Internacional

Lula busca cerrar las puertas de Brasil al regreso del ‘bolsonarismo’

El socialista busca un cuarto mandato frente a Flávio Bolsonaro en unas elecciones que también renovarán toda la Cámara y dos tercios del Senado

Lula busca cerrar las puertas de Brasil al regreso del ‘bolsonarismo’. Europa Press.
Lula busca cerrar las puertas de Brasil al regreso del ‘bolsonarismo’. Europa Press.

Brasil vuelve este domingo a las urnas cuatro años después de las elecciones que devolvieron a Luiz Inácio Lula da Silva al Palacio de Planalto y abrieron uno de los periodos más convulsos a nivel interno de su historia reciente. Esta vez no será Jair el que estampe el apellido Bolsonaro en las papeletas, sino su hijo. Flávio, senador y primogénito del expresidente, tratará de mantener con fuerza el movimiento que construyó su padre y devolver a la derecha populista al poder frente a un Lula que, a sus 80 años, aspira a su cuarto mandato no consecutivo y a cerrar la puerta de golpe al bolsonarismo.

La elección llega cuatro años después de que la derrota de Jair Bolsonaro fuera seguida por una ofensiva para revertir el resultado electoral y una grave crisis institucional que tuvo uno de sus episodios culminantes en el asalto del 8 de enero de 2023 a las sedes del Congreso, el Tribunal Supremo y la Presidencia en Brasilia. La candidatura de Flávio no supone una ruptura con aquel espacio político, sino todo lo contrario. El senador ha reivindicado durante la campaña el legado de su padre y conserva buena parte de sus principales banderas, desde el conservadurismo en cuestiones sociales hasta el discurso de mano dura y confrontación política. Jair Bolsonaro cumple actualmente una condena de 27 años de prisión por su participación en la trama para impedir la continuidad democrática tras su derrota en 2022.

Lula llega a las urnas en una posición muy diferente a la de 2022. Entonces regresaba a la carrera presidencial tras años fuera del poder y después de que el Tribunal Supremo anulase en 2021 sus condenas por cuestiones de competencia judicial, lo que le permitió recuperar sus derechos políticos. El actual presidente reunió en torno a su candidatura una amplia coalición que hizo de la defensa de las instituciones uno de sus principales argumentos frente a Jair Bolsonaro. Ahora tiene que responder por cuatro años de Gobierno, blindar sus políticas sociales y convencer de nuevo a un electorado algo menos movilizado que en los anteriores comicios. Datafolha recoge que el 47% de los brasileños percibe menos interés en estas elecciones que en las de 2022, frente a un 44% que observa una mayor movilización.

Lula llega por delante, pero todo está abierto

Los últimos sondeos sitúan a Lula por delante de Flávio Bolsonaro en primera vuelta, aunque sin una distancia suficiente para despejar una eventual segunda vuelta. Según Datafolha, el candidato del PT aglutinaría el 45% de los votos válidos, frente al 40% del candidato del PL. El instituto realizó 2.506 entrevistas presenciales entre el 29 de septiembre y el 1 de octubre, con un margen de error de dos puntos porcentuales.

La distancia prácticamente desaparece al preguntar a los ciudadanos por un duelo directo. El mismo instituto sitúa a Lula en el 48% y a Flávio Bolsonaro en el 45%, una diferencia incluida dentro del margen de error y considerada, por tanto, un empate técnico. Un escenario igualmente ajustado aparece en otros estudios demoscópicos. Las encuestas sirven para describir una elección competida, pero no permiten anticipar un ganador.

La polarización también hace acto de presencia en la carrera presidencial. Lula y Flávio llegan a la recta final con electorados muy consolidados y grandes dificultades para penetrar en el campo contrario. Ambos registran además un 45% de rechazo, según Datafolha. En paralelo, el respaldo al sistema democrático ha aumentado durante este periodo: el 73% de los brasileños afirma preferir la democracia frente a cualquier otra forma de gobierno, frente al 69% registrado en 2024. El dato resulta especialmente relevante cuatro años después de la crisis institucional alimentada por el intento de revertir el resultado electoral de 2022.

El balance social de Lula

El presidente ha centrado buena parte de la campaña en las políticas de transferencia de renta. En septiembre anunció una subida del 15% del Bolsa Família, que eleva de 600 a 691 reales la prestación mínima mensual. La medida ha servido al Gobierno para reforzar uno de sus principales ejes sociales en la recta final electoral, aunque también ha recibido críticas de sus adversarios por el momento elegido para aprobarla.

Ese impulso no elimina el desgaste acumulado por el Ejecutivo. La economía brasileña mantiene niveles elevados de empleo y ha registrado avances en reducción de la desigualdad, pero numerosos hogares siguen soportando tipos de interés altos, endeudamiento y presión sobre el coste de vida. La valoración de Lula refleja esa mezcla: una parte considerable del electorado respalda sus políticas sociales, mientras otra cuestiona su gestión económica y fiscal. Reuters señala precisamente la mejora del empleo y la desigualdad entre los activos del Gobierno, junto a la persistencia de frustraciones económicas y una elevada polarización.

La seguridad se ha convertido además en uno de los asuntos centrales de la campaña. Flávio Bolsonaro ha recuperado la retórica de mano dura que ayudó a consolidar políticamente a su padre, mientras Lula ha defendido una mayor coordinación federal, inteligencia policial y persecución financiera de las organizaciones criminales. Economía, corrupción y delincuencia figuran entre las grandes preocupaciones que atraviesan esta recta final.

Jair no está en la papeleta, pero tampoco fuera de la campaña

Flávio ha intentado convertir el apellido familiar en un activo electoral y no en una carga. Su campaña mantiene vínculos políticos con el trumpismo estadounidense y utiliza la condena de su padre como elemento de movilización entre sus seguidores. Jair Bolsonaro, por su parte, respaldó la candidatura de su hijo como continuidad de su proyecto político.

Lula ha respondido incorporando la defensa de la soberanía nacional a su campaña y criticando las presiones de la Administración de Donald Trump sobre Brasil. La relación con Washington ha adquirido así una dimensión electoral que no existía con la misma intensidad en 2022. La disputa se inserta además en un contexto regional en el que Lula se ha convertido en uno de los principales referentes de una izquierda latinoamericana que ha perdido posiciones en distintos países durante los últimos años.

El Congreso puede importar casi tanto como el Planalto

Un total de 158.745.463 electores está habilitado para votar este domingo, según las estadísticas oficiales del Tribunal Superior Electoral. Además de presidente y gobernadores, Brasil renovará los 513 escaños de la Cámara de Diputados y elegirá 54 de los 81 senadores, es decir, dos tercios de la Cámara Alta. La primera vuelta se celebrará el 4 de octubre y, si ningún candidato presidencial supera la mitad de los votos válidos, habrá una segunda el día 25.

Ese reparto parlamentario será fundamental para quien gane. El Congreso brasileño ha aumentado durante los últimos años su capacidad para condicionar el presupuesto, los nombramientos y buena parte de la agenda del Ejecutivo. La composición de ambas cámaras determinará, por tanto, cuánto margen real tendrá el próximo presidente para llevar adelante su programa durante los próximos cuatro años.

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