“Beben del río Nilo, como es agua contaminada enferman, y la situación se agrava porque no hay servicios de salud, es una cadena”. Resumiéndolo al máximo, este es el día a día de las personas desplazadas en Sudán que llevan años sufriendo la mayor crisis humanitaria del mundo y que, pese a agravarse con el conflicto bélico que estalló en 2023, lleva asfixiando en la pobreza y la desnutrición a sus habitantes de hace muchos años atrás.

Mireia Cuevas Crespo es voluntaria de Acción contra el Hambre y se encuentra sobre el terreno prestando atención y ayuda en los campos de refugiados del país. En aras de compartir la realidad que se vive y con la voluntad de que los ojos se pongan sobre Sudán y se extienda el conocimiento sobre la dimensión de la crisis que sufren sus habitantes, ElPlural.com ha podido hablar con Cuevas, quien incide en la gravedad de esta crisis, “la más grave del mundo”.

En conversaciones con este periódico, Cuevas pone de relieve que, fruto del conflicto armado, la situación en el país es inestable por lo que “no hay ningún tipo de regla, ninguna predicción, nada a lo que agarrarte para decidir moverte de una forma u otra”. “Todo lo que puede estar en contra de una persona a nivel de necesidades humanitarias, lo está”, sostiene. Un escenario que se agrava fruto del bloqueo que sufre el país por la guerra y que impide que entren los recursos de fuera y que los que haya sean limitados. Con todo ello, Cuevas ubica en la desnutrición el problema más severo que ahora mismo enfrentan los habitantes y desplazados. “De una población de más de 50 millones, más de 33 millones necesitan ayuda humanitaria. Además, 20 millones no saben cuándo van a poder volver a comer o comen alimentos que no son nutritivos”, explica. “Como no hay nada, lo poco que haya, aunque sea pienso o hierba, se lo comen y esto deriva en enfermedades”, agrega.

En esta misma línea, este problema se agrava todavía más si cabe en los niños, para los que las previsiones apuntan a que 825.000 sufran desnutrición severa este año. Asimismo, con el fin de obtener agua, Cuevas relata en esta entrevista que lo común entre quienes se encuentran en el país sufriendo este escenario, es que vayan al río Nilo a coger agua, un agua que está contaminada y de la que también beben los animales. “Es una combinación de todos los factores, la falta de comida, la falta de agua…¿Qué hacen las personas ante esta necesidad? Comen comida en mal estado, beben agua contaminada, se enferman, y no pueden recibir el tratamiento que necesitan, es un bucle constante”, advierte esta voluntaria de Acción contra el Hambre.

Las mujeres y los niños, doble factor de riesgo en una crisis "invisible"

En este contexto, si los niños sufren con mayor vulnerabilidad la escasez de alimento, las mujeres se ven expuestas también a violencia sexual o al riesgo de que les quiten los hijos con los que viajan de unas zonas a otras. “Hay mujeres desplazadas con las que hemos hablado, y nos contaban que durante el trayecto tenían un miedo añadido al ir solas, de que, a lo mejor en los puntos entre diferentes regiones, les quitaran a sus hijos, por ejemplo, o que las acosaran”, explica Cuevas.

En esta línea, esta cooperante argumenta que lo que posiblemente diferencia la crisis de Sudán de otras “es que es invisible”. “Nadie habla de Sudán, se da por hecho. Y al ser invisible esto crea un bucle de falta de atención y de falta de financiación. Hablamos de menos del 40% de la financiación necesaria este año a Sudán”, recrimina.

En un orden similar de las cosas, Cuevas insiste en que la crisis que hoy atraviesa Sudán no es solo la crisis humanitaria más grave del mundo, sino también, la crisis de desplazados más grave del mundo. “Hemos estado con dos hambrunas declaradas simultáneamente en el mismo país. Este es un término técnico que se reserva solamente para los puntos más graves, esto significa que las personas que sufren hambre llegan a un nivel de hambre extremo, en el que tu vida está en peligro. El año pasado tuvimos dos en el mismo país, solo tuvimos tres hambrunas en el mundo, una en Gaza y dos en Sudán”, señala.

