descubierta. Afirmó que no le gusta “esa gente” y hoy uno de ellos ha comprobado como las palabras de Trump no son solo eso, también se convierten en ley porque el árbitro al que han negado el acceso al país es somalí.

Alguien podría pensar que es una noticia menor, pero yo no lo veo así. Del puchero en el que se mezcla el racismo con la aporofobia, la xenofobia y la exaltación nacional sacamos tazas de este caldo. Un profesional reputado con todos sus papeles en regla y con un contrato con una de las empresas más poderosas de mundo -la FIFA – es considerado indigno de entrar en Estados Unidos a hacer su trabajo después de una humillación de once horas en inmigración. Y nadie hará nada. Las costuras del discurso de la inmigración legal y ordenada no aguantan la realidad porque se trata de simple prejucio y discriminación por razón de origen. Omar Abdulkadir no es una persona migrante, es un trabajador perfectamente documentado que pretendía hacer aquello para lo que le han contratado. No podrá porque sus méritos profesionales pesan menos que su nacionalidad. El occidente de las libertades y los derechos humanos queda retratado.

El jugador de la selección irakí de fútbol Aymen Hussein que participa en el Mundial también fue retenido en el aeropuerto por las autoridades migratorias, este durante siete horas. A él si le terminaron permitiendo la entrada al país, pero al fotógrafo oficial de la selección irakí no, a ese le devolvieron a su país.

¿Y la selección iraní? La suerte quiso que ellos tengan que jugar en EEUU los tres partidos de la fase de grupos, pero no se les permite permanecer en territorio estadounidense ni antes, ni después de los encuentros, de modo que han tenido que establecer su cuartel general en México con el perjuicio que eso conlleva para la preparación y la recuperación de sus partidos.

Hace noventa años los Juegos Olímpicos de Berlín tuvieron un espíritu olímpico dudoso… ¿Cuánta vocación de ser mundial tiene del Mundial de Fútbol de Estados Unidos en 2026?

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