El próximo 31 de diciembre concluirá el mandato de Antonio Guterres como secretario general de la ONU. El portugués dejará un asiento que no quedará vacío ni una sola jornada, ya que el 1 de enero ya tendrá que ocupar su puesto la persona que haya sido elegida para ello. Es por ello que, en estos compases finales del año, comienzan a examinarse las candidaturas que, desde el año pasado, se vienen presentando para este cargo, cuyo nombramiento tiene lugar en la Asamblea General de las Naciones Unidas tras haber sido recomendado por el Consejo de Seguridad de esta institución internacional. Hasta diez perfiles han mostrado su predisposición para situarse al frente de la ONU, pero el camino podría allanarse para uno que ni siquiera se ha presentado formalemente al ser aquel por el que estaría apostando de manera directa Donald Trump.
El Consejo de Seguridad de la ONU se encuentra conformado por cinco países que, de manera permanente, disponen de un asiento en este que es el principal órgano de las Naciones Unidas y otros diez que son elegidos por la Asamblea General para periodos de dos años. Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido son los estados que más poder poseen en esta institución internacional, ya que, dentro del Consejo de Seguridad, solo ellos disponen de la autoridad de dictar resoluciones de cumplimiento obligatorio y la capacidad de vetar de cualquier iniciativa que pretenda ponerse en marcha. Según los expertos, cuando los tres primeros países mencionados de estos cinco reman en la misma dirección suelen conseguir que tanto franceses como británicos también terminen por dar luz verde a sus propuestas o posicionamientos. Ahora bien, con la proposición que estaría haciendo Donald Trump esta tradición podría hallar una de las excepciones que confirma la regla, pues el estadounidense estaría animando a Viktor Orbán a postularse como candidato a secretario general de la ONU.
El reloj corre y la decisión no puede tardar demasiado en tomarse, pero contando con el apoyo de Trump y el visto bueno de tanto China como Rusia, Orban podría adelantar por la derecha a gran velocidad a las otras figuras que han presentado candidatura al cargo como podrían ser, por ejemplo, el argentino Rafael Grossi, la costarricense Rebeca Grynspan o el ugandés Olara Otunnu. Es por ello que, ante este panorama, la decisión que tomen Francia y Reino Unido se torna vital para que el político ultraconservador húngaro, recientemente derrotado en las elecciones de su país, acceda o no al cargo.
La noticia la ha dado a conocer el Wall Street Journal. El medio de comunicación estadounidense asegura que son las fuentes de hasta tres países que conforman el Consejo de Seguridad las que les apuntan que Trump ha propuesto al húngaro para el cargo, encontrando el mandatario estadounidense el apoyo de otros países que conforman el Consejo de Seguridad de la ONU.
Según el Wall Street Journal, el presidente estadounidense estaría buscando elevar a Orban dentro de las Naciones Unidas por diversas razones, como hacer apología de Vladimir Putin y otros líderes característicos por su autoritarismo, así como por la manera en la que actuó en Hungría contra la migración masiva, las ONG liberales y los tribunales y la prensa de tendencia izquierdista. El medio de comunicación de EEUU apunta que el húngaro podría hallarse dispuesto a dar el paso y presentar candidatura, pero solo si cuenta con la absoluta seguridad de que saldrá elegido.
Dieciséis años de poder entre el autoritarismo, los ataques a las libertades y la corrupción
Viktor Orbán ha pasado de ser uno de los dirigentes más poderosos de Europa a sufrir una derrota histórica en las elecciones parlamentarias del 12 de abril de 2026. Tras 16 años consecutivos como primer ministro, su partido, Fidesz, perdió el Gobierno frente a Tisza, la formación de centro-derecha liderada por Péter Magyar, que obtuvo el 53,2p% de los votos y 141 de los 199 escaños del Parlamento. El resultado puso fin a una etapa en la que el dirigente húngaro había convertido su modelo en un referente para buena parte de la extrema derecha internacional.
Durante sus mandatos, Orbán impulsó reformas constitucionales y legislativas que reforzaron el control del Ejecutivo sobre instituciones fundamentales, mientras la oposición y distintas organizaciones internacionales denunciaban el debilitamiento de la independencia judicial y las restricciones a la prensa. Freedom House advirtió en distintas ocasionese que su Gobierno aprobó medidas que dificultaban la actividad de periodistas, universidades, organizaciones no gubernamentales y grupos críticos con el poder. La concentración de medios en manos de empresarios próximos al Ejecutivo y el uso de la publicidad institucional para favorecer a publicaciones afines también alimentaron las críticas.
Su política migratoria y sus posiciones contra los derechos del colectivo LGTBIQ+ abrieron, además, numerosos frentes con Bruselas. En 2025, el Parlamento húngaro aprobó nuevas restricciones a las manifestaciones del Orgullo, una decisión que provocó una fuerte contestación social. Al mismo tiempo, la Comisión Europea mantuvo bloqueados fondos comunitarios por las deficiencias relacionadas con el Estado de derecho, la corrupción y la independencia de las instituciones.
En política exterior, Orbán mantuvo una relación cercana con Vladímir Putin y obstaculizó en distintas ocasiones iniciativas europeas de apoyo a Ucrania y paquetes de sanciones contra Rusia. Estas posiciones contribuyeron a aislar a Hungría dentro de la Unión Europea, mientras el estancamiento económico y las acusaciones de enriquecimiento de círculos próximos al poder erosionaban su respaldo interno. La victoria de Magyar capitalizó ese desgaste y abrió una nueva etapa política. Tras reconocer la derrota, Orbán anunció que no ocuparía su escaño parlamentario y que se centraría en reconstruir su movimiento político.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
