Cine

El horror que vivieron miles de jóvenes españolas llega al cine con ‘Ruega por nosotras’

Protagonizada por Zoe Bonafonte y Manuela Calle, la película retrata los abusos y la represión que sufrieron miles de mujeres en los reformatorios franquistas

Fotograma 'Ruega por nosotras'.
Fotograma 'Ruega por nosotras'.

En España hubo una época en la que salir de fiesta, tener novio o desobedecer a tus padres podía acabar en un encierro. No era necesario cometer ningún delito. Bastaba con que una joven fuera considerada demasiado rebelde o que su comportamiento no encajara con las normas morales de la sociedad.

Aunque parezca una historia de siglos pasados, esta realidad se prolongó hasta 1985, cuando España ya llevaba años en democracia. Ahora, el director de Celda 211, Daniel Monzón, recupera este capítulo de nuestra historia en Ruega por nosotras, una película que llegará a los cines el próximo 6 de noviembre.

Ruega por nosotras: una historia de amistad y resistencia en pleno franquismo

La película nos traslada a 1974, durante los últimos años de la dictadura franquista. Ana, una joven de 19 años interpretada por Zoe Bonafonte, decide escaparse una noche para asistir a un concierto. Lo que podría parecer un acto de rebeldía adolescente desencadena una decisión que cambiará su vida.

Su padre, incapaz de aceptar su comportamiento, decide enviarla a un reformatorio de Madrid gestionado por religiosas y vinculado al Patronato de Protección a la Mujer.

Allí conocerá a Sole, interpretada por Manuela Calle, otra joven internada con la que construirá una amistad en medio de un ambiente marcado por los castigos, el aislamiento y la falta de libertad.

Lo que comienza como una historia de encierro se transforma en un relato de solidaridad femenina y resistencia frente a un sistema que pretendía convertir a las jóvenes en mujeres obedientes.

¿Qué fue el Patronato de Protección a la Mujer?

El Patronato de Protección a la Mujer fue una institución restablecida por el franquismo en 1941 con el objetivo oficial de proteger y reeducar a jóvenes consideradas en "peligro moral".

Sin embargo, en la práctica se convirtió en un instrumento de control social sobre las mujeres. Miles de jóvenes fueron internadas en centros, muchos de ellos dirigidos por congregaciones religiosas, sin haber cometido ningún delito.

Entre los motivos que podían provocar un internamiento figuraban mantener relaciones sentimentales desaprobadas por la familia, salir de fiesta, quedarse embarazada fuera del matrimonio o mostrar una actitud considerada rebelde.

Según los testimonios de supervivientes y las investigaciones históricas, las internas sufrieron castigos físicos y psicológicos, aislamiento, humillaciones y trabajos no remunerados. También se han denunciado abusos y situaciones de violencia dentro de estos centros.

El objetivo era imponer un modelo de mujer basado en la obediencia, la religión y la sumisión a las normas sociales de la época.

Una institución franquista que sobrevivió hasta 1985

Uno de los aspectos más sorprendentes de esta historia es que el Patronato no desapareció con la muerte de Franco en 1975.

La institución continuó funcionando durante la Transición y sobrevivió a la aprobación de la Constitución española de 1978. Su desaparición definitiva llegó en 1985, una década después del final de la dictadura.

Durante años, muchas supervivientes guardaron silencio sobre sus experiencias. Sus testimonios han resultado fundamentales para recuperar la memoria de una represión que durante décadas permaneció prácticamente invisible.

¿Cuándo se estrena Ruega por nosotras?

Dirigida por Daniel Monzón y protagonizada por Zoe Bonafonte y Manuela Calle, Ruega por nosotras fue presentada en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián de 2026.

La película se estrenará en los cines españoles el 6 de noviembre de 2026, llevando a la gran pantalla una historia que invita a reflexionar sobre la libertad, el control de las mujeres y las heridas todavía presentes de la dictadura.

Porque si al ver Ruega por nosotras algunas escenas parecen sacadas de una película de terror, conviene recordar una diferencia fundamental: el espectador puede levantarse y abandonar la sala. Aquellas jóvenes no tuvieron esa posibilidad.

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