La llamada Doctrina Monroe está estos días de nuevo en el centro del debate internacional después de que el actual gobierno de los Estados Unidos la haya invocado para justificar el secuestro de Nicolás Maduro, el ataque a instalaciones militares de Venezuela y la prevista (aunque todavía no materializada) ocupación del país por parte de la administración norteamericana.

Para valorar con rigor esta apelación a tan conocida “doctrina” nos parece un ejercicio clarificador volver al origen histórico del concepto y al contexto concreto en el que fue formulada. Porque, paradójicamente, las palabras de James Monroe en 1823 nacieron como una advertencia contra el imperialismo… y hoy son utilizadas para sostenerlo.

Las palabras de James Monroe nacieron como una advertencia contra el imperialismo

1823: el origen de la Doctrina Monroe

El año clave es 1823. En diciembre de ese año, el presidente James Monroe pronunció ante el Congreso el discurso que con el tiempo daría pie a la conocida como Doctrina Monroe. En ese discurso se refiere explícitamente a España en estos términos: “Los últimos sucesos ocurridos en España y Portugal, demuestran que no está restablecido el orden en Europa, y la prueba más evidente es que las potencias aliadas han considerado conveniente, de acuerdo con sus principios, llegar a la intervención por la fuerza en los asuntos de España”.

Monroe se refería a un hecho concreto: la invasión de España por los llamados Cien Mil Hijos de San Luis, enviados por la Francia borbónica con el beneplácito de la Santa Alianza para destruir el régimen liberal instaurado durante el Trienio Constitucional.

España como laboratorio liberal y la reacción absolutista

Desde 1820, el levantamiento militar que había obligado a Fernando VII a restaurar la Constitución de Cádiz había convertido a España en uno de los laboratorios más avanzados del liberalismo europeo. La soberanía nacional, la división de poderes (y por tanto la limitación de poderes del Rey Fernando VII) y las libertades ciudadanas desafiaban el orden absolutista imperante en el continente. Para las monarquías absolutas de la Santa Alianza, ese ejemplo resultaba intolerable y temían el contagio que ya se estaba produciendo en Nápoles, Portugal o el Piamonte.

Fue por eso que en abril de 1823 el duque de Angulema cruzó los Pirineos al frente de un ejército francés con un objetivo claro: suprimir el liberalismo español y restituir la autoridad absoluta de Fernando VII. La resistencia fue débil, la colaboración de los sectores realistas españoles facilitó la intervención y, en pocos meses, Fernando VII recuperó los plenos poderes de un monarca absoluto. Se inauguraba así la llamada Década Ominosa, marcada por la represión política y por lo que significaría un retroceso histórico en la modernización de España.

América ante la amenaza de la restauración monárquica

Este episodio no pasó inadvertido en América. Tal vez las jóvenes repúblicas recién independizadas veían con inquietud la voluntad de las monarquías europeas de intervenir militarmente y restaurar viejos órdenes políticos. Lo que está claro es que en Estados Unidos no pasó desapercibido y fue en este clima de reacción monárquica en Europa cuando el presidente James Monroe pronunció el discurso que es base de la doctrina que lleva su nombre, y lo hizo con palabras claras y contundentes: “Con las colonias existentes o posesiones de cualquier nación europea no hemos intervenido nunca ni lo haremos tampoco; pero tratándose de los Gobiernos que han declarado y mantenido su independencia, la cual respetaremos siempre porque está conforme con nuestros principios, no podríamos menos de considerar como una tendencia hostil hacia los Estados Unidos toda intervención extranjera que tuviese por objeto la opresión de aquél”.

En esencia, Monroe trazaba una línea roja: las potencias europeas no debían intervenir en América, no debían pretender limitar la soberanía de las nuevas repúblicas. Era, pues, una posición con un marcado carácter defensivo y anticolonial frente a Europa.

Era una posición con un marcado carácter defensivo y anticolonial frente a Europa

De doctrina defensiva a coartada imperial

Ahora bien, la doctrina evolucionó a lo largo del siglo XIX y XX, y no siempre mantuvo el espíritu original. En 1904, el llamado Corolario Roosevelt reinterpretó la Doctrina Monroe para justificar que los Estados Unidos actuaran como una especie de “poder policial” en el hemisferio occidental, en coherencia con la política del Big Stick (“habla suavemente y lleva un gran garrote”), legitimando intervenciones directas en América Latina.

Posteriormente, con el presidente Franklin D. Roosevelt, la política del Buen Vecino intentó suavizar esa imagen, promoviendo una relación más cooperativa. Sin embargo, buena parte de la historiografía latinoamericana se ha encargado de señalar que, en la práctica, la doctrina ha sido utilizada durante décadas como pretexto para justificar la hegemonía estadounidense sobre el resto de las repúblicas americanas, lo que ha generado una crítica constante que nunca la ha visto como un freno al imperialismo sino como una excusa para ejercerlo.

Venezuela y la inversión histórica del significado

Por eso, la apelación actual a la Doctrina Monroe para legitimar una intervención militar o un secuestro político en Venezuela supone una inversión histórica completa de su significado inicial. Lo que nació como un freno al imperialismo europeo ha pasado a ser su coartada en clave estadounidense.

Y así, en la Venezuela de hoy, el pensamiento de James Monroe se encuentra en las antípodas de la actuación de la administración estadounidense, que no protege la independencia de una república americana, sino que la vulnera en nombre de una reinterpretación imperial de la doctrina, incluso dándole un nombre que señala al egocéntrico impulsor de su reinterpretación: Donroe.

Conclusión histórica

Así pues, la conclusión a la que llegamos con perspectiva histórica es clara: Donald Trump tiene más de duque de Angulema que de presidente Monroe.


Cosme Bonet es exsenador y Secretario de Organización y Acción Electoral del PSIB-PSOE.

Súmate a El Plural

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio