La caída de Ueno Bank ha provocado un terremoto político y financiero en Paraguay. Lo que inicialmente parecía una crisis bancaria ha terminado convirtiéndose en un escándalo de dimensiones internacionales que ha salpicado al entorno empresarial del presidente Santiago Peña, ha motivado su renuncia y ha puesto bajo el foco la utilización de recursos públicos para alimentar una red de relaciones políticas y empresariales vinculada a la ultraderecha latinoamericana.
El pasado jueves 5 de noviembre, Peña presentó su renuncia a la Presidencia paraguaya, acorralado por las consecuencias de la crisis. Ueno Bank, una entidad bancaria que había experimentado un crecimiento extraordinario durante su mandato, quedó bajo el foco de las investigaciones después de que afloraran graves problemas financieros y presuntas irregularidades en la gestión de los fondos públicos depositados en el banco. La cifra es especialmente alarmante: más de cinco billones de guaraníes, alrededor de 869 millones de dólares, procedentes de organismos estatales, habrían terminado concentrados en la entidad. Una parte fundamental de esos recursos pertenecía al Instituto de Previsión Social (IPS), responsable de administrar las aportaciones destinadas a pagar las jubilaciones de los trabajadores paraguayos.
El crecimiento de Ueno coincidió con cambios en los criterios de inversión del IPS que facilitaron la concentración de depósitos en el banco. Las investigaciones periodísticas han señalado incumplimientos de los límites establecidos y decisiones administrativas que permitieron aumentar considerablemente la exposición del organismo a una sola entidad financiera. La polémica es todavía mayor por los vínculos empresariales previos de Peña con el Grupo Vázquez, propietario de Ueno. Aunque el mandatario aseguró haber vendido su participación en marzo de 2025, su relación anterior con el conglomerado alimentó las sospechas de conflicto de intereses y las exigencias de explicaciones sobre el trato recibido por el banco durante su Gobierno.
Patrocinio de la extrema derecha internacional
Pero el escándalo no termina en Asunción. Ueno también aparece vinculado a uno de los acontecimientos más exclusivos de la internacional conservadora: la Hispanic Prosperity Gala 2026, celebrada en Mar-a-Lago, la residencia privada de Donald Trump en Florida. La entidad paraguaya figuró como uno de los patrocinadores principales, con categoría Diamond, de un encuentro organizado por el entorno de Javier Negre. La gala reunió a empresarios, dirigentes y comunicadores vinculados a la derecha internacional, con entradas VIP que alcanzaban los 5.000 dólares. Entre los participantes figuraron Eduardo Bolsonaro, hijo del expresidente brasileño Jair Bolsonaro, y personalidades como Javier Milei e Isabel Díaz Ayuso, que intervinieron mediante mensajes audiovisuales.
Uno de los momentos destacados fue la entrega de un reconocimiento a Fernando Cerimedo como mejor consultor político hispano del año. El argentino, conocido por su trabajo en campañas electorales y estrategias digitales de la derecha latinoamericana, es socio y colaborador de Negre y ha mantenido relaciones con el entorno de Javier Milei y Jair Bolsonaro. La presencia de Ueno como patrocinador de la gala plantea una pregunta incómoda: ¿por qué un banco paraguayo que concentraba cientos de millones de dólares procedentes de recursos públicos destinaba también importantes recursos a encuentros de proyección política internacional? La entidad financiera actuaba como el presunto brazo financiero de esta red de influencia, conectada con los organizadores de eventos como la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) y las redes europeas ligadas a Vox.
La conexión más llamativa entre el banco y esta red política aparece a través de Andrés 'Andy' Rivas, socio de Cerimedo y asesor informal de Santiago Peña. Rivas no figuraba oficialmente en las planillas del Estado paraguayo, pero acompañó en numerosas ocasiones al presidente y al canciller Rubén Ramírez Lezcano en viajes y reuniones internacionales. Su presencia quedó registrada en encuentros con el Consejo de las Américas, la Fundación Heritage, el Instituto Republicano Internacional, el congresista estadounidense Mario Díaz-Balart, la Embajada de Israel y la Organización de Estados Americanos. Un acceso privilegiado a espacios diplomáticos y políticos de alto nivel que contrasta con la ausencia de un cargo público que explicara formalmente sus funciones.
Cerimedo, detenido en Bolivia
Rivas mantenía, además, una estrecha relación profesional con Cerimedo, cuya actividad se extendía por distintos países de América Latina. El consultor argentino fue detenido en Bolivia tras ser acusado de participar en el ataque contra su antigua pareja, Nadia Beller. La investigación judicial sigue su curso y las acusaciones no constituyen aún una condena firme.
La actividad de Rivas, a su vez, también alcanzó a Argentina. En abril de 2024 organizó un viaje a Taiwán de los diputados Álvaro Martínez, de La Libertad Avanza, y Karina Bachey, del PRO, financiado por el Gobierno taiwanés. La visita coincidió con las negociaciones de la entonces canciller Diana Mondino con China para renovar el acuerdo de intercambio de monedas por 6.000 millones de dólares, en un momento especialmente delicado para la diplomacia argentina.
Sus relaciones tampoco se limitaron al espacio libertario. Rivas mantuvo contactos con dirigentes como Ramiro Marra, José Luis Espert y Gustavo 'Tano' Menéndez, intendente peronista de Merlo. Una red de relaciones que muestra la capacidad de estos consultores para moverse entre gobiernos, partidos y organizaciones internacionales. En ese entramado también aparece la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), uno de los principales espacios de articulación de la derecha estadounidense y sus aliados internacionales. Peña participó en encuentros de este entorno y estrechó relaciones con referentes conservadores europeos, especialmente vinculados a Vox. Negre y Cerimedo, por su parte, han contribuido a proyectar estas alianzas en el ámbito hispanohablante.
Cerca de tres millones de personas afectadas
Mientras tanto, las consecuencias de la crisis bancaria recaen sobre los ciudadanos paraguayos. Cerca de 2,9 millones de clientes se vieron afectados por la paralización de las operaciones de Ueno. Entre ellos hay trabajadores y jubilados que utilizaban la entidad para cobrar sus ingresos. El IPS mantiene una exposición millonaria al banco y deberá afrontar el desafío de recuperar sus inversiones y garantizar el pago de las prestaciones.
La caída de Ueno obliga ahora a investigar quién autorizó la concentración de fondos públicos en esta entidad, qué controles fallaron y qué responsabilidades corresponde dirimir. También será necesario esclarecer si existieron transferencias o contratos que conecten directamente los recursos del banco con las actividades de las consultoras y organizaciones políticas internacionales.
La historia deja una imagen difícil de ignorar: mientras los jubilados paraguayos veían comprometidos los recursos destinados a sus pensiones, Ueno Bank ocupaba un lugar destacado como patrocinador de una gala de la ultraderecha internacional en Mar-a-Lago. Una situación que, aunque aún requiere esclarecer ciertos asuntos, resume la dimensión política de un escándalo que ha terminado llevándose por delante al presidente de Paraguay.
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