La escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán viene siendo constante en las últimas semanas. Las amenazas de Trump con intervenir militarmente en el país de Oriente Medio comenzaron ante los episodios de violencia que sorprendieron a la comunidad internacional, cuando el régimen de Ali Jamenei reprimió duramente las protestas sociales contra la situación de este territorio, en las cuales murieron cientos de personas. Si bien, los avisos de Trump no quedaron ahí, sino que se han mantenido presentes al pasar de advertir de un posible abordamiento del ejército de Estados Unidos en Irán, como consecuencia de la opresión a la ciudadanía, a enlazarlo con el programa nuclear de este país.
Podría decirse que, en lo referido a Irán, Trump no vendría a ajustarse al refrán de "perro ladrador poco mordedor", ya que en junio del pasado año emprendió acciones militares contra Irán al bombardear tres de sus instalaciones nucleares. Desde entonces, el ambiente ha despertado inquietud, al no terminar de esclarecerse si podría tratarse de una acción aislada o estaría a punto de estallar un conflicto en cualquier momento. Precisamente, esto último es lo que se tratará de evitar en Turquía, donde se reunirán próximamente el enviado especial de Estados Unidos, Steve Witkoff, con el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi. El encuentro, que se ha anunciado en las últimas horas, tendrá lugar este próximo viernes y en él, en principio, ambos países tratarán de apaciguar unas aguas agitadas que se habían tornado todavía más convulsas después de que el ejército estadounidense debiera de derribar un dron que se había lanzado contra el portaaviones Abraham Lincoln.
La relación entre Donald Trump e Irán no venido siendo, precisamente, ejemplo de buena consonancia internacional. La cuerda, que, prácticamente, desde el primer mandato de Trump se ha visto a punto de romperse, todavía resiste, si bien la preocupación viene siendo la misma desde 2018, provocando el temor al estallido de un conflicto internacional de dos grandes potencias armamentísticas.
Hace ocho años que el panorama se volvió especialmente complejo ante la decisión tomada por Donald Trump de retirar a Estados Unidos del acuerdo nuclear que limitaba el enriquecimiento de uranio a cambio de un alivio de las sanciones. Esto provocó una reacción en Irán que, lejos de mantener su programa nuclear en la dinámica que venía llevando, comenzó a aumentar la producción de este combustible hasta que dispuso de reservas suficientes para crear armas. Hubo un intento por parte de Teherán de retomar el pacto; no obstante, los ataques de Israel a Irán, de los cuales también formó parte EEUU en junio del pasado año, frenaron en seco las negociaciones que habían comenzado a darse.
Vuelve a darse ahora un intento de abrir paso a la diplomacia por parte de Estados Unidos e Irán, algo que es concebido internacionalmente como necesario, tal es así que, a la cita de este viernes en Turquía, asistirán también los ministros de Exteriores de Arabia Saudí, Qatar, Egipto, Omán, Pakistán y Emiratos Árabes Unidos. Iniciar las conversaciones se torna vital en este punto, ya que las amenazas de Trump no se tratan, aparentemente, de faroles, sino que Estados Unidos ya cuenta con un despliegue de las fuerzas navales de su ejército en Oriente Próximo.
El presidente de los Estados Unidos parece tener claro lo que quiere de Irán, habiendo establecido tres condicionantes para retomar las conversaciones y siendo estos poner fin al enriquecimiento de uranio, limitar su programa de misiles balísticos y suspender su apoyo a las milicias aliadas en la región que luchan contra Israel. Ante estos requisitos, el ministro de Exteriores iraní expresó que, para lograr avances significativos en la relación entre ambos países, es necesario abordar las cuestiones una a una.