“Vengo del futuro”, contaba hace años una mujer de cabellera blanca en un anuncio de lejía que prometía blanquear como ninguna. Hoy en día la mujer del futuro ya está aquí y se llama Terelu Campos. Al menos eso parece cada noche de viernes donde hace auténticos esfuerzos por blanquear como ninguna otra comportamientos que en otro tiempo señalaba sin esfuerzo porque parecía llevarlos integrados en el ADN. El ADN de una María Teresa Campos que decía alto y claro “Soy feminista, me enerva que se cuestione la violencia de género”. Se conoce que ahora son otros tiempos y soplan otros vientos en la casa de las Campos donde el mantra actual es “no puedo llamar maltratador a un hombre sin una sentencia”. Como si nuestra brújula moral se rigiera en exclusiva por las decisiones judiciales, como si nadie conociera a nadie, como si en este país no se retirasen en torno al 15% de las denuncias por violencia de género que se presentan o como si la hemeroteca no existiera.
Llevamos semanas inmersos en un cisma familiar entre dos primos que ahora, en boca de uno de sus protagonistas, parecen serlo solo por la sangre que comparten y no por los afectos. Lo curioso de este punto en el que Carlo Jr. asegura no tener con su prima la cercanía propia de su filiación es la pertinente desmemoria. En el año 2020, previo pago, admitía en ¡Hola! que era su prima favorita y que como tenían la misma edad hacían muchas cosas juntos. Además, cuando Carlo estuvo en la cárcel cumpliendo 21 meses de condena por estafa agravada era precisamente esa prima con la que no tiene lazos más allá de la sangre, Laura Matamoros, la que iba a prisión con cierta asiduidad a llevarle lo que pudiera necesitar. La misma prima que en su tercer grado puso su domicilio como punto de referencia para el cumplimiento de las medidas de seguimiento pertinentes.
El desencadenante de la actual condena al ostracismo de Laura Matamoros por parte de Carlo Jr. es el haberle reclamado posicionarse del lado de su madre en su relato sobre el terrible matrimonio con Carlo Constanzia. Ese del que no hay sentencias ni condenas que hagan que Terelu Campos pueda apoyar a una mujer que se dice maltratada. Claro que, si uno abre una revista Diez Minutos del año 2000 puede leer parte de la nulidad eclesiástica del matrimonio en la que se habla de “conductas violentas” del entonces marido de Mar. Para aquel proceso eclesiástico de nulidad se tomaron los testimonios de 6 personas allegadas de Mar (sus padres, dos de sus hermanos y dos de sus cuñados, entre ellos, Kiko Matamoros). De las testimoniales y pruebas aportadas se acordó, según recoge Diez Minutos, “Concluir la incapacidad del esposo para el matrimonio por tener una anomalía psíquica grave difícilmente reversible”.
Quizás esas vivencias recogidas en aquella nulidad en la que la madre de Laura Matamoros testificó, o las que relata Mar Flores en sus memorias del día que fue con su hermana Marián a denunciar “dolida y con un mechón de pelo en las manos” sean las que hagan que Laura tenga claro de qué lado posicionarse. Quizás esas vivencias y no otras hagan que Laura o su madre Marián no necesiten una sentencia para abrazar a Mar sin dudar de su testimonio y quizás si esas vivencias fueran las de alguien que contara con la simpatía de Terelu harían que dejara de aplaudir las gracias de un señor que asegura que “era mejor llamar a la guardia urbana para dirigir el tráfico de los tíos que estaban por ahí por la casa” durante su matrimonio con Mar.
Mientras tanto seguiremos viendo como Carlo Costanzia y Alejandra Rubio siguen sentándose en platós en los que aseguran sentirse obligados a hablar de temas personales que preferirían no tocar mientras reparten lecciones de moral, esas que en su casa parece no aplicar. Esta semana también cuenta Kiko Matamoros en su programa de Youtube que, los días posteriores al fallecimiento de María Teresa, Terelu puso ahínco en conseguir las condolencias por escrito de todos los lideres políticos del país, algo que le llevó a reclamar a Santiago Abascal su pésame por escrito a través de una amiga común. Según fuentes de toda solvencia consultadas por El Plural, esa amiga sería Isabel Rábago y la imposibilidad de conseguir esa condolencia podría haber sido el motivo de su actual distanciamiento. Vivir para ver.
En otro orden de cosas, dicen los mentideros de este oficio que pronto veremos, previo pago, a una hija y nieta de famosas sentarse en un plató de televisión para contar que ahora su pareja es otra chica. Viva la visibilidad lésbica, que todavía está infrarrepresentada en nuestro audiovisual, pero no puedo evitar preguntarme si ese scoop es un reclamo lícito en 2026 para un prime time. El otro rumor que corre por esos mismos mentideros es que el mismo plató sería el elegido para que otra famosa de cuna contara su próxima maternidad. Estaremos atentos, aunque tengamos todo manga por hombro.
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