La Administración de la Casa Blanca, en manos de Donald Trump, se ha acostumbrado a medir con precisión los momentos en los que decide revelar información confidencial de interés social. Las cortinas de humo son un recurso muy eficiente para desviar la atención de otros sucesos de mayor gravedad, haciendo que la atención se centre en otros asuntos que desvíen el debate de las cuestiones primarias. Dos de los mejores ejemplos recientes son los archivos de Epstein (que son una cuestión primaria per se, pero que han sido utilizados de esta manera igualmente), o las desclasificaciones de los archivos sobre Fenómenos Aéreos No Identificados (FANI u OVNIS en la cultura popular).

Controlar el relato es muy importante a la hora de emprender cualquier operación sensible para la opinión pública. Opacar completamente las acciones en el extranjero, como el secuestro y sustitución del expresidente venezolano, Nicolás Maduro, o la guerra en Irán junto con Israel, es imposible, pero se puede desviar la atención de esos sucesos para que se hable menos de ellos. Es una estrategia tan vieja como la vida y que se ha visto ejemplificada recientemente con estos dos casos.

El pasado mes de diciembre, la Administración de Donald Trump publicaba, tras meses de anunciar a bombo y platillo que lo harían, la primera tanda de archivos relacionados con el fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein, ya que vencía la fecha límite que le había dado por ley el Congreso de Washington para publicar todos los documentos restantes relacionados con el magnate tras años de batallas legales. Sin embargo, lo que hizo la Casa Blanca fue publicar, en una web creada ex profeso, una cantidad muy pequeña de los archivos y con la mayor parte de su contenido censurado. Más tarde, a finales de enero de este mismo año, la Administración Trump publicaba otros tres millones de archivos, un número mucho mayor, pero con un carácter similar e igualmente marcado por la censura.

Entre los documentos existían imágenes, vídeos de cámaras de seguridad, un registro de vuelo que consta más de un centenar de páginas, una lista de evidencias, un libro de contactos, un listado de masajistas cuyas identidades se han tachado para proteger a las víctimas o numerosos archivos en los que se puede leer el nombre descontextualizado de muchas personalidades de renombre. En muchas de las páginas, de hecho, las tachaduras ocupan folios enteros. Durante una rueda de prensa, el fiscal general Pam Bondi, destituido precisamente por su recelo con el caso, insistió en que ningún hombre, incluido el propio Trump, se vio protegido durante la divulgación de los archivos: "Puedo asegurar que hemos cumplido con la ley. No hemos protegido a Trump, ni dejamos de proteger a nadie", argumentaba, a pesar de la cuantiosa censura de los documentos.

Cambiar el foco

Cuando se publicó la primera remesa de los archivos de Epstein, faltaba apenas una semana para que Nicolás Maduro fuese depuesto como presidente de Venezuela por las fuerzas militares estadounidenses, y cuando se publicó la segunda, de más de tres millones de documentos, había pasado un mes desde entonces y Trump ya había pasado página para intentar anexionarse Groenlandia ante la oposición del resto de la OTAN, de la Unión Europea y de Dinamarca, país al que pertenece oficialmente la isla helada.

El desmantelamiento de una macrored de pederastia en la que están involucrados personajes de máximo reconocimiento mundial no debería ser una cortina de humo para desviar el foco de los intereses geopolíticos de Washington, pero así ha sido. Las publicaciones de estos documentos han sido, en cuanto a su timing, interesadas para que las tropelías de la Casa Blanca en otras partes del globo no hagan tanto ruido. Se les puede llamar, en cierto modo, 'desclasificaciones controladas', tanto por la mesura con la que se elige lo que se publica, como por el momento en el que se hace para mover los hilos de la opinión pública al antojo de la política.

Un segundo ejemplo es el de la desclasificación de los documentos con información sobre Fenómenos Aéreos No Identificados (FANI; UAP son sus siglas en inglés), más reciente y de actualidad. Tras meses anunciando levemente la existencia de estos documentos, se ha procedido a la revelación de una primera tanda que contiene decenas de documentos PDF, vídeos e imágenes nunca antes vistas, pero evidentemente ninguna revelación sobre la existencia de vida extraterrestre ni pruebas concluyentes sobre la misma. Las autoridades han alojado los archivos en una web (war.gov/ufo) del departamento rebautizado por Trump y los suyos como de "Guerra", a pesar de no tener la autorización parlamentaria para tal cosa. En este caso, el objetivo vuelve a ser claro: generar ruido para que no se hable (tanto) de la guerra de Irán, que ya alcanza niveles de impopularidad superiores a los de Vietnam.

Se espera que el Ejecutivo estadounidense vaya agregando nuevo material semanalmente a esta web, cuya URL se decanta por la clásica denominación de UFO (Objetos Volantes No Identificados, los famosos ovnis), que en los ámbitos de defensa y de ciencia está ya superada y sustituida por FANI, debido a la fuerte carga de cultura popular de las primeras siglas. En las segundas entran, además de las naves y objetos de presunto origen extraterrestre, los globos (espía, meteorológicos o de otros tipos), los artefactos militares de otras potencias, la chatarra aeroespacial o las ilusiones creadas por ciertos efectos ópticos. Un término más amplio y no tan absorbido por la ciencia-ficción.

La web contiene una colección fotográfica en blanco y negro con imágenes que representan objetos indeterminados y pies de foto del estilo: "Imagen fija infrarroja (Black Hot) capturada de un objeto no identificado bajo un helicóptero sobre el oeste de Estados Unidos, en septiembre de 2025",  o "Fotografía real del lugar con una superposición gráfica generada por el laboratorio del FBI, que ilustra informes corroborados de testigos presenciales de septiembre de 2023". El primer conjunto son 161 archivos y contiene cables diplomáticos, entrevistas con testigos que relatan supuestos encuentros con FANIs e imágenes captadas durante las misiones espaciales Apolo 12 (1969) y Apolo 17 (1972), fotografías tomadas desde la Luna en esa última misión que aún no habían sido publicadas y la transcripción de las comunicaciones entre los pilotos de dicha expedición. En tal documento se puede leer, además, cómo uno de los tripulantes describe al centro de mando "unas cuantas partículas, fragmentos o algo similar, muy brillantes, que pasan a la deriva" mientras realizan maniobras. "Hay un montón de objetos grandes frente a mi ventanilla, allá abajo; son simplemente brillantes. Por la ventanilla de Ron, el espectáculo parece el del Cuatro de Julio", explicaba el tripulante. A su vez, también se han publicado fotografías del FBI de la Nochevieja de 1999, en las que se puede ver la silueta de lo que parecen aeronaves sin identificar junto a aviones militares estadounidenses.

Sea como fuere, la filtración interesada de estos documentos obedece a una de las múltiples ramificaciones de la estrategia comunicativa de la Casa Blanca. Acallar todo el ruido y todas las críticas es imposible, ya sean procedentes de la prensa o del seno social, pero sí es posible poner en marcha operativos calculados para provocar un cambio en la agenda del debate público y suscitar interés en cuestiones concretas para que absorban el foco por encima de otras más delicadas, como pueden ser perpetrar el secuestro de un líder político de otro país o llevar a cabo una operación militar incierta e impopular a miles de kilómetros de distancia.

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