Un error bastante común es hablar de la creatividad como un don. Un regalo divino que te puede tocar si tienes suerte. Como si fuera la altura, o el color de los ojos. Pero de todas maneras siempre se habla de ella como si fuera un bien escaso reservado solo para un puñado de elegidos. De hecho, la mayoría de las personas suelen decir aquello de “yo es que no soy una persona creativa”, “yo, es que creatividad, cero”.

Mentira cochina. La creatividad no es un don, ni mucho menos. Es una herramienta que sirve para solucionar problemas. Así de sencillo. Hace tiempo vi el caso de un dentista infantil que puso en el techo de su sala un poster gigante de Dónde está Wally. De esa manera, los niños, tumbados boca arriba, se concentraban en encontrar al personaje y el dentista podría trabajar más a gusto. A ver quién le dice a ese señor que es menos creativo que uno que se dedica a hacer anuncios de queso fresco en una agencia de publicidad. Y como este caso hay millones a todas horas en todas partes. La creatividad se aplica en los negocios, en las finanzas, en los talleres y en las panaderías cada vez que alguien utiliza su inteligencia para solucionar un problema.

La diferencia está en qué hacemos con esa herramienta con la que nacemos todos. La creatividad es como un brazo. Todos lo tenemos. Pero algunos van al gimnasio para fortalecerlo y otros no lo mueven y se queda que da pena verlo.

¿Y cómo se entrena? Aquí viene la mejor parte. Básicamente quitándonos el cinismo y viendo la vida con los ojos de un cachorro. Ver pelis, ir a restaurantes, viajar, aprender una habilidad, tirar el móvil por la ventana, meditar, pegarse un atracón de croquetas, escuchar a personas que opinen diferente y cualquier cosa que amplíe nuestra sensibilidad, criterio y gusto. Todo eso se queda dentro de nosotros y acude en nuestra ayuda cuando tenemos un problema. Si un día alguien te echa la bronca por emborracharte un lunes, diles que estás entrenando tu creatividad porque, en realidad, lo estás haciendo.

Eso es lo bueno de la creatividad, que como es de todos, no es de nadie, así que, si conocéis a alguien que se define a sí mismo como creativo, mi recomendación es que hagáis como los de Matrix cuando veían a un agente: salid corriendo.