Mientras sigue siendo invisible, las personas se mueren

Al hilo de todo ello, Cuevas lamenta que cuando se habla de conflictos y de crisis humanitarias se tiende a poner el foco en las cifras, sin ser completamente conscientes de que detrás de esos números hay vidas. “¿Qué significa una cifra para una persona? Significa que come pienso para animales, significa que no bebe agua para que beba su hijo, significa que tiene que huir de su casa con una bolsa o con nada, y caminar tres días para llegar a un sitio donde no hay nada, simplemente para no morir”, subraya.

Con el objetivo de tratar de dar respuesta a esta emergencia, los equipos de Acción contra el Hambre trasladados a Sudán centran sus labores en cuatro necesidades principales: hambre, sed, higiene y riesgo para las mujeres. Sin embargo, Cuevas explica que, al margen de esos factores, también trabajan en la prevención, en el “fortalecimiento de los medios de vida”. “El otro día estuvimos visitando una aldea en Nilo Blanco, y había una mujer que tenía una máquina de tejer y con esa máquina producía sus prendas, que luego intentaba vender. Pero el beneficio que conseguía a través de simplemente su máquina de tejer era insuficiente, sus hijos no podían ir al colegio, no tenía acceso a comida nutritiva, a agua. Entonces, nosotros identificamos estos casos de personas que son vulnerables, y les damos las herramientas suficientes”, detalla.

Sobre la desnutrición infantil severa, Cuevas explica que tratan el problema a través de las clínicas móviles que instalan. “Allí se realiza el chequeo inicial, pesan al niño, lo miden, miden también el perímetro del brazo para identificar si con la edad que tiene el niño, el brazo mide lo que debería medir, entonces, si no mide lo que debería medir, los médicos ya saben si tiene desnutrición y qué grado tiene”, explica. Con todo ello, “se le da el tratamiento necesario, que normalmente suele dar leche terapéutica para que recuperen la fuerza y también hay otro producto muy importante que es una pasta de cacahuete con un valor nutricional altísimo, que se les proporciona y en 3-4 días suelen recuperar, si no totalmente la salud, mucho”, agrega.

La prevención, clave en la respuesta a la emergencia

En la misma línea de todo lo anterior, Cuevas explica que el alcance de la ayuda de Acción contra el Hambre sobre el terreno también comprende campañas y talleres de prevención. En su relato, pone como ejemplo las charlas que ofrecen a las madres embarazadas o con niños recién nacidos con el fin de que aprendan sobre la alimentación de los niños, o su propio cuidado.

“Hay muchas madres que cuando el niño nace, directamente les dan comida o agua, no saben cómo alimentar a un bebé. Entonces esto causa enfermedades y muchas complicaciones de su nutrición, porque cuando nace un bebé, hasta los seis meses solamente se les puede dar leche, y eso no lo saben ellas”, pone como ejemplo.

“Hablamos también con una beneficiaria que nos contaba que tenía tres hijos y tuvo un problema en amamantar a uno de ellos porque tenía un problema en el pezón. Entonces ella no podía darle leche, y en una de estas sesiones, se le enseñó cómo extraer la leche, y después ella en su casa ya lo supo hacer”, añade.

Hacemos un llamamiento a que se ponga el ojo en Sudán

Con todo ello, Cuevas insta a una respuesta unificada e internacional a esta emergencia. “No solo las personas que nos lean y nos vean, sino que a nivel internacional tiene que haber una responsabilidad y una respuesta en concordancia a las necesidades. Necesitamos que a nivel internacional haya una coordinación que por lo menos intente cubrir las necesidades”, sostiene.

“No puede ser que no lleguemos ni al 40% de la financiación necesaria, si estamos hablando de 33 millones de personas, más de la mitad de un país, que están con necesidades gravísimas, que la atención y los recursos se pongan en esta crisis. Porque no es una crisis más, es la más grave del mundo. Hay muchas crisis, estamos en un globo de constante tragedia, y la gente se agota y ve solo cifras, pero hay que concienciar tanto a nivel social como a nivel internacional, tiene que haber una concienciación global para que esta crisis esté en el ligar que le corresponde”, concluye.

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