El histórico de invasiones y ataques militares lanzados por Estados Unidos (EEUU) contra terceros países alegando razones espurias es interminable. Sucedió en el caso del secuestro de Nicolás Maduro, a quien acusaban de liderar un cártel de la droga que posteriormente las propias autoridades estadounidenses reconocieron que no existía, y está pasando con Irán, país al que atribuyen unas capacidades nucleares que todos los servicios de inteligencia han desmentido. La estrategia, dos décadas después, es la misma que pudo verse en Irak y que terminó con miles de muertos y un país destrozado.
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, esgrime el argumento de la amenaza nuclear iraní desde principio de la década de los 90 y su aliado Dondald Trump se ha sumado a la estrategia, pese a que no existe ninguna veracidad, prueba u organismo internacional que apunte en esta dirección. Lo mismo sucedió con aquellas “armas de destrucción masiva” con las que José María Aznar excusó meter a España en la guerra de Irak. Detrás, la pretensión de apropiarse de materias primas extranjeras y dominar enclaves geopolíticos.
El único amo y señor de la Alianza Atlántica (OTAN) ha detonado otra guerra y los sumisos líderes occidentales, con meritorias excepciones, han ido detrás. La última en arrojarse a los brazos de Trump, una vez más, ha sido la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, quien directamente ha defendido que la “necesidad” o no de la guerra detonada por Estados Unidos e Israel es un debate que no se debe tener. Un postura que responde a que, sobre el papel, no existe ninguna causa que valide esta nueva violación del derecho internacional.
Armas nucleares inexistentes
Trump asegura que, antes del ataque lanzado, Irán trabajaba para “fabricar un arma nuclear” de la que estaba “muy cerca”. En este línea, apunta que el país estaba enriqueciendo uranio “en secreto”. El inquilino de la Casa Blanca defiende su ataque como “defensa preventiva”, figura no contemplada en el derecho internacional, y, aun así, no presenta ninguna prueba que sustente su afirmación. Múltiples organismos internacionales las han desmentido, incluido su propio Pentágono. La sede de guerra estadounidense lo confesó ante el Congreso al ser preguntados por diputados demócratas y republicanos de diferentes comités de seguridad nacional.
Es más, diversos informes de la inteligencia estadounidense no han podido cerciorarse de que la teocracia este cerca de un artefacto nuclear. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), dependiente de las Naciones Unidas (ONU), también ha reconocido no tener ninguna evidencia que pueda hacer pensar que Irán está fabricando un arma nuclear. Una mentira repetida miles de veces, Netanyahu lo hace desde 1992, y con la que Trump quiere justificar una nueva injerencia ilegal. No existe ninguna prueba veraz que sostenga la excusas nuclear.
Es más, atendiendo a anteriores conflictos con rigor histórico, los únicos enclaves enemigos que EEUU no se ha atrevido a atacar son aquellos que verdaderamente han tenido potencial nuclear. La estrategia de la paz, el desarme y el camino antinuclear se erigen como una gran farsa que solo debe cumplir aquellos no autorizados por la Casa Blanca, para poder dominarles cómodamente, y del que escapan los aliados (EEUU, Israel, Francia, Reino Unido, etc.) y los países disidentes que se armaron con anterioridad (Rusia, China o Corea del Norte).
Ataques de falsa bandera y ataques a colegios
Los ataques de falsa bandera, también un habitual estadounidense e israelí, comienzan a deslizarse como posibilidad viable. Así lo ha trasladado Irán, que ha asegurado no estar detrás del misil que fue derribado al entrar en espacio aéreo de Turquía y no ser el dueño del dron que impactó contra una base del Reino Unido en Chipre. EEUU e Israel han intentado responsabilizar de ambos ataques al régimen de los ayatolás, pero los propios servicios británicos ya han desmentido que el arma perteneciese a los iranís.
Sobre el ataque en suelo turco todavía existen dudas y Teherán acusa a los agresores. "Las Fuerzas Armadas de la República Islámica de Irán respetan la soberanía de Turquía, país vecino y amigo, y deniegan cualquier lanzamiento de misiles hacia su territorio", ha trasladado el Estado Mayor iraní. “Irán rechaza oficialmente haber atacado cualquier objetivo en Turquía y en la República de Azerbaiyán. Advierte sobre operaciones de falsa bandera por parte de los dos agresores criminales”, apostillaba su embajada en España.
Lo que sí que parece probado tras varias investigaciones es que Estados Unidos estuvo detrás del bombardeo contra un colegio, que se cobró la vida de unas 170 niñas y 15 profesores. Los reputados medios The Guardian (Reino Unido), The New York Times y CNN (EEUU) e instancias internacionales han presentado investigaciones, adjuntando pruebas gráficas y documentales, que responsabilizan a las Fuerzas Aéreas estadounidenses, que en ese mismo momento y en la misma zona lanzaban también otros misiles. La Casa Blanca lo niega, en su línea de despreciar la verdad y apostar por la mentira sistemática.
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