Este 28 de marzo se cumple un mes desde que estalló el conflicto en Oriente Medio tras los primeros ataques coordinados de Estados Unidos e Israel. Un mes entero de hostilidades vulnerando el derecho internacional ante las que la comunidad internacional se ha puesto de perfil, sin seguidismos ciegos, y que, de momento, se han saldado con la muerte del líder supremo iraní Alí Jameneí y la sustitución por su hijo Mojtabá Jameneí, un aumento significativo de las tensiones en la región, y el cierre del estrecho de Ormuz, derivando en un aumento internacional de los precios del petróleo, al ser este punto una zona de paso de una quinta parte del crudo mundial. Un mes tras el que Irán no se ha rendido ni ha mostrado intención de hacerlo, a pesar de las peticiones de Donald Trump para que lo hagan de manera incondicional. Los ultimátums del presidente estadounidense, no obstante, siguen siendo los protagonistas del diálogo, y en su última actualización, pone como fecha tope para retomar los ataques sobre las centrales energéticas iraníes el próximo 6 de abril. Un tono, no obstante, que ha cambiado al respecto del principio de la guerra, cuando desde la Casa Blanca se afirmaba que se trataría de una operación exprés en suelo persa.

El presidente de Estados Unidos anunciaba este jueves una nueva prórroga hasta la citada fecha en la suspensión de los ataques contra las centrales energéticas iraníes. Lo hizo en medio de una mezcla ya habitual y contradictoria de presión militar, mensajes de negociación y una arrogante declaración que volvió a descolocar el foco político: aseguró que dirigentes iraníes le habrían propuesto convertirse en su próximo líder supremo. Trump comunicó el aplazamiento en TruthSocial y lo presentó como una respuesta a una supuesta petición iraní para ganar tiempo. En ese mensaje sostuvo además que las conversaciones "siguen en curso y van muy bien", pese a que Teherán ha negado en varias ocasiones haber abierto una negociación directa con Washington

No hay pruebas de que Irán haya formulado ofertas reales en ese sentido, ni para negociar directamente con la Casa Blanca ni, evidentemente, para "nombrar a Trump líder supremo". Lo que sí consta es que Trump lo dijo públicamente durante un acto del Comité Nacional Republicano del Congreso, en un pasaje de tono burlón con el que trató de retratar a Irán como un régimen acorralado y necesitado de una salida, que podría pasar incluso por el absurdo de nombrarle a él como su líder.

Posiciones contrapuestas

Un mes después del comienzo de las hostilidades, el inquilino de la Casa Blanca aseguraba esta semana que el país persa "está deseando llegar al consenso". "Yo no", matizaba, insistiendo en la retórica belicista y arrogante que le caracteriza. Según deslizaba, el régimen iraní admite la derrota y reconoce que 30 días de conflicto "han sido un desastre para ellos y no pueden recuperarse", algo que nunca han hecho directamente. "Ahora hay una oportunidad de llegar a un acuerdo, depende de ellos", emplazaba el republicano en lo que no es una postura de paz como tal, sino de presión sobre el adversario para que reconozca una debilidad de la que no han hablado en ningún momento. En caso de contrariedad desde la parte iraní al plan de paz de Washington, Trump advertía que seguirán "atacándoles", con especial intensidad una vez se alcance la fecha citada en las primeras líneas de este artículo. "Si hacen el acuerdo correcto, entonces el estrecho de Ormuz se abrirá, agregaba Trump, en una afirmación que no depende de los deseos de Washington, sino del control iraní. 

Por su parte, Steve Witkoff, el enviado especial de las negociaciones en Irán, confirmaba esta semana en la junta de gabinete de Trump que ha trasladado una propuesta de 15 puntos a Teherán en el marco de las negociaciones, aunque, sobre su contenido, ha ahondado que el propio inquilino de la Casa Blanca ha dado órdenes de "mantener la confidencialidad y no negociar a través de los medios de comunicación, como hacen otros". Otro de los puntos clave del conflicto, y quizá el más importante, tiene que ver con la explotación del petróleo iraní, sobre el cual Trump no ha descartado que pueda acabar haciéndose con el control de este combustible fósil si se alcanza algún margen de acuerdo, como ya ocurrió con Venezuela.

Bajo este marco, Teherán respondía este jueves a Washington exigiendo "condiciones de no repetición" de las hostilidades bélicas, tanto por Estados Unidos como por Israel, reiterando que el fin del conflicto también incluya al Líbano, otros puntos de la geografía de Oriente Próximo atacados durante este periodo.

Irán incluye a Líbano en cualquier plan de paz que se alcance

Cuando las hostilidades dejan de ser una situación de excepcionalidad y pasan a convertirse en la norma, dejan de caber en una sola frontera. Dentro de las conversaciones, Teherán ha dejado claro que no aceptará una salida parcial del conflicto mientras Israel siga golpeando a Hezbolá y avanzando sobre el sur de Líbano. Una posición que pone el foco sobre un frente secundario, pero presente, para Israel: el establecimiento de una ofensiva sostenida, con destrucción, desplazamientos y un horizonte cada vez menos provisional.

Exigencias que no responden sólo a una cuestión de lealtad hacia un aliado: cabe recordar que Hezbolá no es una pieza lateral dentro del tablero regional, sino que, durante años, ha sido la primera herramienta de disuasión contra Israel del régimen persa, como el brazo con más peso militar dentro de su red de aliados y una herramienta decisiva para proyectar fuerza desde el Mediterráneo oriental sin entrar siempre en choque directo. Que Líbano entre en el eventual alto el fuego significa, por tanto, que Irán no está dispuesto a dejar a Hezbolá solo frente a una ofensiva que amenaza no sólo su capacidad militar, sino también el equilibrio interno libanés.

La posición iraní cobra todavía más sentido porque Hezbolá ha vuelto a entrar de lleno en esta guerra. El grupo reanudó ataques contra Israel a comienzos de marzo y su dirección ha rechazado cualquier conversación bajo fuego, con una advertencia nítida: mientras continúe la ofensiva israelí, no habrá negociación. Esa postura endurece el frente diplomático y vuelve más difícil presentar Líbano como un expediente aparte. Hezbolá da por hecho que el conflicto actual no se resolverá dejando al sur libanés fuera del acuerdo, e Irán ha decidido respaldar esa lectura. El conflicto se encuentra, en estos momentos, en una fase de stand-by sin una dirección clara.

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