Las elecciones legislativas del 3 de noviembre pueden convertir al electorado latino en uno de los factores determinantes para decidir el control del Congreso de Estados Unidos. Tras el giro de una parte de esta comunidad hacia Donald Trump en 2024, los últimos sondeos apuntan a un cambio de tendencia: el respaldo al presidente ha disminuido y crece la movilización de votantes hispanos críticos con sus políticas económicas y migratorias. El voto anticipado, que registra cifras superiores a las de anteriores elecciones de mitad de mandato, ofrece ya algunas señales de este fenómeno.
A cuatro días de la cita electoral, más de 41 millones de estadounidenses habían votado por adelantado, nueve millones más que los 32 millones registrados a la misma altura del calendario en las elecciones de 2022. De ellos, 5,2 millones eran latinos, el 12,75% del total, según los datos de la organización Voto Latino. La proporción contrasta con el 8% que representaban los votantes hispanos en 2018. Al mismo tiempo, el peso de los votos de personas blancas ha descendido del 77% al 69%. "Es el tsunami que Voto Latino lleva mucho tiempo pronosticando", afirmó María Teresa Kumar, presidenta de la organización, al presentar los datos.
La importancia de este electorado se aprecia especialmente en cerca de dos docenas de distritos disputados de la Cámara de Representantes en Arizona, California, Colorado, Florida, Pensilvania y Texas, donde los hispanos representan al menos el 20% de los votantes registrados. También pueden resultar decisivos en algunas contiendas al Senado. The New York Times los identifica como uno de los principales grupos de indecisos en estas elecciones.
Texas, el principal termómetro del cambio
Texas se ha convertido en uno de los escenarios más relevantes para comprobar si se está produciendo una reversión del voto latino que contribuyó a la victoria de Trump en 2024. La participación anticipada de los hispanos en este Estado se ha duplicado respecto a 2018, y hasta el viernes anterior a las elecciones se habían contabilizado 1,75 millones de votos latinos, el 28% del total, frente al 20% de 2022 y el 17% de 2018.
La evolución resulta especialmente significativa en un Estado donde el 40% de la población es hispana y se disputan varias contiendas electorales importantes. En la carrera al Senado se enfrentan el demócrata James Talarico y el republicano Ken Paxton, mientras que la demócrata Gina Hinojosa aspira a disputar la gobernación al republicano Greg Abbott. La relevancia electoral de Texas, además, ha llevado a Trump a visitar el Estado en tres ocasiones durante el último mes para apoyar a los candidatos republicanos. Los demócratas también han intensificado sus esfuerzos. Su comité para la Cámara de Representantes (DCCC) asegura haber invertido más de un millón de dólares en el sur de Texas para dirigirse específicamente a los votantes latinos mediante campañas publicitarias y acciones de movilización.
Otro de los enfrentamientos que permitirán medir el cambio de tendencia se encuentra en el distrito 15 de Texas, donde el demócrata Bobby Pulido se enfrenta a la republicana Mónica de la Cruz. El 80% de la población de este distrito es latina y Trump logró imponerse en 2024.
Economía e inmigración, claves del descontento
Los motivos que llevaron a una parte del electorado hispano a respaldar a Trump hace dos años son ahora algunos de los principales factores que explican su descontento. La expectativa de una mejora económica y la promesa de expulsar del país a los inmigrantes que cometiesen delitos fueron dos argumentos importantes para atraer su voto. Sin embargo, el encarecimiento del coste de la vida y las actuaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) han contribuido a modificar esa percepción. La población latina, mayoritariamente vinculada a sectores trabajadores, acusa especialmente el impacto de los precios y observa con preocupación las detenciones y las políticas migratorias de la Administración. "Para los latinos, lo que está en juego no es algo abstracto; es algo absolutamente personal", argumenta Kumar.
Por su parte, el presidente de Mi Familia Vota, Héctor Barba, asegura que el entusiasmo electoral de la comunidad es el mayor de los últimos 30 años. A su juicio, las políticas contrarias a la inmigración han contribuido a incrementar la implicación política de los hispanos, como ya sucedió en California tras la aprobación de la propuesta 187 en 1994, que pretendía restringir el acceso de los inmigrantes indocumentados a determinados servicios públicos. Mi Familia Vota participa por primera vez en una coalición con otras organizaciones latinas, entre ellas LULAC, UnidosUS y Latino Victory. Bajo el nombre de Vamos a Votar, la alianza ha invertido 22,1 millones de dólares en registrar, informar y movilizar a electores hispanos.
Barba matiza que este movimiento no implica necesariamente una identificación generalizada con el Partido Demócrata. "No hay una alineación con el Partido Demócrata, pero sí contra Donald Trump", explica. Los datos de apoyo electoral reflejan ese cambio: en el informe Times Voter Trends, de The New York Times, Trump obtuvo el respaldo del 44% de los votantes hispanos en 2024, frente al 28% de 2016, cuando comenzó su primer término. En la encuesta más reciente, ese porcentaje ha descendido hasta el 31%. Históricamente, la participación electoral de los latinos ha sido inferior a la del conjunto de la población estadounidense. En las elecciones legislativas de 2022 votó el 37% de los hispanos, frente al 52% de participación general. En las presidenciales de 2024, la abstención entre este colectivo alcanzó el 50%, frente al 34% del conjunto de los electores. Entre las razones de esta menor participación figuran las dificultades para registrarse, las barreras idiomáticas y la percepción de que los partidos políticos no prestan suficiente atención a sus demandas.
En esta ocasión, las organizaciones políticas han intensificado los contactos con la comunidad. Janet Soto, una artista cubana residente en Florida, explica que ha recibido muchas más llamadas de grupos demócratas para informarle sobre las fechas de votación y los lugares donde puede ejercer su derecho al voto. Su experiencia personal, marcada por la detención de su pareja, el activista cubano Denis Cabrera Rodríguez, en un centro migratorio, ha influido en su decisión de participar.
La juventud, otra clave
Las campañas también están dirigiendo sus esfuerzos hacia los nuevos votantes. Más de cuatro millones de hispanos han cumplido 18 años desde las últimas elecciones y pueden participar por primera vez en unas legislativas. En concreto Texas ofrece nuevamente un ejemplo de esta tendencia: los jóvenes latinos han emitido ya unos 305.000 votos, frente a los 240.000 registrados en las elecciones presidenciales de 2024, un incremento de aproximadamente 65.000. Y es que aunque comparten las preocupaciones económicas y migratorias del resto de la comunidad, los jóvenes incorporan otros asuntos a sus prioridades, como el medioambiente y la guerra de Gaza.
La evolución del voto hispano será, por tanto, uno de los indicadores fundamentales para interpretar el resultado de las midterms. Su capacidad para movilizarse y trasladar su descontento a las urnas puede influir tanto en el control del Congreso como en el futuro político de Trump durante la segunda mitad de su mandato.
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