Cine

‘Digger’, la sátira que convierte a Tom Cruise en un oligarca del petróleo dispuesto a salvar el mundo que ayudó a destruir

Alejandro G. Iñárritu utiliza la crisis climática para cargar contra las élites económicas, el poder político y la batalla por controlar el relato

Fotograma de la película ‘Digger’.
Fotograma de la película ‘Digger’.

Tom Cruise lleva décadas salvando el mundo. Lo ha hecho colgado de un avión, saltando entre edificios y persiguiendo amenazas capaces de acabar con la humanidad. En Digger, que llega este viernes 2 de octubre a los cines, Alejandro G. Iñárritu le propone exactamente lo contrario. Esta vez Cruise interpreta al hombre que ha contribuido a poner el planeta al borde del desastre y que, cuando las consecuencias comienzan a hacerse visibles, decide que todavía puede presentarse ante todos como quien va a solucionarlo.

Ahí está buena parte de la carga política de una de las películas más peculiares de la carrera del actor. Digger Rockwell es un magnate del petróleo, extraordinariamente rico y convencido de su propia importancia, cuya compañía provoca una catástrofe de consecuencias globales. Warner Bros. lo presenta directamente como “el hombre más poderoso del mundo”, embarcado en una misión desesperada por demostrar que puede salvar a la humanidad del mismo desastre que ha contribuido a desencadenar.

La contradicción no es accidental. Iñárritu utiliza al personaje para construir una comedia negra sobre una idea reconocible en la política y la economía contemporáneas. Quien acumula suficiente poder no solo puede intervenir sobre la realidad, también puede intentar imponer la historia que se cuenta sobre ella.

El director mexicano ha explicado que una de sus obsesiones al desarrollar la película era precisamente la relación entre el lenguaje, los relatos y la forma en la que las sociedades terminan aceptándolos. Digger aborda el capitalismo, la ambición y el poder, pero también la capacidad de las élites para transformar la responsabilidad en liderazgo y una crisis en una oportunidad para reconstruir su propia imagen.

Un magnate del petróleo ante el fin del mundo

La elección de la industria petrolera tampoco resulta casual. El desastre que pone en marcha la película nace de la actividad empresarial de Rockwell y conecta la sátira con la emergencia climática. En lugar de presentar al personaje como un villano convencional, Iñárritu juega con algo más incómodo, su convencimiento de estar capacitado para arreglar aquello que él mismo ha ayudado a destruir.

La película tampoco se limita a señalar a las grandes fortunas. Políticos, medios de comunicación y estructuras de poder entran en el juego de Iñárritu, que se interesa por la facilidad con la que una determinada versión de los hechos puede desplazar a los propios hechos. La sátira apunta así hacia un ecosistema en el que la comunicación de una crisis puede terminar siendo tan importante como la crisis misma.

Esa dimensión explica también por qué algunos análisis han encontrado ecos de figuras políticas contemporáneas, aunque Iñárritu ha rechazado reducir su protagonista a la caricatura de un dirigente concreto. Su intención declarada es observar los mecanismos del poder, el narcisismo y la capacidad humana para justificar las propias decisiones.

Tom Cruise contra Tom Cruise

Rockwell está prácticamente en las antípodas del Ethan Hunt de Misión Imposible. Allí, Cruise interpreta al hombre capaz de sacrificarlo todo para evitar una catástrofe. Aquí se convierte en un multimillonario extravagante, egocéntrico y responsable de una amenaza que pretende resolver desde una posición de poder casi ilimitado.

El actor aparece además físicamente transformado mediante prótesis y maquillaje, alejándose deliberadamente de la imagen que ha construido durante décadas como estrella de acción. Iñárritu ha explicado que Cruise encontró precisamente en esa transformación una forma de desprenderse del héroe “guapo y fuerte” con el que suele identificársele.

Y no todo el mundo ha comprado la propuesta.

Digger ha llegado a los cines precedida por críticas muy enfrentadas. Hay quienes celebran su ambición y su voluntad de incomodar y quienes consideran que la acumulación de símbolos, gritos y excesos termina debilitando aquello que pretende denunciar. La propia campaña promocional de Warner Bros. ha decidido explotar esa división y ha utilizado las críticas contradictorias como parte del marketing de la película.

Esta vez Tom Cruise no corre para impedir el apocalipsis. Corre para convencer al resto de que, después de haberlo provocado, solo él puede salvarlos.

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