Donald Trump se ha obsesionado con Groenlandia. Aunque lo cierto es que el actual mandatario estadounidense no es la primera persona en el cargo con esta pretensión ya que la isla lleva en el radar norteamericano desde que terminara la Segunda Guerra Mundial, el republicano ha hecho elevaciones discursivas sobre el territorio helado que han hecho renacer la cuestión. No obstante, el deseo de anexionar el gélido territorio no viene únicamente de sus propias pulsiones, sino que un multimillonario con el que guarda una cercana amistad ha contribuido, en parte, a que el dirigente republicano redoble sus esfuerzos en esta misión. Se trata de Ronald Lauderheredero del imperio cosmético Estée Lauder y presidente del Congreso Judío Mundial.

Así lo expresa John Bolton, exasesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. De Lauder partiría la idea de hacerse con la isla más grande del mundo, que Trump mencionó por primera como posibilidad en 2018, durante la primera mitad de su primer mandato. En palabras de Bolton, cierto día fue convocado en el Despacho Oval para hablar de una "nueva idea". "Un conocido empresario había sugerido que EEUU comprara Groenlandia". Esa era la idea en cuestión, y ha explicado a The Guardian que el empresario del que se trataba era el presidente del Congreso Judío Mundial.

¿Cómo se conocieron?

La relación entre Trump y Lauder tiene seis décadas de longevidad. Ambos fueron estudiantes en la Wharton School of Business, y conforme fueron pasando los años y las administraciones gubernamentales, Lauder se fue convirtiendo en uno de los más importantes donantes del Partido Republicano y de causas conservadoras. En marzo del año pasado, según datos de la Comisión Federal Electoral, donó cinco millones de dólares a MAGA Inc., el comité de acción política que respalda todas y cada una de las acciones, calculadas y espontáneas, de Donald Trump.

Bolton apunta que la presión ejercida por Lauder no se limitó a una mera conversación, sino que llegaron a discutir por la viabilidad de la maniobra y que un equipo de la Casa Blanca empezó a explorar distintas fórmulas para aumentar la influencia estadounidense en el territorio ártico-danés, incluso se llegó a plantear cambiarlo por Puerto Rico. El objetivo de Washington, bien identificable en la actualidad, no pasaba únicamente por una compra de la isla, sino de un aumento de la presencia militar económica y política estadounidense en el océano.

Desde entonces, Lauder no ha escondido su interés por Groenlandia ni por los recursos naturales de la isla. En febrero de 2025, opinó en el New York Post para defender la idea. "El concepto de Groenlandia de Trump nunca fue absurdo; fue estratégico", escribió. Bajo el hielo y la roca de la isla existen tierras raras necesarias para la elaboración de productos para la inteligencia artificial, armamento avanzado y tecnología moderna, además de nuevas rutas marítimas que emergen a medida que el deshielo avanza en el Ártico. En definitiva, un movimiento con trasfondo económico e imperialista, como otros miles llevados a cabo desde la Casa Blanca a lo largo de su historia.

En el artículo de opinión del Times, Lauder también planteaba alternativas para reforzar la influencia estadounidense sin comprar el territorio, como la firma de "un nuevo acuerdo trilateral con Groenlandia y Dinamarca para formalizar la cooperación en el Ártico". La propuesta coincidía, según varios analistas, con los intereses comerciales que el multimillonario tiene en la región, y choca, además, con la realidad, ya que Estados Unidos ya cuenta con bases militares en la isla a través de las que puede realizar los movimientos que desee e incluso desplegar nuevas, gracias a un acuerdo firmado con Dinamarca tras la Segunda Guerra Mundial.

Lauder, de 81 años, ha invertido en una empresa local de embotellado de agua dulce y se encuentra inmerso en un proyecto para construir una central hidroeléctrica en el lago más grande de Groenlandia. Esta iniciativa se canaliza a través de Greenland Development Partners, un consorcio con sede en Delaware que tiene participación en Greenland Investment Group, presidido por la exsubsecretaria de Estado estadounidense Josette Sheeran. Por ello, que Estados Unidos pasase a controlar la isla de hielo sería especialmente beneficioso para un magnate cuyo pasado político nos recuerda que sirvió en el Pentágono durante la presidencia de Ronald Reagan, fue embajador de Estados Unidos en Austria y en 1989 intentó, fallidamente, alcanzar la alcaldía de Nueva York.

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