La moción de censura que desalojó hace ahora ocho años al expresidente Mariano Rajoy cristalizó una mayoría parlamentaria transversal, periférica y plurinacional que sostiene desde entonces al Gobierno de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados.

Aquel 1 de junio de 2018 no solo supuso un intercambio en el poder. También certificó un nuevo modelo social, territorial y de convivencia que abraza las singularidades regionales y reconoce la pulsión plurinacional y federal de nuestro país. Y, a pesar de las cuitas internas y externas, el bloque progresista y plurinacional ha sobrevivido a dos legislaturas con dos gobiernos de coalición en una época atravesada por la volatilidad y la polarización.

La clave de esa arquitectura política reside en que trasciende las fronteras tradicionales entre izquierda y derecha. Su elemento vertebrador no ha sido tanto una afinidad ideológica plena entre sus integrantes como una coincidencia estratégica: impedir que la derecha gobierne apoyada por la extrema derecha

Esa lógica ha consolidado un espacio político donde los partidos de la periferia territorial han adquirido una capacidad de influencia decisiva en la política estatal, especialmente en Euskadi y Catalunya.

Mientras Sánchez ha asumido esa realidad como el fundamento de su proyecto político, Feijóo continúa enfrentándose a una ecuación mucho más compleja. El líder del Partido Popular ha ganado elecciones y ha ampliado el peso electoral de su formación, pero la suma parlamentaria sigue resultándole insuficiente. Su dependencia de Vox dificulta la construcción de puentes con el Partido Nacionalista Vasco, Coalición Canaria o Junts Per Catalunya que en otros momentos de la democracia facilitaron gobiernos del centroderecha. 

La paradoja es que la fortaleza del presidente del Gobierno no descansa únicamente en el PSOE, sino en su capacidad para gestionar una diversidad territorial que se ha convertido en la pieza central de la legislatura. Catalunya, Euskadi, Galicia o Canarias ya no son actores secundarios en la formación de mayorías, sino protagonistas indispensables de cualquier investidura.

En este contexto, la denominada "prioridad plurinacional" de Sánchez ha acabado definiendo el marco político español. La gobernabilidad depende cada vez más de acuerdos fragmentados con fuerzas territoriales, mientras la estrategia de confrontación entre bloques reduce el margen de maniobra del principal partido de la oposición.

El gallego ha tachado al Ejecutivo de “apestado” o “podrido”, acusando que está “sin Presupuestos” y “sin una mayoría sólida”, además de “sin decencia”. Por todo ello, para el líder de la oposición “el momento exige algo más que abstenerse del problema, hay que trabajar para resolverlo”.

La herencia más duradera de aquella moción de censura es la consolidación de una mayoría parlamentaria que sigue condicionando el reparto del poder en España. Y mientras esa mayoría continúe siendo viable, la llegada de Alberto Núñez Feijóo a La Moncloa se torna inverosímil si su potencial mayoría reside en brazos de Aitor Esteban o Carles Puigdemont

El problema de Feijóo no es que le falten solo cuatro diputados, es que no es capaz de vitaminizar una moción de censura con un programa que fortalezca la convivencia entre ciudadanos”, diagnostica el periodista y analista político, Víctor Guillot en InfoLibre.

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