En estas señaladas fechas se celebra el Mundial de Fútbol, lo cual nos remite a un asunto verdaderamente fascinante que quiźa no ha sido analizado demasiado a fondo: el tema de los futbolistas macarras. Como sabemos, el macarrismo permea todas las esferas y estratos de la sociedad, cobrando un especial protagonismo en un deporte donde la fuerza física y la testosterona juegan un papel tan significativo como en el fútbol. Así pues, hemos creado una pequeña lista de futbolistas macarras pertenecientes a la old school para reactivar la memoria de muchos aficionados, al tiempo que descubrimos a las nuevas generaciones hechos que muy probablemente desconozcan.

Hristo Stoichkov

Delantero descomunal de procedencia búlgara que jugó en las filas del FC Barcelona (fue ganador del Balón de oro cuando solo podían hacerse con el trofeo jugadores europeos), fue fichado por Johan Cruyff, junto con Ronald Koeman y Michael Laudrup, para conformar la infraestructura de lo que vendría a ser conocido como el Dream Team.

Nada más llegar desde Sofía pisó a un árbitro español al sentirse frustrado por una de sus decisiones; y, en una temporada posterior, dijo de otro que “estaba borracho”, tras ser expulsado. ¿Cómo no? Hizo migas con gente como Diego Armando Maradona (rey del consumo estupefaciente en plena temporada) y Romario (quien abiertamente afirmaba solo poder marcar goles si el día antes salía de fiesta y que vivió en un hotel de Sitges durante toda su estancia como jugador del FC Barcelona). 

Juanma López

Juanma López o simplemente López (también se le llamaba Súper López, en referencia al personaje de cómic) era natural del barrio de San Blas y se formó en las categorías inferiores del Atlético de Madrid. San Blas en los años de su infancia era un lugar inhóspito en muchos sentidos; en la zona había muchos matones, toxicómanos y uno de los poblados de la droga más “jodidos” de la historia matritense: Los Focos (en la Avenida de Guadalajara).

Su crianza en un barrio complicado sin duda la trasladaba al campo de fútbol donde era asiduo “repartiendo leña” y “dando caña al personal”. También corría el rumor de que un familiar cercano de López llevaba puticlubs o whiskerías, y, ya se sabe, la palabra “macarra” significa literalmente (al menos en su sentido original) “chulo de putas”. Sus enfrentamientos con Hristo Stoichkov fueron célebres (como suele decirse en la jerga callejera: Real Reconoce Real). Se trataba de auténticas batallas psicológicas y físicas llenas de provocaciones, agarres y entradas al límite

Eric Cantona

Además de ser un jugador excepcional, Eric Cantona se hizo famoso por su gran chulería, impulsividad y, en algunos casos, violencia. El jugador francés (militante del Manchester United y conocido por llevar los cuellos de la camiseta levantados, como buen macarra) apareció en todos los medios de comunicación internacionales tras propinarle una patada voladora a un hooligan del Crystal Palace (del que se decía que era neonazi) que andaba increpándole desde la grada.

Fue inhabilitado durante nueve meses por la FA y llegó a ser condenado a dos semanas de prisión. Sin embargo, tras una apelación, la pena le fue conmutada por 120 horas de servicios comunitarios. 

Materazzi

Marco Materazzi, apodado "Matrix", consolidó durante su década en el Inter de Milán (2001-2011) una de las reputaciones más temidas del fútbol mundial. Su agresividad iba mucho más allá de las entradas físicas: combinaba una dureza desmedida al límite del reglamento con una altísima capacidad para la provocación psicológica y el trash-talking.

Se hizo célebre cuando Zidane (originario de Marsella, una de las ciudades más macarras del panorama mediterráneo) le propinó un cabezazo en el minuto 110 de la prórroga de la final del Mundial de Alemania 2006 entre Italia y Francia. Por lo visto, el defensor italiano había provocado verbalmente al astro francés, logrando que este reaccionara asestándole un brutal cabezazo en el pecho que le costó la expulsión directa. Sin duda, una decisión de lo más absurda por parte del genio francés. 

Pablo Alfaro y Javi Navarro

Pablo Alfaro y Javi Navarro representaron una de las duplas más temidas del fútbol español; dos jugadores “guarros” como ellos solos. Eran algo así como los Bad Boys de los Detroit Pistons a finales de los ochenta (Bill Laimbeer, Rick Mahorn, Dennis Rodman y Isaiah Thomas) solo que transplantados al Sevilla Fútbol Club en la primera década de los dos mil.

Sin duda, se trataba de dos defensas “bien malotes”. Más de uno salía mal parado tras tratar de superar su barrera defensiva. Contaba Chiki Beguiristain, ex jugador del Barcelona, que una noche de juerga él y Alfaro, buenos amigos, acabaron discutiendo. Confesó que Alfaro le propinó un puñetazo y que, a pesar de todo, ambos durmieron esa misma noche en casa del agredido. 

Migueli

Apodado "Tarzán", MIgueli fue el defensa más temido del FC Barcelona, una fuerza de la naturaleza de bigote imponente y pecho lobo. Un central chapado a la antigua que no hacía prisioneros; para él, el delantero rival era un invasor que debía ser neutralizado por lo civil o por lo militar. Jugaba con el cuchillo entre los dientes y lideraba la zaga blaugrana a base de coraje, testiculina y entradas que hacían temblar el césped del Camp Nou.

Se partió la cara por el club literalmente, llegando a jugar y ganar una final de la Recopa de Europa con la clavícula rota, aguantando el dolor como un auténtico titán. Compartió vestuario con el mismísimo Diego Armando Maradona, pero a Migueli no le hacían falta sustancias para salir revolucionado al campo; su propia intensidad física bastaba para intimidar a cualquiera que osara acercarse a su área. Una vez retirado se le llegó a acusar de conspirar con gente de los Boixos Nois para darle una paliza a Joan Laporta durante la primera presidencia de este. 

Diego Armando Maradona

Hasta el mismísimo Mozart del mundo del fútbol, Diego Armando Maradona, fue un macarra intersecular (del periodo entre siglos), algo que no debería sorprendernos si atendemos a su procedencia. El astro argentino se crió en Villa Fiorito, barrio extremadamente humilde del sur de Buenos Aires. Se trataba de un lugar con altos niveles de pobreza y una infraestructura muy precaria. La zona carecía de agua corriente, electricidad regular y calles pavimentadas durante los años sesenta y setenta. Un momento macarrístico sin igual tuvo lugar el 5 de mayo de 1984 durante la mítica final de la Copa del Rey entre el F.C. Barcelona y el Athletic Club de Bilbao.

El partido, disputado en el Estadio Santiago Bernabéu, pasó a la historia como "La batalla del Bernabéu" debido a la brutal trifulca que se desató tras el pitido final. En él Maradona propinó una rodilla voladora (conocida como flying knee en el mundo del MMA) a un jugador del Athletic, dejándolo totalmente noqueado sobre el terreno de juego. Años después, en 1995 (cuando ya jugaba en Boca Juniors), Maradona invitó a pelear a Julio César "El Huevo" Toresani (abiertamente en medios). Estas fueron sus palabras exactas: “A Toresani le dije en la cancha que yo vivo en Segurola y Habana 4310, séptimo piso. No tengo ningún problema en que me venga a buscar y vamos a ver si me dura treinta segundos”. Ya se sabe: “Uno puede dejar el barrio, pero barrio nunca deja a uno”. 

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