El CUPRA Raval ha comenzado su producción en la planta de Martorell, convirtiéndose en el primer vehículo eléctrico que ha sido diseñado, desarrollado y fabricado íntegramente en estas instalaciones.

Su lanzamiento comercial está previsto para el próximo verano, y antes de que llegue a los concesionarios y a las calles, el proceso de fabricación que sigue merece un análisis detallado, ya que representa un cambio significativo en la estrategia productiva de la compañía y en la adaptación de la fábrica a las exigencias de la electromovilidad.

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Casi una nueva fábrica en Martorell

Para hacer posible la producción de este modelo, la planta de Martorell ha experimentado una remodelación de gran envergadura. Se han acondicionado aproximadamente 160.000 metros cuadrados de superficie, y la denominada Línea 1 ha sido completamente renovada para dar cabida al nuevo sistema de ensamblaje. Este proceso ha requerido la incorporación de cerca de 1.000 nuevos robots y la formación específica de la plantilla en tecnologías de electrificación, lo que supone un esfuerzo industrial considerable orientado a la fabricación de vehículos de cero emisiones.

Entre las principales innovaciones técnicas implantadas destaca la prensa PXL, responsable de la producción de cuatro millones de piezas anuales, y el sistema de medición inline absoluta, una tecnología que emplea cuatro robots con cámaras y seis sensores para verificar y ajustar las dimensiones del vehículo con alta precisión.

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Máxima automatización

En las fases de ensamblaje, los robots titán, con una altura de 2,5 metros y capacidad para manipular cargas de hasta 1.000 kilogramos, se encargan de unir los laterales de la carrocería al bastidor. La soldadura del techo se realiza mediante una cabina láser que opera con tecnología de última generación.

En el apartado de pintura, se ha introducido el horno KTL, que funciona con electricidad y no genera emisiones de CO₂, lo que permite aplicar acabados como el Plasma iridiscente o el Manganese Mate.

Por último, la batería, fabricada en una planta de ensamblaje específica, recorre un túnel de 600 metros hasta acoplarse a la plataforma y al motor eléctrico, integrándose en el conjunto de la carrocería. Con estos procesos, el CUPRA Raval queda listo para su distribución, cerrando así un ciclo productivo que combina automatización, logística y adaptación tecnológica.

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Una larga historía de éxitos

Nosotros, que vimos nacer in situ esta planta SEAT, tras su traslado de la Zona Franca de Barcelona, seguimos asombrándonos día a día, no solo por su supervivencia a lo largo de estos, más de 33 años desde que se inaugurará un febrero de 1993, sino por la adaptabilidad de todo su personal, con un reciclaje continuo para adaptarse a las exigencias del mercado.

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