Nigel Farage vuelve a estar en el centro de la polémica. El líder de Reform UK afronta un nuevo escándalo relacionado con la financiación de su partido justo cuando celebra su congreso anual y cuando la formación intenta consolidar el crecimiento que la ha convertido en una amenaza real para los grandes partidos británicos. Reform ha suspendido a James Orr y Dan Jukes, dos de sus dirigentes, después de que una investigación periodística encubierta revelara que ambos habrían mostrado disposición a aceptar dinero de donantes estadounidenses mediante una fórmula destinada a sortear las restricciones de la legislación electoral británica.

La investigación, difundida por Channel 4, se inició en otoño de 2025. Dos periodistas se hicieron pasar por un empresario estadounidense y su hijo residente en Reino Unido, interesados en donar grandes cantidades de dinero a Reform. Según las grabaciones difundidas, Orr y Jukes hablaron con ellos sobre una vía para canalizar el dinero a través del hijo británico.

En una de esas conversaciones llegó a plantearse la posibilidad de hacer llegar al partido hasta medio millón de libras. Jukes sugirió transferir el dinero del padre al hijo y llegó a insinuar que ese mecanismo podría haberse utilizado anteriormente. El escándalo ha provocado una reacción inmediata. Reform ha suspendido a ambos dirigentes mientras la Comisión Electoral y otras autoridades analizan las revelaciones.

"El partido no ha hecho nada malo"

Farage ha intentado contener la crisis defendiendo que Reform no ha infringido ninguna ley y que la formación no ha aceptado "dinero turbio". En declaraciones a la radio británica LBC, el dirigente ultraderechista reconoció, no obstante, que las conversaciones grabadas ofrecen una imagen negativa. "Las conversaciones grabadas a modo de trampa no dan buena impresión y por eso hemos tomado medidas", afirmó.

Farage también trató de desvincularse de las afirmaciones realizadas por sus antiguos colaboradores, calificándolas posteriormente de "charleta de pub" y asegurando que las referencias a otras posibles donaciones irregulares "no sucedieron". La investigación de Channel 4 no se limita a las donaciones. Los periodistas también siguieron el rastro de 32.500 libras pagadas a la empresa demoscópica JL Partners por la pareja que se hizo pasar por donantes. Posteriormente, la encuestadora publicó sondeos favorables a Reform en The Times y The Telegraph sin identificar públicamente quién había financiado esos trabajos.

En una conversación grabada con el falso donante, Farage reaccionó con entusiasmo ante la publicación de esas encuestas. "Ha funcionado, boom", se escucha decir al líder de Reform. El caso añade todavía más presión sobre un partido que ya arrastra otras investigaciones relacionadas con sus fuentes de financiación. El nuevo escándalo coincide con el congreso anual de Reform en Birmingham. La cita pretende servir para exhibir músculo político y preparar a la formación para un escenario en el que aspira a convertirse en una alternativa de Gobierno.

El congreso cuenta además con una presencia especialmente simbólica: Jordan Bardella, presidente de la Agrupación Nacional francesa, participa como invitado especial.  Pero el partido llega a su gran cita anual con una doble realidad.

Por un lado, Reform sigue siendo una fuerza electoral relevante, capaz de disputar votos a conservadores y laboristas. Por otro, Farage afronta una acumulación de polémicas que amenaza con erosionar el discurso de regeneración y ruptura con la política tradicional que constituye una de sus principales banderas.

Los últimos sondeos reflejan, además, cierto desgaste. Según la encuesta de YouGov citada, Reform se sitúa en el 23% de intención de voto, empatado con los laboristas y por delante de los conservadores, aunque ha perdido seis puntos respecto a su máximo apoyo de hace un año.

Un político que resiste pese a los escándalos

La paradoja de Farage es que los escándalos no han acabado, al menos por ahora, con su capacidad para marcar la agenda política británica. Reform ha experimentado un crecimiento extraordinario en los últimos años, su discurso combina nacionalismo, oposición a la inmigración, euroescepticismo y una defensa de la reducción del tamaño del Estado. Farage, antiguo líder del UKIP y uno de los principales rostros del Brexit, lleva décadas intentando transformar el descontento con la política tradicional en una fuerza electoral propia.

Ahora vuelve a intentarlo con Reform. Sin embargo, su ascenso está acompañado de una sucesión de polémicas. Investigaciones periodísticas de The Guardian y The Sunday Times han señalado también posibles donaciones y apoyos económicos procedentes de personas vinculadas al extranjero que no habrían sido declarados correctamente. Esos asuntos están siendo investigados y Farage niega haber cometido irregularidades.

El líder de Reform dimitió como diputado en julio para volver a presentarse a su escaño. En agosto ganó las elecciones en su circunscripción de Clacton, en el este de Inglaterra, en unos comicios en los que los demás partidos parlamentarios decidieron no participar.

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