Santiago Abascal Conde, hasta ese momento un mediocre y cuasi desconocido militante del PP, escribía a Mariano Rajoy el domingo 24 de noviembre del 2013 una carta fechada en su pueblo Amurrio (Álava). En ella le comunicaba su “dolorosa determinación de poner fin a mi militancia de casi dos décadas en el Partido Popular. Te traslado, en consecuencia, la que es, sin duda, una de las decisiones más duras de mi vida”. La carta apenas tuvo difusión y tan solo un periódico nacional se hizo eco de ella reproduciéndola integra en su edición del lunes 25 de noviembre. 

Hoy 6 años después, sus protagonistas juegan papeles muy distintos. El destinatario está expulsado de la actividad pública por la moción de censura del 28 de mayo del 2018 presentada por el PSOE y retirado del PP, mientras que el autor de la misiva hoy es diputado y Portavoz del Grupo Parlamentario de Vox en el Congreso de los Diputados que con sus 52 escaños ha pasado a ocupar el tercer lugar por detrás del PP que a duras penas suma 89.

Mucho se ha escrito sobre las razones del crecimiento de este grupo de extrema derecha que no escondiendo su carácter xenófobo, misógino y franquista ha pasado en apenas 3 años de obtener 47.182 votos en las Generales del  2016 a 3.640.063 votos en las celebradas hace apenas 2 semanas. 

A nuestro juicio, dentro de las causas, muchas y variadas, brilla con luz propia el papel deliberadamente dudoso papel jugado por el Partido Popular que tras recibir aquella carta optó por archivarla, sin valorar las consecuencias de todo tipo que de la misma podrían derivarse. Por ejemplo, las electorales. 

Una sangría de votos

Valga como resumen resumido su caída en picado durante el mismo periodo de tiempo en el que Vox ha ido creciendo. De las Generales del 2015 (7.941.236 votos – 33,01%) a las del 10N (5.019.869 votos - 20,82%). Es decir, en términos absolutos ha perdido 2.981,367 votos y en relativos 11 puntos que con todos los matices que se quieran han ido a parar a Vox. Esta misma tendencia se ha visto reflejada en las europeas del mes de mayo.

Pero la entrada de Vox en el Congreso también se ha visto reflejada en los Parlamentos regionales y en un buen número de ayuntamientos. En estos ámbitos territoriales las consecuencias en el PP han sido devastadoras. En la práctica totalidad de los 14 Parlamentos que en los últimos 13 meses se han celebrado elecciones es un hecho cierto que Vox sube y PP baja. Son el caso de  las 12 CCAA que las celebraron en mayo de este año, en las de Andalucía de diciembre del 2018 y en las de la C. Valenciana del pasado mes de abril,  

Su principal perjudicado es Pablo Casado, sustituto de Rajoy en la Presidencia del PP, que ha sufrido serios retrocesos todos ellos paralelos al crecimiento de Vox. De las 17 CCAA, el PP gobierna gracias a Vox en coalición con Ciudadanos tan solo en Andalucía, Madrid y Murcia. La excepción es Castilla y León donde a pesar de la perdida de votos y escaños ha logrado pactar con Ciudadanos sin necesidad del apoyo de Vox. 

En cuanto a los Ayuntamientos, pongamos que hablamos de Madridel panorama es similar para el PP y para Vox. Martínez Almeida es alcalde, a pesar de obtener los peores resultados desde las municipales de 1979,  gracias al apoyo de Vox. 

Una ruina financiera

Pero además de la contaminación electoral, la aparición de la ultraderecha le ha provocado a los inquilinos de Génova 13 otros daños colaterales que aún están por valorar tanto en sus finanzas como en su estructura orgánica.  

En el primer caso hablamos de los 13 millones de euros en subvenciones que son los que ha recibido Vox  por las generales del 28A y 10N y  los 3 millones en las autonómicas andaluzas de diciembre del 2017. A estas cifras hay que añadir otros 3,1 por las subvenciones recibidas en las autonómicas y municipales del 26M. Total que entre unas cosas y otras, son más de 19 millones de euros que antes de la aparición de Vox  su destino natural era ir a parar a la Caja A del PP.

Un goteo constante de bajas

Por lo que se refiere a su repercusión en las estructuras orgánicas de los genoveses, el goteo de bajas es inédito desde la refundación de 1989 en la que AP de Fraga se transformó en el PP de Aznar. Los cuadros y militantes que se han ido a Vox ha sido una constante desde que Abascal decidió un mes después de comunicar a Rajoy su baja inscribir a Vox en el registro de Partidos Políticos del Ministerio del Interior. 

