Que un Juzgado de Primera Instancia de A Coruña haya admitido a trámite la demanda presentada por la Abogacía del Estado para reclamarle a la familia Franco la devolución del Pazo de Meirás al Estado y que con ello se advierte a posibles compradores de que el pazo se halla en proceso judicial de reclamación de la propiedad, es una muy buena noticia que con toda seguridad habrá sido recibida con alborozo muy especialmente por la mayoría de los gallegos.

El “botín” franquista

Y es que aunque todo el foco mediático e histórico está centrado en el “regalo” impuesto o “venta ilegal a los Franco del Pazo de Meirás como edificio emblemático del botín franquista, no es solo es esta gran propiedad de palacete y terrenos enclavados en Sada el único patrimonio gallego del que disfrutó el dictador y su familia en Galicia. Fueron más inmuebles y bienes que, ahora con esta medida cautelar de la anotación preventiva de la demanda en el Registro de la Propiedad de Betanzos, podrían ser reclamados por supuestamente haber sido adquiridos de manera ilegal.

Expolio con trucos legales

Memorialistas gallegos han denominado como “expolio”  lo que la familia de Franco realizó y destacan desde obras de arte hasta elementos que fueron supuestamente vendidos por la Fundación Franco bajo la fórmula de fundar escuelas-talleres tales como cuadros, muebles de lujo, tapices de importante relevancia artística, histórica y del alto valor económico.  

El “deseíto” de Carmen Collares: Esculturas del Pórtico de la Gloria

En esta relación destacaría por un lado las esculturas integrantes del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago. Las esculturas realizadas por el maestro Mateo forman parte de esos supuestos regalos, tras distintas vicisitudes, a la familia del dictador. Su valor económico es tan inimaginable como incuestionable. Investigadores y estudiosos coinciden en que estas esculturas fueron objeto del capricho personal de Carmen Polo, la esposa del Caudillo en 1954. Ante el deseo de la popularmente conocida como “Carmen Collares” las figuras que fueron adquiridas en 1948 por el Ayuntamiento de Santiago para que figurasen como patrimonio público de la ciudad, fueron a manos de los Franco como un nuevo “regalo obligado”. Se da la circunstancia de que recientemente el Consistorio compostelano adoptó medidas legales para intentar recuperarlas. La justicia pide más documentación ya que la familia Franco defiende que se adquirieron aun anticuario en los 50. Cierto es que los Franco tampoco han aportado documentación demostrativa de esa compra con lo que el proceso podría estar abierto.

La Casa Cornide, de ser colegio a propiedad privada 

Se trata de un antiguo colegio convertido en vivienda. El bellísimo inmueble se encuentra en una zona noble de A Coruña frente a la Colegiata. Fue construido entre 1750 y 1760. Tras pasar a manos de los Franco pasó de ser colegio a propiedad privada alegando la familia, en defensa de este cambio de uso, que el dictador lo adquirió a Pedro Barrié de la Maza manteniendo que este lo compró en una subasta pública del Ayuntamiento de A Coruña. Historiadores e investigadores solventes como Carlos Babío y Manuel Pérez han demostrado en distintos trabajos que podría  tratarse de un montaje. Lo cierto es que actualmente continúa como propiedad de la familia.

Se “pierden” dos pilas medievales como último capricho consorte

Y ampliando en carácter caprichoso y en los deseos de nueva rica de la mujer del dictador, Carmen Polo de Franco, traemos a colación otro de los “capricho” de la consorte. Se trata de la iglesia de San Xián de Moraime enclavada en Muxía. Se trata de un edificio románico del siglo XII, de planta basilical con tres naves y tres ábsides. Curiosamente la fachada  nos hace recordar el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago, otro caprichito de Doña “Carmen Collares”.

Este edificio religioso “perdió” dos pilas medievales tras una visita de Carmen Polo en los 60, una de ellas era precisamente la pila bautismal. Está constatado que la esposa del dictador mandó un camión a recogerlas y se las llevó. El sacerdote titular de la iglesia lo comunicó al Arzobispado de Santiago, que hizo caso omiso de la denuncia del cura. Poco antes de que este cura falleciese se trasladó con un abogado a una notaría aportando los libros que probaban que el templo tuvo esas dos pilas que según este abogado se encontrarían en el Pazo de Meirás.