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Se va camino de los siete meses de conflicto abierto entre Estados Unidos e Irán con el estrecho de Ormuz como centro neurálgico de la tensión bélica, petrolífera y geopolítica mundial. Lejos parece todavía una solución negociada entre estos dos agentes, especialmente con la reciente (y enésima) escalada discursiva del presidente estadounidense, Donald Trump, que amenazaba desde la Asamblea General de las Naciones Unidas con "aniquilar" a Irán si las conversaciones seguían torciéndose.
Recuperando un tono muy triunfalista, Trump se pronunciaba de esta forma desde Nueva York. "Durante 51 años el régimen fanático de Irán ha gobernado de manera sangrienta asesinando, propagando el caos y el miedo en Oriente Medio. Haremos un trato con Irán que les permita reconstruir un país más grande del que tenian antes o los aniquilo. Aniquilo a la República Islámica de Irán para no darles la oportunidad, los llevo al infierno sin posibilidad de supervivencia, sin esperanza de futuro", lanzaba, sin reparos, el inquilino de la Casa Blanca.
Al hilo, moderaba el tono, pero el fondo era el mismo: "No quiero que el peligro crezca, no quiero que los problemas se enconen. Mientras los demás hablan, yo he actuado, yo he hecho la paz. Mientras otros ingoraban las amenazas, yo las he enfrentado. Mientras hablaban de valentía, Estados Unidos la ha demostrado", proseguía el tycoon. En esta línea, el presidente de Estados Unidos optó por presumir de su gestión en la presidencia del país. "La tasa de pobreza ha tocado su cota más baja, la renta de hogares se ha incrementado en niveles más altos. Hace apenas dos años nuestro país estaba medio muerto y ahora somos el país más de moda; antes teníamos la frontera más peligrosa, ahora la más protegida. Nadie entra ya a menos que tengan permiso, hay cero inmigrantes ilegales en Estados Unidos", agregaba Trump.
Evitar la "carrera nuclear" iraní
En este sentido, el inquilino de la Casa Blanca profundizaba en la amenaza nuclear iraní, que en recurrentes ocasiones ha sido aportada como justificación de las operaciones de Washington. De este modo, Trump ha asegurado que el "objetivo" de Teherán era "llegar al final de su carrera" y tener "el arma nuclear detrás de ese escudo". "Cualquier tentativo de pararlos hubiera derivado en un atentado nuclear", espetaba. Cabe destacar que Estados Unidos tiene en su poder miles de cabezas nucleares, mientras que Irán, según datos oficiales, no tiene ninguna.
Tras lanzar todo ello, el presidente estadounidense quiso poner de relieve las consecuencias que se han derivado de la 'Operación Furia Épica', como se bautizó a la ofensiva desplegada por Estados Unidos e Israel en Irán y que acabó con el asesinato, en los primeros días de guerra, del ayatolá Alí Jameneí. "Sus barcos están en el fondo del mar, su fuerza aérea y sus radares están destruidos, sus equipos anti aéreos y su capacidad de fabricar drones están destruidos; lo único que no es la inflación que está acabando con ese país", enumeraba el dirigente norteamericano, con el tono triunfalista ya habitual.
La voluntad iraní para abrir Ormuz, supeditada a Trump
Por su parte, Irán ha asegurado que está dispuesto a abrir el estrecho de Ormuz en un plazo de una semana, pero cuela la pelota en el tejado de Estados Unidos para ello. La última palabra la tiene Donald Trump, que tendrá que aceptar las condiciones que Teherán ha puesto sobre la mesa. Así lo confirmaba el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, el pasado viernes desde Nueva York, donde informó de que su gobierno trasladó a la Administración estadounidense, a través de Qatar, un plan concreto para recuperar el tránsito marítimo por una de las principales arterias energéticas del mundo.
La propuesta, de ser aceptada, activaría una cuenta atrás de una semana en cuanto Washington diera su visto bueno. "Si se cumplen las condiciones necesarias, el estrecho podrá reabrirse y se reestablecerá el tránsito marítimo normal en un plazo de siete días", explicó el alto cargo iraní ante los medios de comunicación. El mensaje de Araqchi fue taxativo: "La decisión está ahora en manos de Estados Unidos".
Algunas de las medidas que incluye el acuerdo podrían completarse incluso en cuatro o cinco días, lo que permitiría abrir el paso en la sexta jornada y utilizar el tramo final para ensanchar los márgenes de diálogo entre sendos países. Teherán vincula dicha reapertura a una serie de condiciones para Estados Unidos entre las que destacan el levantamiento del bloqueo sobre los puertos iraníes, la liberación de fondos congelados y exenciones a las sanciones que pesan sobre sus exportaciones de petróleo. Irán se comprometería, a cambio, a frenar las hostilidades en los distintos frentes de la guerra y a abrir una fase de negociación sobre las cuestiones aceptadas por ambas partes. El ministro de Exteriores iraní insiste en que el grueso de las peticiones no son nuevas, ya que estaban incluidas en el memorando de entendimiento que Washington y Teherán alcanzaron en junio. Paralelamente, si estos puntos no se aceptan, ambos países mantienen sus amenazas de represalia sobre el otro.
"Si existe una voluntad seria por parte de Estados Unidos de llegar a un acuerdo y reabrir el estrecho de Ormuz, todo está ya preparado", apunta el ministro iraní. Si Washington acepta, añade, ambos países podrían abrir posteriormente conversaciones sobre “temas acordados mutuamente”. Según ahondaba Reuters, esas negociaciones podrían llegar a incluir el programa nuclear iraní, aunque un alto cargo de Teherán comentaba en privado que Irán no está dispuesto a realizar concesiones sobre cuestiones como el enriquecimiento de uranio.



