The Telegraph, uno de los más prestigiosos periódicos británicos, ha publicado un artículo con la firma de Nick Trend, jefe de Cultura en la sección de viajes del medio, sobre la Semana Santa de Sevilla, en un análisis que, de llegar a los ojos de los españoles y especialmente de los andaluces y sevillanos, armará un buen revuelo.

En el texto, Trend habla de "la oscura historia detrás del deslumbrante festival de Pascua de Sevilla". "El sonido de treinta o más hombres exhalando al unísono mientras cargan un peso inmenso sobre sus hombros. La respiración no es teatral, sino funcional: el sonido del esfuerzo ritualizado", expone el británico. El medio les pone nombre adecuadamente: "son los costaleros", y explican que el peso que cargan es "el paso, una enorme y ricamente ornamentada carroza con imágenes esculpidas de Cristo o la Virgen María, que llevan por las estrechas calles de Sevilla durante la Semana Santa".

En un intento de explicar la tradición a los lectores asiduos del rotativo, Trend desgrana cómo funcionan, por norma general, las procesiones de Semana Santa en España: "Ocultos tras los laterales cubiertos del paso, los costaleros dejan que el peso recaiga sobre sus hombros por unos instantes. Los elementos superiores que se habían estremecido con el repentino levantamiento, comienzan a estabilizarse". "Suenan las trompetas melancólicas de la banda procesional y, a una palabra del líder, los costaleros avanzan al unísono y comienzan su lento y cadencioso paso", añade también en el texto.

"Un pasado oscuro"

El periodista señala también que hay "entre 60 y 70 procesiones de este tipo por Sevilla durante la Semana Santa". "Cada cofradía tiene sus propios colores: negro, blanco, lila, azul oscuro, que se visten como túnicas largas. Casi todos los penitentes llevan la capucha alta y puntiaguda: el capirote, de aspecto ligeramente siniestro", ha opinado, del cual también ha querido recordar que tiene un pasado oscuro: "Tiene su origen en la vestimenta penitencial impuesta durante la Inquisición española. [...] Los condenados en los juicios públicos, conocidos como autos de fe, se veían obligados a llevar sombreros cónicos y túnicas adornadas con símbolos de sus supuestos crímenes. El primer auto de fe tuvo lugar en Sevilla en 1481", recuerda el británico. The Telegraph se centra, así, en la vestimenta de los cofrades y su origen, aludiendo a que "durante cuatro siglos, la Inquisición buscó erradicar la herejía, entre judíos y musulmanes conversos, blasfemos, disidentes y herejes, mediante la coerción, la tortura y la amenaza de muerte por la hoguera o el ahogamiento".

"Si bien el capirote fue posteriormente reivindicado tras la Inquisición como símbolo de penitencia voluntaria y devoción durante la Semana Santa, su sombra perdura. La Semana Santa es un espectáculo de fe, pero también un recordatorio visual de un pasado mucho más oscuro", ha escrito el jefe de Cultura, que también es historiador del arte.

"Resulta difícil imaginar un contraste más marcado con la intensa atmósfera de la Semana Santa y el ambiente sombrío de las ruinas de San Jorge que el de los claustros asombrosamente bellos del Museo de Bellas Artes", ha señalado. El periodista ha zanjado sus reflexiones sobre esta festividad hablando de la etapa en la que Francisco de Zurbarán llegó al actual Museo de Bellas Artes, que antaño era un convento, "encargado de realizar una serie de 22 cuadros para los claustros". "Sevilla era, por aquel entonces, una de las ciudades más ricas de Europa. Enriquecida por el inmenso flujo de oro y plata procedente de América, era una metrópolis de mercaderes, clérigos y artistas. Y de esa riqueza surgió una época dorada de la pintura", ha señalado.

"Al salir de nuevo al crepúsculo sevillano, volví a pensar en los costaleros y su carga. Aquella gran exhalación colectiva parecía resonar a través de los siglos. El realismo de las estatuas talladas y pintadas que portan está inspirado en el Barroco. Pero mientras que los capirotes recuerdan a la Inquisición, el paso evoca una época dorada del arte", ha contrapuesto, para terminar, el periodista británico.

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