La Región de Murcia es, desde la irrupción de Vox, uno de sus principales bastiones; pero también es uno de sus principales dolores de cabeza. La crisis se ha acentuado con la suspensión de militancia de tres de sus cuatro diputados en la Asamblea regional. 

Esta decisión ha sido adoptada por el Comité de Garantías de la formación presidida por Santiago Abascal, que ha situado al borde de la expulsión a los parlamentarios implicados.

El motivo es haber decidido de manera unilateral el despido de hasta cuatro trabajadores, así como haberse hecho con el control de las cuentas.

Los diputados en cuestión son el portavoz del grupo, Juan José Liarte, Francisco Carrera y Mabel Campuzano.

El partido les ha abierto una investigación y, en lo que concluye, han sido suspendidos de militancia hasta conocer los detalles y llegar a una conclusión. Esto coloca a Vox en una situación sumamente delicada, pues se quedaría únicamente con un diputado de los cuatro que cosecharon.

Eso sí, no la estabilidad parlamentaria no estaría en jaque pues el gobierno presidido por Fernando López Miras (PP) en coalición con Ciudadanos solo requiere de un diputado extra, el restante de Vox.

Un auténtico polvorín

Vox comenzó a descomponerse en murcia en plena pandemia. Alba Peña, miembro de la gestora que pilotaba Vox Murcia después de que la Ejecutiva dimitiera en bloque tras el 10N por “exceso de trabajo”, dimitió alegando que se estaba destruyendo la organización en toda España.

A través de una carta, Peña, que formaba parte tanto de la Ejecutiva de Murcia saliente como de la gestora, denunció la “destrucción sistemática” del partido: “Llevo ya meses aguantando por compañerismo, y por negarme a aceptar que este proyecto, al que tantas horas robadas a mi familia, tanto esfuerzo, tanta ilusión y tanto dinero me ha costado, se ha convertido en una organización donde al que trabajó con el antiguo Comité Ejecutivo Provincial (vicesecretarios, coordinadores, voluntarios, jóvenes, etc.) se le considera no apto sólo por haberle dedicado lo mismo que yo, tiempo, esfuerzo, dinero e ilusión. Sobre todo si se atreven a dar su opinión, y no han adoptado el ‘sí bwana’ como únicos vocablos”.

En la misiva añadía que “esto, por desgracia, no solo pasa a nivel provincial. Tengo muchos conocidos en el resto del país y cuentan lo mismo. Me duele profundamente. Me tomé en serio lo que decían Abascal Ortega Smith, que esto era un instrumento al servicio de España, que éramos españoles de a pie, que dábamos un paso al frente para defenderla, pero, por desgracia, la profesionalización del partido significa que, o antepones el “sí bwana” y el hacer el macarra por Twitter, o aplaudir a quien lo haga, o pasas a ser calumniado e insultado sistemáticamente”.

La ya exdirigente de Vox aseguraba que su compromiso era absoluto, pero “tras meses de elevar por los canales internos acciones no solo injustas, sino inmorales e ilegales, y no haber conseguido ni siquiera una respuesta, y tras recibir calumnias e insultos como parte del CEP anterior de personas que se han dedicado a hacer la vida imposible a compañeros de partido delante del presidente y la secretaria actuales y cientos de afiliados más, he decidido darme de baja del partido”.