En 1998, Prácticamente magia no parecía destinada a convertirse en un clásico. La película protagonizada por Sandra Bullock y Nicole Kidman recibió críticas tibias, tuvo una acogida comercial discreta y desconcertó a quienes esperaban que decidiera de una vez qué quería ser. Había romance, comedia, melodrama, asesinatos, hechizos y una casa de ensueño habitada por varias generaciones de mujeres. Casi treinta años después, todo aquello que entonces parecía difícil de clasificar se ha convertido precisamente en su atractivo.

Este septiembre, Sally y Gillian Owens regresan a los cines en Prácticamente magia 2. Bullock y Kidman vuelven a interpretar a las dos hermanas, acompañadas de Stockard Channing y Dianne Wiest, mientras Joey King y Maisie Williams representan a una generación más joven de la familia. La secuela llega a los cines españoles este viernes 11 de septiembre y está dirigida por Susanne Bier.

La película vuelve, sin embargo, a un mundo que ya no contempla a las Owens de la misma manera.

Durante años, Prácticamente magia fue creciendo fuera de los mecanismos tradicionales que convierten una película en un éxito. No necesitó una gran reedición ni una campaña de prestigio. Le bastaron las reposiciones, el streaming y, finalmente, las redes sociales. AP señala que la cinta ha encontrado buena parte de su nueva vida gracias a esa circulación digital y a una comunidad de seguidores que la ha convertido en película de culto.

Los vestidos vaporosos, el encaje, las flores oscuras, las cocinas llenas de hierbas, las velas, los jardines algo salvajes y ese romanticismo de otoño que envolvía la película parecen hoy mucho menos extravagantes que en 1998. Este otoño, publicaciones de moda están identificando precisamente una vuelta del romanticismo gótico y de la estética de bruja noventera, con capas, terciopelo, encajes y motivos oscuros presentes en las tendencias de la temporada.

Internet tiene un nombre para casi todo y también se lo ha dado a esto. Witchcore, witchy, gothic romance. Las etiquetas importan menos que el fenómeno. Una película antigua se ha transformado en un gigantesco tablón de referencias para ropa, decoración, belleza y fantasías domésticas. La casa de las hermanas Owens importa ya casi tanto como la trama.

Eso explica por qué Warner puede recuperar ahora la historia sin tener que presentarla a una generación desde cero.

La nostalgia, además, ha cambiado de funcionamiento. Antes consistía principalmente en vender de nuevo a los adultos aquello que habían consumido de jóvenes. Ahora las plataformas permiten que una obra tenga varias primeras vidas. Una persona que vio Prácticamente magia en VHS puede encontrarse comentándola en TikTok con alguien nacido después de su estreno.

La secuela explota conscientemente ese puente. Bullock y Kidman son también productoras y la historia incorpora a personajes jóvenes junto a las actrices originales. Pero las brujas han cambiado.

Durante buena parte de la cultura popular del siglo XX, podían ser monstruos, villanas o personajes excéntricos. En los últimos años, su imaginario se ha mezclado con ideas mucho más amables y comercializables como intuición, naturaleza, amistad femenina, espiritualidad, autocuidado o independencia. Bullock y Kidman han señalado que incluso la percepción cultural de la palabra ha cambiado desde la primera película.

Las primeras críticas de la secuela están siendo desiguales. Hay elogios a la química entre Bullock y Kidman, pero también reproches a una trama demasiado cargada y a la dificultad de reproducir el encanto aparentemente accidental de la primera película.

Hollywood puede reconstruir la casa, reunir a las actrices y recuperar los hechizos. Lo que no puede fabricar con la misma facilidad son 28 años de cariño acumulado por una película que nadie había previsto convertir en clásico.

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