Este miércoles se firmó, en el Tribunal Supremo de Estados Unidos, una sentencia que cambiará las cosas radicalmente en el panorama electoral del país. El alto tribunal enmendó la Ley del Derecho al Voto de 1965 y, con ella, la representación electoral de las minorías en Estados Unidos. Se trataba de una de las grandes conquistas de la era de los derechos civiles, y supone una decisión que abre la puerta a que los republicanos se apresuren a rediseñar distritos electorales en poder de sus rivales, especialmente en el sur del país, conocidos por ser de "mayoría minoritaria”, al tratarse de circunscripciones en las que un grupo minoritario en la composición demográfica del conjunto del país, por ejemplo, los afroamericanos, representa más del 50% de la población. Tan pronto como al día siguiente tuvo su primera consecuencia, con el anuncio de que Louisiana se prepara para posponer la celebración de sus elecciones primarias, previstas para finales de mayo y que iban a suponer la antesala de las midterms de noviembre. A su vez, este cambio legislativo también mejora significativamente las expectativas del presidente, Donald Trump.

El magistrado encargado de redactar la opinión mayoritaria (favorable a los conservadores por 6 votos a 3), Samuel Alito, matizó que la intención del Tribunal es que la sentencia se aplique exclusivamente en Louisiana, pero se da por hecho que no se limitará a este único estado y que sus efectos cambiarán las reglas del juego democráticas que han regido en este país desde la era de los derechos civiles de los años sesenta. Entre las conquistas de aquella época está la ley que se ha modificado en la actualidad. La carrera por los estados republicanos, especialmente los sureños, se intensifica ahora más que nunca tras el fallo del Supremo. Las encuestas consideran altamente probable que los demócratas retomen el control de la Cámara de Representantes, al ser la única de la que depende el modo en el que estén dibujadas las circunscripciones de voto. Los senadores se eligen, por el contrario, con el recuento de todos los sufragios emitidos en el Estado.

Por ello, Donald Trump ya maquina para traducir la sentencia en ventaja electoral para el Partido Republicano: en un mensaje a través de su red social, escribió que había hablado con el gobernador de Tennessee, el republicano Bill Lee, y que este le había confirmado su intención de trabajar duramente para "corregir los fallos inconstitucionales" de ese Estado, es decir, que todo apunta que la ley no se quedará en Louisiana. "Esto debería darnos un escaño más [en la Cámara de Representantes], lo que nos ayudará a salvar a nuestro país de los Demócratas de la Izquierda Radical", escribió el presidente, que en febrero propuso "nacionalizar las elecciones" para evitar que su organización dependa de los Estados, especialmente de aquellos péndulo o de tradición demócrata. Trump ya recibió entusiasmado el fallo del Supremo, también por llegar a tiempo para los procedimientos mencionados. El curso del Supremo termina a finales de junio o a principios de julio y sus sentencias suelen publicarse por esas fechas. Que haya habido tanto apremio significa que estaba entre sus planes que la decisión fuese efectiva antes de las primarias, previstas para el próximo martes en Ohio.

Vuelta al gerrymandering

Por su parte, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Johnson, también manifestó las intenciones de su partido. "Queremos mapas constitucionales. Todos los Estados que tengan mapas inconstitucionales deberían examinarlos con mucha atención, y creo que deberían hacerlo antes de las midterms", expresó ante los periodistas en el Capitolio. Con el fallo del Supremo, queda anulada la sección segunda de la Ley del Derecho al Voto, que impedía que el diseño de los distritos electorales discriminara el poder de decisión en las urnas de las minorías, que tradicionalmente son de voto demócrata, dando formas geográficas concretas a los distritos para surtir este efecto y sobrerrepresentar o infrarrepresentar al gusto regiones concretas. Este proceso se conoce como gerrymandering.

La demanda que ha derivado en esta sentencia nace en 2022, y surge a raíz de que un trozo estrecho y alargado de tierra que va de la capital de Louisiana, Baton Rouge, a otra ciudad, Shreveport, fuese ganado por el político afroamericano Cleo Fields. Hasta el fallo del Supremo era uno de los dos distritos de este estado que se conocen como de "mayoría minoritaria", al tratarse de circunscripciones en las que un grupo minoritario demográficamente es mayoritario en población. Para el Supremo, es constitucional que los políticos, que tienen el encargo de revisar sus mapas tras la publicación, cada 10 años, del nuevo censo, lo hagan atendiendo a criterios partidistas, pero no que en ese proceso aprovechen para ser discriminativos. Los seis jueces conservadores que han dado luz a la enmienda se adscriben a la escuela del "color blind", cuya traducción literal es daltónico y contextualmente, ciego ante el color, una rama ideológica del conservadurismo estadounidense que considera que la mejor manera de fomentar la igualdad es ignorando la raza o la cultura de cada cual. Desde una perspectiva institucional, esta teoría tiene lagunas, y las posiciones de privilegio acostumbran a mantenerse.

A partir del citado razonamiento, el Supremo dio, en 2024, otro golpe a la igualdad en las universidades con una sentencia que anuló los sistemas de selección de las de Harvard y Carolina del Norte. En la práctica, suponía el veto de décadas en las que se facilitó el acceso de estudiantes negros y latinos con la idea de que los centros educativos debían darles más oportunidades en pos de la diversidad.

Se recrudecen las hostilidades a las puertas de las midterms

Ahora, la decisión del alto tribunal ha contribuido a recrudecer las hostilidades de lo que en este año electoral ya se conoce como la "guerra del gerrymandering". Los dos bandos se enfrentan desde el verano pasado, cuando Texas anunció que retocaría su mapa para favorecer a los republicanos en noviembre. Después llegaron las respuestas demócratas desde California o Virginia y las réplicas conservadoras de Florida, Ohio, Misuri o Carolina del Norte. Por todo ello, pensar que la situación va a limitarse a lo ocurrido en Louisiana parece ingenuo.

Por su parte, la representante demócrata por Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez defendió este jueves ese fuego cruzado como un mal necesario, en tanto que supondrán estados ganados y perdidos para ambos partidos. No está claro, no obstante, que al final se resulte en una suma cero, y tampoco lo está cuánto inclinará en el campo de batalla la balanza del lado republicano la herramienta que el Supremo regaló este miércoles a los de Donald Trump.

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