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La inteligencia artificial ya puede generar personajes, construir escenarios e incluso recrear voces sin necesidad de actores frente a una cámara. Lo que todavía no ha conseguido es convencer al público de que compre una entrada para ver el resultado. La primera película china creada íntegramente con imágenes generadas por IA ha fracasado en taquilla, después de una inversión millonaria y un estreno en miles de salas que apenas ha despertado interés entre los espectadores.
Se trata de Sanxingdui Future Past, una producción de ciencia ficción estrenada el 23 de octubre en China que pretendía demostrar hasta dónde puede llegar esta tecnología en la industria cinematográfica. Sin embargo, las cifras cuentan una historia muy distinta a la que esperaban sus productores. La película ha recaudado alrededor de 1,7 millones de yuanes, unos 206.000 euros pese a que su presupuesto superó los diez millones de yuanes y, de acuerdo con sus responsables, alcanzó varias decenas de millones.
El resultado es especialmente llamativo por la magnitud del lanzamiento. La distribuidora programó más de 10.000 sesiones durante el primer día, una apuesta considerable para una película experimental que buscaba presentarse como un avance tecnológico. La respuesta fue muy discreta desde el principio. Según informó la agencia AFP, durante una de las primeras proyecciones en Pekín apenas había cuatro espectadores en la sala.
La situación no mejoró durante los días siguientes. A 2 de noviembre, cuando llevaba once jornadas en cartelera, la recaudación acumulada rondaba los 1,68 millones de yuanes, una cantidad muy alejada de la inversión necesaria para producirla.
Una película sin actores que ha necesitado casi cien trabajadores
Aunque se presenta como una producción generada íntegramente mediante inteligencia artificial, detrás de Sanxingdui Future Past también hay trabajo humano. Cerca de un centenar de profesionales participaron durante más de dos años en su desarrollo, utilizando herramientas de generación de imágenes y vídeo para construir los personajes, los escenarios y las secuencias.
La película, de aproximadamente cien minutos de duración, está vinculada al yacimiento arqueológico de Sanxingdui, situado en la provincia china de Sichuan y conocido por sus espectaculares figuras de bronce. Su argumento combina ese pasado milenario con un futuro dominado por la tecnología.
La historia presenta una sociedad que ha delegado buena parte de sus decisiones en sistemas de inteligencia artificial y termina enfrentándose a una crisis global. Para encontrar una solución, los protagonistas deben investigar una antigua civilización cuyos secretos podrían cambiar el destino de la humanidad.
La paradoja es que una película realizada con inteligencia artificial plantea precisamente los peligros de depender demasiado de ella. Una contradicción que resulta especialmente significativa si se tiene en cuenta el enorme despliegue tecnológico utilizado durante su producción.
El equipo empleó herramientas de IA para generar las imágenes, los personajes y parte de los efectos sonoros, aunque las decisiones creativas, la selección del material y el montaje continuaron dependiendo de profesionales humanos.
El público no parece dispuesto a pagar por cualquier película hecha con IA
El fracaso comercial también ha dejado al descubierto algunas de las limitaciones de estas herramientas. En su análisis de la película, The Guardian señala problemas en la naturalidad de los movimientos, diálogos poco convincentes y una narración que resulta confusa en determinados momentos.
Los personajes presentan, en ocasiones, expresiones y gestos que no terminan de resultar naturales. Es el conocido efecto del valle inquietante, una sensación de extrañeza que aparece cuando una figura artificial se parece mucho a una persona real, pero conserva detalles que impiden percibirla como completamente humana.
En China, los microdramas elaborados con ayuda de inteligencia artificial están experimentando un crecimiento notable, impulsados por plataformas digitales y contenidos breves que se consumen principalmente desde el teléfono móvil.
La experiencia cinematográfica es diferente. El espectador paga una entrada, dedica aproximadamente dos horas a la proyección y espera una calidad narrativa y visual capaz de justificar ese desembolso. El atractivo tecnológico, por sí solo, no parece haber sido suficiente en este caso.
El estreno de Sanxingdui Future Past llega en pleno debate sobre el uso de la inteligencia artificial en el cine y su posible impacto sobre el empleo de actores, guionistas, animadores y técnicos. Las productoras exploran herramientas capaces de reducir costes y acelerar procesos que tradicionalmente requieren equipos numerosos.
Los responsables de Bona Film Group, la compañía vinculada a la producción, han defendido el carácter pionero del proyecto. Su director ejecutivo, Jiang Defu, reconoció antes del estreno la fría acogida inicial, pero insistió en la importancia de haber conseguido una autorización comercial para una película de estas características.
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