Polémico como ninguno, Francisco Granados campó a sus anchos en el PP madrileño hasta que se le cruzó por delante la Operación Púnica. "Yo he trabajado toda mi puñetera vida subido a una cosechadora para pagarme los estudios”. Así defendió Francisco Granados, en 2013 (La Tuerka), que todo lo que había conseguido era fruto de su esfuerzo personal. Casi cuatro años después, su imperio se ha venido abajo. Hasta su antigua valedora, Esperanza Aguirre, le ha dado la espalda.

En paralelo a su trayectoria política trazó toda una red de influencias. Fue el presidente de la comisión que cerró en falso el escándalo del tamayazo, se le ha vinculado también con la trama Gürtel y en su currículum no autorizado destaca cómo organizó desde su despacho oficial un servicio de contravigilancia para espiar a sus adversarios políticos. Los espías, pagados con dinero público, vigilaron a Alberto Ruiz Gallardón, Ignacio González y Alfredo Prada.

Son sólo algunas de sus hazañas. Éste es el material de lectura básica para conocer a fondo el personaje que ha elaborado nuestro colaborador Los Genoveses.

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