En el actual conflicto de EEUU e Israel contra Irán, un arma relativamente simple se ha convertido en protagonista inesperado. Se trata de los drones de fabricación iraní. Pequeños, baratos y producidos en grandes cantidades, estos aparatos no tripulados han pasado de ser una herramienta secundaria a convertirse en uno de los pilares de la estrategia militar de Teherán.

La reciente escalada militar contra Irán, ha mostrado hasta qué punto esta tecnología puede cambiar el equilibrio en un conflicto. Tras ataques conjuntos de Washington y Tel Aviv contra instalaciones iraníes, Teherán respondió con una oleada masiva de misiles y drones dirigidos contra bases militares y objetivos estratégicos en varios países del Golfo Pérsico.

La operación dejó al descubierto el salto cualitativo de la industria militar iraní, especialmente en el desarrollo de vehículos aéreos no tripulados (UAV).

El nacimiento de un arsenal de drones

Irán no empezó a desarrollar drones recientemente. Desde principios de los años 2000, y con mayor intensidad durante la última década, el país invirtió en este tipo de sistemas para compensar su debilidad en aviación militar frente a potencias, precisamente como Estados Unidos o Israel. A diferencia de estos países, que utilizan drones sofisticados y muy caros, Irán apostó por esta estrategia diferente de fabricar aparatos simples, baratos y fáciles de producir en masa.

Entre los modelos más conocidos se encuentran el Shahed-129. Nos referimos a un dron de combate diseñado para misiones de vigilancia y ataque a larga distancia, comparable en concepto a los drones occidentales de gran autonomía. El Shahed Saegheh posee un diseño desarrollado mediante ingeniería inversa tras capturar un dron estadounidense, con capacidades tácticas avanzadas.
El IAIO Fotros es uno de los drones más grandes fabricados por Irán, capaz de transportar misiles y bombas guiadas. Estos sistemas pueden operar durante más de 24 horas en misiones de vigilancia o ataque y lanzar municiones guiadas con precisión.

El arma estrella, el dron suicida

Los drones kamikaze Shahed son los más conocidos, pues es un dron suicida también conocido como “munición merodeadora”. A diferencia de los drones de reconocimiento, estos aparatos no están diseñados para regresar a su base. Su misión consiste en despegar, localizar un objetivo programado y estrellarse contra él con una carga explosiva. Tiene una longitud aproximada de 3,3 metros, un alcance de hasta 1.900 kilómetros, una carga explosiva de 30 a 50 kilos. Se puede lanzar desde camiones o plataformas móviles y tiene un coste aproximado de 20.000 a 50.000 dólares. Su aspecto es relativamente rudimentario con alas triangulares, hélice trasera y un característico sonido parecido al de una motocicleta o una cortadora de césped. Precisamente esa simplicidad es una de sus grandes ventajas.

El secreto del éxito: una guerra barata

La clave estratégica de estos drones no está solo en su capacidad militar, sino en el enorme desequilibrio económico que generan. Fabricar un dron Shahed puede costar entre 20.000 y 50.000 dólares. Sin embargo, derribarlo suele requerir sistemas de defensa mucho más caros. Por ejemplo un Misil Sidewinder cuesta más de 1 millón de dólares. Un misil AMRAAM  entre 300.000 y 400.000 dólares. Y lo más caro y la sangría para EEUU, un interceptor Patriot tiene un coste para la administración Trump de hasta 3 millones de dólares. Esto significa que destruir un dron puede costar entre 10 y 100 veces más que el propio aparato.

En algunos análisis militares se calcula que por cada dólar gastado por Irán en drones, EEUU puede gastar entre 20 y 28 dólares en defensa aérea.

La táctica del enjambre: saturar las defensas

Por todo ello, la estrategia iraní tras el ataque de hace una semana de EEUU e Israel se basa en lo que los expertos llaman “guerra de saturación”. Consiste en lanzar decenas o cientos de drones al mismo tiempo, creando un ataque en enjambre que obliga a los sistemas defensivos a reaccionar rápidamente. El objetivo no es que todos los drones alcancen su blanco. Basta con que algunos lo hagan para provocar daños, mientras el enemigo gasta enormes cantidades de dinero intentando detenerlos.

Irán habría lanzado más de 2.000 drones en apenas una semana, lo que ha obligado a los sistemas defensivos estadounidenses a disparar cientos de interceptores. El coste para Estados Unidos en esos días superó los 2.300 millones de dólares.

Otra ventaja de estos drones es su forma de vuelo. Muchos modelos operan a baja altitud, siguiendo el contorno del terreno. Esto dificulta su detección por radares de largo alcance. Además pueden volar lentamente durante horas pues son pequeños y difíciles de rastrear algunos integran sistemas básicos de guerra electrónica. Estas características aumentan sus probabilidades de penetrar defensas aéreas complejas.

Miles de drones y bases secretas

El número exacto de drones que posee Irán es desconocido, pero los analistas militares creen que el país dispone de varios miles de unidades operativas. Solo de la familia Shahed podrían existir decenas de miles producidos o almacenados. El arsenal no se concentra en un solo lugar. Está distribuido entre la Guardia Revolucionaria iraní, el ejército regular, bases militares secretas, milicias aliadas en Oriente Medio.

Uno de los aspectos más llamativos del programa militar iraní son sus instalaciones subterráneas. En varios vídeos oficiales, Irán ha mostrado lo que denomina “ciudades de drones” subterráneas. Son enormes complejos excavados en montañas donde se almacenan y preparan los UAV.

Estas instalaciones incluyen túneles de varios kilómetros, hangares subterráneos, rampas de lanzamiento, centros de control, depósitos de combustible y armamento. Las bases están diseñadas para resistir bombardeos y permitir el lanzamiento rápido de drones incluso durante ataques enemigos.

Dónde podrían estar estas bases

Las ubicaciones exactas se mantienen en secreto, pero analistas militares sitúan algunas en zonas estratégicas.
Provincia de Hormozgan. En el sur de Irán, cerca del estrecho de Ormuz, por donde pasa aproximadamente un tercio del petróleo transportado por mar.
Otra zona donde se cree que se almacenan es en la Cordillera de los Zagros. Las montañas del oeste del país ofrecen un terreno ideal para esconder instalaciones militares.
Y por último podrían ubicarse también en zonas desérticas del interior, regiones poco pobladas donde se pueden realizar pruebas y almacenar armamento sin riesgo para la población.

Los drones iraníes también han aparecido en otros conflictos recientes como en la guerra de Ucrania, en los ataques de los hutíes en Yemen y en  operaciones de milicias aliadas de Irán en Oriente Medio. Esto ha convertido a Teherán en uno de los principales exportadores mundiales de drones militares de bajo coste.

El “talón de Aquiles” de Donald Trump

Algunos analistas han comparado el Shahed-136 con el AK-47, el famoso fusil soviético. La razón es simple, pues no siendo el arma más sofisticada del mundo, sí es una de las más baratas, fiables y fáciles de producir. Esa combinación está cambiando el modo en que se libran las guerras modernas. Irán no intenta competir con Estados Unidos en cazas avanzados o bombarderos estratégicos. Su apuesta es distinta. Se trata de lanzar miles de drones baratos capaces de desgastar al enemigo y saturar sus defensas. Ese es el “talón de Aquiles” de Donald Trump y el que le puede alargar la guerra, desfondarse en esta acción militar ilegítima y hacerle un agujero en la economía de su administración de gran profundidad.

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