En el caso del Grupo Parlamentario de Vox en el Congreso valga como dato que una docena de sus diputados/as han militado y ocupado responsabilidades en diferentes ámbitos territoriales, además del propio Abascal. Son el caso de  Tomás Fernández, diputado por Huelva, afiliado al PP entre el 2003 y 2011Emilio del Valle Rodríguez, diputado por Cantabria, afiliado al Partido Popular desde los años ochenta (entonces, Alianza Popular); Manuel Mariscal Zabala, diputado por Toledo y gestor de la cuenta en twiter de la expresidenta madrileña Esperanza Aguirre; Juan José Aizcorbe Torra, diputado por Barcelona y afiliado al  PP catalán; Ignacio Gil Lázaro, diputado por Valencia e histórico militante del PP del que fue diputado al Congreso entre 1982-2015; Magdalena Nevado del Campo, diputada por Cáceres, afiliada al PP durante más 20 años; Antonio Salvá. Diputado por Mallorca, ex candidato del PP al Senado por Guipúzcoa; Patricia de las Heras. Diputada por Ibiza. Afiliada a las Nuevas Generaciones del PP desde los 18 años hasta su ingreso en Vox; Luis Gestoso. Diputado por Murcia. Ex alto cargo del Gobierno regional del PP y ex concejal de Molina de Segura; Lourdes Méndez. Diputada por Murcia. Hasta que se dio de baja en el 2017 del PP ha sido diputada entre 2004 y 2015, ex Consejera de Política Social y ex concejal de San Javier.

La misma tendencia se constata en los Grupos Parlamentarios de los 14 Parlamentos regionales que tienen representación. Especial mención merece los casos de Íñigo Henríquez de Luna Losada y Fernando Martínez Vidal

El primero es el actual Portavoz adjunto de Vox en la Asamblea de Madrid y que durante décadas fue dirigente del PP. Afiliado a AP/PP desde 1983 hasta mayo del 2019.  Ha sido de todo un poco: Presidente de NN.GG. del distrito de Salamanca, Presidente del Partido Popular del Distrito de Salamanca, concejal en el Ayuntamiento de Madrid con Esperanza Aguirre (2015-2019) y con Álvarez del Manzano y Ruiz Gallardón (2001-2011); diputado autonómico (2011-2015) y senador territorial.  

El segundo, creador del logo del PP y con 41 años de militancia, es otro histórico genovés que lleva años y años ocupando cargos públicos en las filas conservadoras y que ha encontrado acomodo retributivo entre sus vecinos ideológicos de Vox. También, como era previsible, durante años su hada madrina ha sido Esperanza Aguirre. Su voto junto al de otros 3 concejales de Vox han sido determinantes para que Martínez Almeida sea alcalde Madrid. Desde que fuera elegido diputado a la Asamblea de Madrid en el 2003 hasta que dejó de ser concejal del Ayuntamiento de Madrid en el 2019 su única actividad conocida está relacionada con el PP, incluida la etapa en la que durante 4 años fue jefe de protocolo de la propia Aguirre en la Puerta del Sol. Se da la feliz circunstancia que durante su mandato como concejal fue el que casó civilmente al hoy su jefe de filas, Santiago Abascal.

Un futuro incierto

Y a pesar de que todo esto está sucediendo, la dirección genovesa continúa noqueada y aferrada a la idea que Vox es un fenómeno transitorio y que las aguas volverán a su cauce natural. No son conscientes a que el panorama diario apunta a que Vox, en la hipótesis más favorable para el PP, se va consolidando en una cómoda forma de hacer oposición. De un lado, condiciona las políticas de los gobiernos regionales a los que da sustento (Andalucía, Murcia y Madrid) y de otra obliga al PP a dar bandazos por no saber muy bien como atajar el agujero ideológico y electoral que le ha hecho los que hasta hace nada formaban parte de su activo. 

Y es que vistas las turbias políticas que Casado y su equipo mantienen, por ejemplo, respecto a Cataluña, sobre la dictadura de Franco, exhumación incluida, o sobre la violencia de género no hay que ser un sabueso para deducir que aún no han asumido la paternidad del monstruo que han creado y blanqueado. Los tienen encima y no los ven.