Ed Sheeran es lo peor que se puede ser en esta vida. Un tibio, un equidistante, un bien queda, un tolay, un taipic. Y cuando eres así pasa lo que pasa. Que quedas mal y la gente no te tiene respeto.
Ed Sheeran dice que no se mete en política. Que sus conciertos son espacios de alegría, unidad y evasión de la realidad. Que la expulsión de Macklemore no fue decisión suya, sino de los promotores y de los estadios que amenazaron con cancelar la gira. Un cobarde sin memoria, porque Ed Sheeran sí se mete en política. Lo hizo cuando colaboró con la banda ucraniana Antytila, cuyos integrantes aparecían vestidos con uniformes militares; cuando participó en canciones dedicadas a Ucrania y cuando posó con una bandera de UNITED24, la plataforma impulsada por el Gobierno de Volodímir Zelenski. Lo siento, pero hacer propaganda militar ultranacionalista sí es meterse en política.
Frente a él está Macklemore, que sabía que decir “Palestina libre” podía costarle dinero, contratos y escenarios, y aun así lo dijo delante de 90.000 personas. Esa dignidad debería servir de ejemplo a muchos raperos y artistas que convierten la rebeldía en una estrategia de marketing, pero desaparecen cuando defender algo puede afectar a su cuenta corriente.
Y después están Finneas, Lukas Graham, Aaron Rowe y Beoga, que abandonaron la gira en solidaridad con Macklemore. Ellos también tenían contratos, oportunidades y dinero que perder. Sin embargo, eligieron marcharse. Ed Sheeran puede repetir que no toma partido, pero permitir que un artista sea expulsado por decir “Palestina libre” y continuar como si nada también es tomar partido.
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