Donald Trump ha vuelto a mover el plazo de su amenaza sobre Irán. El presidente de Estados Unidos anunció este jueves una nueva prórroga de diez días en la suspensión de los ataques contra las centrales energéticas iraníes y fijó el nuevo límite en el 6 de abril a las 20.00, hora del Este. En la práctica, las 2.00 de la madrugada del 7 de abril en la España peninsular. Lo hizo en medio de una mezcla ya habitual de presión militar, mensajes de negociación y una declaración que volvió a descolocar el foco político: aseguró que dirigentes iraníes le habrían propuesto convertirse en su próximo líder supremo.
El aplazamiento sí está acreditado. Trump lo comunicó en su red social y lo presentó como una respuesta a una supuesta petición iraní para ganar tiempo. En ese mensaje sostuvo además que las conversaciones “siguen en curso” y que “van muy bien”, pese a que Teherán ha negado en varias ocasiones haber abierto una negociación directa con Washington. Después, en una entrevista televisiva, añadió otro detalle: dijo que Irán había pedido siete días y que él había decidido conceder diez.
La otra frase, la del “líder supremo”, exige otro tratamiento. Evidentemente, no hay pruebas de que Irán haya formulado una oferta real en ese sentido ni confirmación independiente que sostenga esa versión. Lo que sí consta es que Trump lo dijo públicamente durante un acto del Comité Nacional Republicano del Congreso, en un pasaje de tono burlón con el que trató de retratar a Irán como un régimen acorralado y necesitado de una salida.
🇮🇷🇺🇸 Trump: "Irán me ofreció convertirme en el líder supremo, respondí que no, gracias, que no quería".
— GEOPOLÍTICA 🌐 (@Geopolitik_2030) March 26, 2026
—Alucinante ver a un psicópata narcisista en pleno frenesí...asi,con desparpajo,le defeca mentira tras mentira a una audiencia que pagó miles de dólares para ver su… pic.twitter.com/EqXTQHTHWz
No fue una frase aislada. En las horas previas y posteriores, Trump insistió en la idea de que Irán quiere alcanzar un acuerdo aunque no pueda reconocerlo abiertamente. Durante una reunión con su gabinete, aseguró que Teherán busca negociar y lanzó al mismo tiempo una advertencia: si no hay pacto, Estados Unidos seguirá golpeando al país. Esa combinación resume bastante bien el momento actual. La Casa Blanca intenta abrir una ventana diplomática sin retirar la amenaza militar. Presiona, aplaza, vuelve a presionar.
En el lado iraní, el tono es mucho más seco. Las autoridades del país han rechazado la versión optimista que difunde Washington y consideran inaceptable la propuesta estadounidense para poner fin a la guerra. Su respuesta pasa por exigir garantías de no repetición y por ampliar cualquier eventual acuerdo a otros frentes de la región. No se trata sólo de frenar ataques sobre suelo iraní. Teherán quiere que el cierre del conflicto afecte también al tablero de Líbano e Irak y que no quede reducido a una pausa táctica favorable a Estados Unidos e Israel.
Aun así, sí hay señales de contacto. No de negociación formal, no de deshielo visible, pero sí de mensajes cruzados. Pakistán ha reconocido su papel como intermediario entre Washington y Teherán, y desde el entorno estadounidense se ha admitido la existencia de un plan de varios puntos ya trasladado a la parte iraní. Esa vía indirecta encaja con el momento político de ambos gobiernos: ninguno quiere aparecer cediendo, pero ninguno parece dispuesto a cerrar del todo la puerta.
Las autoridades de Irán han confirmado en su último balance más de 1.500 muertos por la ofensiva de Israel y Estados Unidos, entre ellos destacadas figuras como el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei; el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Alí Lariyani; y los ministros de Defensa e Inteligencia, Aziz Nasirzadé e Esmaeil Jatib, respectivamente, así como altos cargos de las Fuerzas Armadas y otros organismos de seguridad.