Trabajar cansa, sentenció laboriosamente el pobre Pavese. Hoy cabe sentenciar que escuchar cansa, que ver cansa: la radio y la televisión se han convertido en armas de extenuación masiva, ¡qué fatiga escuchar un informativo radiofónico, ver un telediario! Escoltado por un puñado de jueces marcadamente antigubernamentales, un espeso enjambre de políticos, periodistas, tertulianos e influencers conservadores han conseguido enrabietar a media España haciendo casi irrespirable el clima emocional del país. Se consideran sobradamente legitimados para hacer lo que hacen: “Hasta que no matemos al Perro, no se acabará la rabia”. En efecto: ciertamente, Sánchez es el Perro, pero quizá la rabia son ellos. Descansarán de su rabia cuando vuelvan al poder. Solo entonces.
No hemos renunciado a estar bien informados, a saber la verdad, pero ha cambiado la manera en que veníamos haciéndolo hasta ahora. Queremos saber la verdad pero solo a través de la lectura, no viéndola en la televisión ni escuchándola en la radio. Queremos estar bien informados sobre la posición de Abascal, de Feijóo o de Ayuso sobre la invasión de Ceuta, la amenaza de los inmigrantes o la dictadura del Perro, pero hemos decidido apagar la radio o quitarle el sonido al televisor cuando ellos hablan. Sentimos que están llegando demasiado lejos en sus injurias, en sus mentiras, en sus augurios y por eso no soportamos tener que escucharlos. Queremos saber lo que piensan y dicen pero únicamente acudiendo a la letra antes impresa y hoy digital, leyendo las crónicas, visitando las columnas, asimilando los análisis, pero no a través de la radio o la televisión.
¿Torrebruno o Tellado?
Adiós telediarios, adiós boletines horarios, adiós emisoras de radio convencionales, adiós canales de televisión generalistas. Adiós La 1, hola Teledeporte; adiós la SER, hola Radio Marca; adiós La Sexta, hola Canal Cocina, buenos días Canal Historia, buenas tardes Canal Mascotas… Muera el hombre informado, viva el hombre alienado. La vieja canción decía que el vídeo mató a la estrella de la radio; nosotros decimos que la polarización de las derechas está marginando los telediarios y los boletines informativos, espantando a una franja de audiencia que siempre les fue fiel. Escuchar a Abascal, a Feijóo, a Ayuso, a Tellado se ha convertido en un suplicio. En los chistes ilustrados del pasado la tortura consistía en permanecer fuertemente amarrados a una silla mientras sonaban una y otra vez los ripiazos de Georgie Dann, de Torrebruno o de Los Hermanos Calatrava; hoy la tortura sería verse obligado a escuchar una y otra vez los cortes de voz de una Ayuso, un Abascal, un Feijóo, un Tellado. ¿Qué prefieres, perro sanchista, a Georgie Dann o a Miguel Tellado?¡Contesta! ¡A Georgie Dann, a Georgie Dann!
Príncipes del ruido, reyes del estruendo. No descansan. Nunca descansarán. No al menos hasta ganar de nuevo el poder perdido. Da igual que tengan un buen motivo para pedir el adelanto electoral y la dimisión de Sánchez o que no tengan nada. Ayer fue la amnistía y hoy es Ceuta; ayer la financiación autonómica y hoy los niños inmigrantes; ayer un Fiscal General y hoy un delegado del Gobierno; ayer David Sánchez y hoy Grande-Marlaska; hoy Begoña Gómez y mañana nada.
Alexa, pon Radio Marca
El hecho de que nos neguemos a ver o escuchar no tiene que ver necesariamente con el hecho de que quienes vociferan sean personas de derechas o incluso muy de derechas: políticos derechistas siempre los hubo y no sentíamos esta necesidad, esta urgencia de silenciar La 1 o La 6, de ordenarle a Alexa: ‘Alexa, pon Radio Marca’. Ni siquiera nos ocurría esto en la legislatura 93/96, última de Felipe González, cuando la presión de la oposición política, mediática y judicial alcanzó cotas hasta entonces nunca vistas. Lo de ahora es distinto. Lo de entones era una borrasca, dura, terrible, sostenida durante tres interminables años, pero a fin de cuentas solo una borrasca; lo de ahora, en cambio, es una dana perpetua. Una dana que no remitirá hasta que lleguen al gobierno. Lo malo es que, cuando haya elecciones en 2027, no sabemos qué será peor, si que ganen o que pierdan.
Por lo demás, cómo no recordar que cuando hablan ‘los nuestros’ tampoco apetece mucho escucharlos. Al igual que su predecesora, en sus comparecencias semanales la actual ministra portavoz del Gobierno parece estar recitando de memoria el frío, previsible, recurrente, trillado argumentario escrito por el gabinete de Moncloa. ¿No tienen a nadie con voz propia? ¿A nadie que hable mejor? ¿A nadie que escriba mejor?
En busca de otro Mazón
Mientras tanto, queda flotado en el aire espeso y viciado del país la gran pregunta del día y tal vez de lo que resta de año: ¿saldrá el Gobierno vivo del carajal de Ceuta? El presidente se ha equivocado demasiado como para convencernos de que ahora sí está acertando: lo escuchamos casi sin escucharlo, como música ambiental; suponemos que hace, obviamente, lo que puede, pero lo que puede no parece que sea mucho, al menos hasta ahora. Pero diga lo que diga e insinúe lo que insinúe la derecha hiperventilada, Pedro Sanchez no fue el Carlos Mazón de la dana que se abatió sobre Ceuta. Tampoco lo fue el ministro Marlaska.
No hubo un Mazón en la dana migratoria ceutí. Los días previos al 30 y 31 de julio hubo avisos puntuales de que en Ceuta iba a llover más de lo habitual, pero no de que se avecinaba el huracán africano que se precipitó sobre la ciudad. Los meteorólogos del Centro Nacional de Inteligencia divisaron las nubes pero no acertaron a determinar su alcance, su envergadura, su peligro, no hicieron bien su trabajo, no estuvieron finos a la hora de elaborar las previsiones; tampoco lo estuvieron los destinatarios de sus tímidas advertencias, pero la responsabilidad de los receptores sería, en todo caso, mucho menor que la de los emisores. Para enterarnos, en fin, de en qué para todo esto seguiremos, naturalmente, leyendo los periódicos, aunque ahora lo hagamos teniendo como sonido de fondo Radio Marca en vez de la SER. Si ver y escuchar nos condena, quizá leer nos salve.
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