Bogotá ha amanecido este lunes con una mezcla de celebración, incertidumbre y tensión política. El abogado y empresario ultraderechista Abelardo de la Espriella se ha impuesto en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales colombianas y se convertirá, salvo sorpresa en el escrutinio definitivo, en el próximo presidente del país a partir del 7 de agosto.

Según el preconteo oficial, De la Espriella obtuvo el 49,66% de los votos frente al 48,70% conseguido por el senador izquierdista Iván Cepeda, candidato respaldado por el espacio político del actual presidente, Gustavo Petro. La diferencia ronda los 250.000 sufragios en una de las contiendas más ajustadas desde la instauración de la segunda vuelta presidencial en Colombia.

La victoria supone un giro político de gran magnitud para el país andino. Apenas cuatro años después de la llegada al poder de Petro, primer presidente de izquierdas de la historia reciente de Colombia, una parte importante del electorado ha apostado por una alternativa situada en el extremo opuesto del espectro ideológico.

Aunque el resultado todavía debe ser ratificado por el escrutinio definitivo, la ventaja obtenida por De la Espriella hace muy improbable un vuelco. Sin embargo, tanto Cepeda como sectores del oficialismo han reclamado prudencia y han exigido revisar miles de mesas electorales impugnadas antes de dar por cerrada la contienda.

Un triunfo construido sobre el desgaste de Petro

Más allá de la figura del vencedor, la elección refleja el profundo desgaste sufrido por el proyecto político de Gustavo Petro. La desaceleración económica, la persistencia de la violencia en varias regiones y la percepción de inseguridad han sido aprovechadas por De la Espriella para construir un discurso basado en la confrontación directa contra el Gobierno saliente.

Durante la campaña, el líder de Defensores de la Patria se presentó como un outsider dispuesto a "recuperar el orden" mediante políticas de mano dura. Prometió aumentar la presión militar sobre los grupos armados, construir megaprisiones, acabar con las negociaciones impulsadas por Petro y ampliar la explotación petrolera, incluyendo técnicas tan controvertidas como el fracking.

Su discurso ha sido comparado frecuentemente con el de otros líderes de la nueva derecha radical latinoamericana, como Nayib Bukele en El Salvador o Javier Milei en Argentina. De hecho, buena parte de su campaña se apoyó en una narrativa antipolítica, aunque paradójicamente contó con el respaldo de importantes sectores del establishment económico y político colombiano.

Un personaje polémico llega a la Casa de Nariño

La figura de De la Espriella genera una enorme controversia en Colombia. Conocido durante años por su actividad como abogado de personajes vinculados a escándalos políticos y empresariales, el nuevo presidente ha construido una imagen mediática basada en la confrontación y la provocación.

Diversas organizaciones de defensa de la libertad de prensa han mostrado preocupación por sus enfrentamientos con periodistas y por el uso recurrente de acciones judiciales contra comunicadores que investigaron algunas de sus relaciones profesionales. Asimismo, sus vínculos pasados con figuras controvertidas han sido objeto de debate durante toda la campaña electoral.

Sus críticos advierten además de que su propuesta de reducir el tamaño del Estado en un 40%, recortar ministerios y aplicar políticas económicas de corte liberal podría afectar programas sociales impulsados durante los últimos años. El presidente electo, por el contrario, sostiene que esas medidas son imprescindibles para reactivar la economía y atraer inversión.

La campaña tampoco estuvo exenta de acusaciones de populismo. Sus promesas de resolver rápidamente problemas estructurales como la inseguridad, el narcotráfico o la corrupción fueron recibidas con escepticismo por numerosos analistas, que consideran difícil materializar cambios tan profundos en un país con instituciones complejas y fuertes desequilibrios territoriales.

Un país dividido en dos mitades

El resultado electoral deja una fotografía contundente: Colombia aparece partida prácticamente en dos bloques de tamaño similar. La diferencia inferior a un punto porcentual evidencia que el nuevo mandatario carece de un mandato arrollador para impulsar las transformaciones radicales que prometió durante la campaña.

Además, De la Espriella deberá gobernar con un Congreso fragmentado, donde no dispone de una mayoría clara para sacar adelante sus principales reformas. Esa realidad podría obligarle a moderar parte de su agenda o a negociar con sectores políticos a los que ha criticado duramente durante los últimos meses.

Mientras miles de simpatizantes celebraban en las calles la victoria del autodenominado "Tigre", millones de colombianos observaban con preocupación la llegada al poder de un dirigente que simboliza el ascenso de la ultraderecha en América Latina.

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