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Economía

Europa también depende de Estados Unidos cuando paga un café

El dólar es el valor fundamental cuando se habla del mercado cafetero, a pesar de que Estados Unidos no sea uno de los mayores productores de esta materia prima

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Imagen de recurso de una cucharada de café molido.

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Basta con pedir un espresso en Europa para exponerse a las fluctuaciones de la economía estadounidense. Desde el precio internacional del grano hasta el valor del dólar, pasando por las grandes multinacionales y los mercados financieros, una parte de lo que paga un consumidor europeo al tomarse un café está conectada con Estados Unidos.

La paradoja es que el café que se toma en Madrid, Roma o Berlín probablemente haya recorrido miles de kilómetros desde Brasil, Vietnam, Colombia o algún otro país productor. Estados Unidos no es el gran proveedor de café de Europa. Sin embargo, su moneda, sus mercados y sus empresas tienen un papel mucho mayor del que parece en las matemáticas de este sector.

En 2025, la Unión Europea importó 2,9 millones de toneladas de café procedente de países extracomunitarios, por un valor de 18.700 millones de euros. Brasil fue, con diferencia, el principal origen, con el 34% del volumen, seguido de Vietnam, con el 20%. España recibió el 10% de esas importaciones.

El café se cultiva en Brasil, pero se cotiza en dólares

El café es una materia prima global y sus precios de referencia se forman en grandes mercados financieros. El contrato de futuros Coffee "C" de ICE Futures US es una de las principales referencias internacionales para el café arábica y sus precios se expresan en dólares. Esto significa que un tostador europeo puede comprar café producido en Brasil y, sin que el grano pase por Estados Unidos, estar expuesto a un mercado cuyo precio de referencia está denominado en dólares.

El mecanismo es sencillo: si el café cotiza a 4.000 dólares por tonelada, un importador europeo necesita convertir esos dólares a euros. Si el dólar se fortalece frente al euro, el mismo café resulta más caro para Europa aunque su precio en dólares no haya cambiado. Es una de las vías más directas por las que la política monetaria y financiera estadounidense puede terminar afectando al precio de una taza de café en Europa. El dólar funciona como una autopista comercial, y el café no es una excepción. Muchas materias primas internacionales se negocian en dólares, porque esta moneda continúa desempeñando un papel central en el comercio y las finanzas mundiales.

Para Europa, eso crea una exposición adicional: supongamos que un tostador compra café por 5.000 dólares. Con un tipo de cambio de 1,20 dólares por euro, necesita unos 4.167 euros. Si el euro cae hasta 1,05 dólares, esos mismos 5.000 dólares pasan a costar unos 4.762 euros.

El productor no ha cambiado el precio ni el café ha cambiado, pero estas fluctuaciones han tenido impacto sobre el precio para el comprador europeo. Por eso, el precio del café en Europa depende de dos variables distintas: cuánto cuesta el grano en dólares y cuánto vale el euro frente al dólar.

La geopolítica también se sienta en la cafetería

Brasil y Vietnam concentran una parte muy importante del suministro europeo. En 2025 representaron conjuntamente más de la mitad del café importado por la Unión Europea desde fuera del bloque. Una mala cosecha, una sequía, un exceso de lluvias, problemas logísticos o una crisis política en un país productor pueden reducir la oferta y elevar los precios internacionales. Y cuando el precio sube en el mercado mundial, el efecto puede terminar llegando a Europa aunque el café se haya producido a miles de kilómetros.

En 2025 ya se observó hasta qué punto el precio del café puede alterar la factura exterior europea. Las importaciones de café desde Brasil hacia la UE aumentaron un 29% en valor, mientras que los precios crecieron un 57% y el volumen disminuyó. Es decir: Europa no necesariamente compró mucho más café, pero tuvo que pagar bastante más por él.

Europa tiene proveedores propios, pero no cultiva suficiente café

La cuestión principal es la dependencia exterior. Europa posee una enorme industria de transformación y consumo de café, pero depende de otros países para obtener la materia prima. En 2025, la UE importó 2,9 millones de toneladas de café de fuera de sus fronteras, frente a una producción comunitaria mucho menor y concentrada en productos transformados.

La diferencia entre producir, importar, transformar y consumir es fundamental. Europa puede controlar buena parte de los últimos eslabones de la cadena, pero no puede decidir cuánto llueve en Brasil ni cuánto vale el dólar, que son factores mucho más determinantes que cualquier otro a la hora de determinar los precios.